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Red Internacional
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OPINIÓN. La histórica búsqueda de mano de obra barata

Desde la génesis del sistema capitalista se extiende en el planeta un violento aparato legislativo que atenta contra la clase trabajadora.

Gastón Gurski Estudiante de Cs. de la Comunicación

Kevin Wright

Kevin Wright @kevouv

Domingo 23 de julio de 2017

Imagen: "El mundo prometido a Juanito Laguna", 1962 de Antonio Berni

En tiempos muy remotos -se nos dice-, había, de una parte,
una elite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra,
un tropel de descamisados, haraganes,
que derrochaban cuanto tenían y aún más.
Karl Marx

Las reformas laborales que se vienen imponiendo o se encuentran en forma de proyectos de ley, como los casos de Brasil, Francia y Argentina, entre otros, son un recurso al que apela la clase capitalista desde que tiene el poder, y que atenta contra históricas conquistas de la clase trabajadora. Tales facultades autoasignadas por la clase burguesa del siglo XXI, son un nítido ejemplo de la desigualdad sistematizada y la pobreza estructural que sufre la mayoría de la población mundial en la era capitalista. En el siguiente artículo, intentaremos poner en tela de juicio el histórico accionar legislativo de las clases dominantes en detrimento de las clases oprimidas, para ello recurrimos a los capítulos 24 y 25 del primer tomo de El Capital de Karl Marx.

¿Por qué con el desarrollo actual de las tecnologías y las telecomunicaciones existen más de 200 millones de personas desocupadas? ¿Por qué en el mundo hay ocho personas que poseen la misma riqueza que el 50% más pobre?

“La burguesía necesita y emplea el poder del Estado para´regular´ los salarios, es decir, para sujetarlos dentro de los límites que benefician a la extracción de plusvalía, y para alargar la jornada de trabajo y mantener al mismo obrero en el grado normal de dependencia”, es la explicación que ofrece K. Marx sobre la génesis del sistema capitalista, analizando el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción, en el primer tomo de su clásica obra El Capital. A su vez, asegura que fue necesario la formación de un trabajador libre y privado de medios de existencia para la acumulación de más y más ganancias en pocas manos.

Paradójicamente, lo que Marx escribe por allá en 1867, refleja la situación que vive el mundo en el 2017: la represión policial en Argentina contra los despedidos de PepsiCo, las protestas en Francia por la reforma del código de trabajo, los cambios que introdujeron en Brasil extendiendo la jornada laboral y poniendo trabas a la sindicalización. En un contexto de bajo crecimiento de la economía mundial, abierto el período de crisis en el 2008, el empleo precario alcanza el 42% de la población trabajadora. ¿Por qué los Estados nacionales garantizan esto en vez de combatirlo?

“Siempre que la ley intenta zanjar las diferencias existentes entre los patronos y sus obreros, lo hace siguiendo los consejos de los patronos”, dice una de las principales cabezas de la economía liberal clásica, Adam Smith, en El espíritu de las leyes es la propiedad privada.

La pobreza, como se la conoce actualmente, nace de un proceso histórico que comenzó a fines de la Edad Media y consistió, al principio, en echar a los campesinos de sus tierras para obligarlos a transformarse un sujeto específico: aquel productor directo, sin tierra y sin capital acumulado, lo que denominamos hoy como clase trabajadora. Esto lo observa Marx en “toda la serie de despojos brutales, horrores y vejaciones que lleva aparejados la expropiación violenta del pueblo desde el último tercio del siglo XV hasta fines del siglo XVIII” y agrega: “En el siglo XIX se pierde, como es lógico, hasta el recuerdo de la conexión existente entre la agricultura y los bienes comunales. (...) La metamorfosis, llevada a cabo por la usurpación y el terrorismo más inhumano de la propiedad feudal y del patrimonio del clan, en la moderna propiedad privada”, son los métodos con los que “se abrió paso a la agricultura capitalista, se incorporó el capital a la tierra y se crearon contingentes de proletarios libres y privados de medios de vida que necesitaba la industria de las ciudades”.

La opresión extendida en el tiempo

La clase de los obreros modernos –dice el Manifiesto Comunista-
tan solo puede vivir a condición de hallar trabajo
y tan solo pueden hallar trabajo a condición
de que este acreciente el capital.
Marx y Engels

1349: Eduardo III de Inglaterra promulga el Estatuto de Obreros. En esta legislación se prohíbe, con penas de cárcel, pagar o recibir un salario mayor al máximo establecido.

2017: El Senado brasileño modificó más de 100 puntos de la ley laboral (CLT). Entre las principales reformas se destacan la que atentan contra la lucha colectiva, el aumento de las horas de trabajo (permitiendo incluso la legalidad de las jornadas de 12 horas) y facilita el despido y la flexibilización.

El hecho de que el Estado burgués, con todas sus “trincheras institucionales” (recordando a Gramsci), doblegue la fuerza de las clases desposeídas, es la premisa para el contraataque que las y los trabajadores debemos emprender, tanto en la lucha de los salarios como en el reclamo ante cualquier injusticia producida por los altísimos desequilibrios socio-estructurales gestados por este modo de producción, capitalista.

La lucha de clases es el motor de la historia, esboza un lúcido resumen de Marx y Engels para describir la evolución de la sociedad (motor que nos permite ir hacia sistemas más justos de distribución y utilización de las fuerzas productivas y los recursos naturales). Es necesario organizarse, para resistir los ataques y combatir con coherencia a un enemigo por demás fuerte y poderoso que intenta hundir a las masas en la miseria, por unos pocos dirigentes avaros y filisteos.

1791: Los carpinteros de Filadelfia organizados, en EEUU, se declararon en huelga en por la jornada de diez horas. Recién en 1888, el primero de mayo, los mártires de Chicago iniciaron una gigantesca huelga que conquistó la jornada de ocho horas para las y los obreros.

2017: El Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) en el Frente de Izquierda (FIT) propone la reducción de la jornada laboral a 6 horas para combatir el desempleo y la pauperización de la vida, en el contexto de las elecciones legislativas en Argentina.