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Mundo Obrero. La huelga aceitera y las “posiciones estratégicas” de la clase obrera (I)

La huelga general aceitera duró 25 días y logró romper el techo salarial. Los trabajadores aprovecharon sus "posiciones" para paralizar el complejo oleaginoso más grande de Latinoamérica y uno de los centros capitalistas de nuestro país. ¿Cómo tomar esa experiencia para pensar los futuros combates de la clase obrera y la izquierda?

Lucho Aguilar

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2

Roberto Amador

Roberto Amador Obrero de Madygraf y docente de escuela secundaria

Viernes 5 de junio de 2015

“Todas las ruedas se detienen, si así lo quiere tu brazo vigoroso” (canción de los obreros alemanes)

Cuando iban 16 días de huelga aceitera, la Bolsa de Comercio de Rosario publicó una quejosa solicitada: “el prolongado conflicto que enfrenta a los trabajadores aceiteros con las empresas industriales y exportadoras ha escalado de tal forma que los perjuicios ocasionados ya trascienden a las partes en pugna. La disputa está fuera de control y ha derivado en la imposibilidad de concretar entregas de granos, generando enormes problemas logísticos; en la nula operatoria comercial de los mercados de concentración de negocios; en las cuantiosas pérdidas económicas por incumplimientos de compromisos de embarques; en la paralización de exportaciones de granos y derivados, con inmediatos efectos en la menor entrada de divisas al país y caída de los ingresos fiscales”.

Desesperada por los dólares que parecían esfumarse cada minuto, la patria sojero-financiera apelaba entonces “a las autoridades oficiales, a no permanecer indiferentes frente a situaciones en que los reclamos llegan a comportamientos desmedidos que afectan los derechos generales y la seguridad de personas y bienes”.

El mensaje patronal es elocuente. Refleja en cada verbo la dimensión de un conflicto que, aunque comenzó por reclamos salariales y sectoriales de los trabajadores aceiteros, terminó involucrando a varios actores políticos, una decena de gremios y al mayor complejo oleaginoso del país.

Posiciones estratégicas

Para tener dimensión de la huelga general aceitera sirve tomar algunos conceptos de John Womack, un investigador norteamericano de historia obrera.

Womack, aunque subestimando las fuerzas políticas y morales que se ponen en juego en una lucha, profundiza otros aspectos interesantes: ¿cuáles son los factores que influyen para que un grupo de trabajadores cierren una fábrica, desactiven una industria, o paralicen la vida económica de un país?

Posiciones estratégicas - dice Womack - son cualesquiera que les permitan a algunos obreros detener la producción de muchos otros, ya sea dentro de una compañía o en toda la economía (1)

Entonces busca descifrar cómo se constituye el poder de determinados sectores de trabajadores. Y asegura que “a diferencia de otras, la del trabajo es fuerza no sólo en el sentido positivo, sino también en sentido negativo, por lo que quita o resta a la producción cuando deja de operar, que es muchísimo en el caso de las posiciones industrial y técnicamente estratégicas".

Ese poder “de daño”, del que tomaron conciencia durante estos años, es lo que pusieron en juego los trabajadores aceiteros. Y es lo que han padecido las cámaras patronales y la Bolsa de Comercio.

Los socialistas que consideramos a la lucha de clases el motor de la historia,
también hemos atendido la cuestión: ¿cuáles son los sectores y “posiciones estratégicas”? ¿Cómo construir dentro de ellas organizaciones clasistas, de izquierda? ¿Cómo utilizarlas para potenciar las fuerzas obreras y vencer a los capitalistas?

Un centro neurálgico del capitalismo

El diario La Nación, una tribuna de doctrina de la patria sojero-financiera, entregó semana a semana el “parte de guerra” del conflicto. “Por el paro de los aceiteros hay 40 plantas paralizadas y unos 30 barcos que no pueden cargar, una situación que para las cerealeras representa un gasto diario cercano a los US$ 20.000 por barco”. Al final del conflicto, eran 150 los barcos varados, y "las pérdidas totales computadas ascienden a 185,5 millones de dólares” (Bolsa de Comercio).

Los números revelan que estamos ante un sector clave en la economía nacional. El complejo oleaginoso es el principal complejo exportador de nuestro país (28% del total de las exportaciones), por encima de la cadena automotriz y petroquímica.

La concentración del sector implica que:

-70 % de la producción de aceite crudo de soja es para exportación.

-96 % del volumen exportado lo explican 10 empresas (Cargill, Noble Grain, ADM, Bunge, etc).

-70 % del negocio está en manos de empresas transnacionales.

Los datos se hacen más impactantes si tomamos en cuenta el punto nodal del conflicto, la zona del Gran Rosario y la Hidrovía. Según estudios, “en el Río Paraná se concentra el 80 % de la exportación agrícola local, el mayor tráfico siderúrgico y reúne todo el movimiento de cargas generales, fluviales y de contenedores, que tienen como puerto de origen y destino Buenos Aires. El Polo Rosario-San Lorenzo-San Martín abarca 20 puertos privados. Es la principal salida de exportación de granos en líneas marítimas transnacionales. Está el clúster más grande del mundo de procesamiento de granos, harina, aceites y biodiesel” (2).

No quedan dudas: estamos hablando de uno de los centros neurálgicos del capitalismo “argentino”, como lo es la zona industrial que bordea la Autopista Panamericana

Los datos, además, desmienten el "progresismo económico” del kirchnerismo (y también del "socialismo" santafesino). La agroindustria y los empresarios del campo han sido los sectores que más crecieron en la última década. Y dentro de ellos, aumentó fuertemente el peso de las multinacionales extranjeras.

Fuerza obrera

El impactante desarrollo de la industria aceitera y sus modernos “engranajes” también fueron creando el “fantasma” que recorrió estas semanas las plantas y puertos santafesinos.

Se trata de un sector de gran tecnificación y alta productividad. Pero además, de gran concentración. En la zona geográfica que incluye el Departamento de Rosario y el cordón industrial de San Lorenzo, cercanos a los centros de embarque y con puertos propios que facilitan la logística y el transporte, se concentran muchas de las grandes plantas. Esa situación permite la interacción permanente entre miles de trabajadores. Llegado el momento de conflicto, también facilita la organización y aumenta la eficacia de las medidas de fuerza.

La huelga que paralizó el polo agroexportador más grande de América Latina fue conducida por la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina (FTCIOD y ARA). La Federación tiene 20.000 afiliados en todo el país.

Son esos hombres los que manejan “las palancas” de las modernas plantas del complejo. Se encargan del mantenimiento y limpieza de esas plantas; de la producción en sus distintas etapas (refinería, biodiesel, molienda, etc); del despacho, almacenaje y depósito de la producción; y buena parte de las tareas de cargas y transporte a puerto, etapa final del proceso.

Desde la llegada del grano a la salida de los productos, los aceiteros tienen en sus manos el control del “oro verde” y sus derivados, el tesoro más apreciado.

Su organización incluye a los desmotadores de algodón, que trabajan sobre todo en las provincias del interior, y comienzan su paritaria en las próximas semanas.

Fuerza obrera II

La fuerza obrera que se puso en movimiento estas semanas no se construyó de un día para el otro.

Los 90, recuerdan los activistas, fueron los años más duros. La estrategia de los empresarios del complejo siempre apuntó a atacar y desorganizar a los trabajadores. En las plantas sólo el 10% estaba bajo el convenio aceitero y los activistas tenían que reunirse clandestinamente para poder “sobrevivir”.

En el 2004, cuando en otros lugares del país comenzaba a surgir el “sindicalismo de base”, los aceiteros también se sentían fuertes para recuperar conquistas. Se consiguió el primer aumento importante y empezaban las peleas por los contratistas.

Cuenta Daniel Yofra, actual secretario general de la Federación: “en 2006 los contratistas fueron los primeros que pegaron el salto. Un día cortamos todos los accesos y paramos la producción; a la tarde teníamos arreglado que todos los compañeros de carga y descarga pasaban a aceiteros y de cobrar 800 a 2100 pesos. En 2008 éramos todos aceiteros y empezamos a pasar a todos los contratistas a planta. Fue el disparador de todo lo que vino después” (1).

La existencia de contratistas y tercerizadas todavía existe en algunas plantas y sectores. Además de aumentar la explotación, el objetivo patronal es la desorganización de la fuerza obrera, minando la afiliación a las organizaciones que representan los aceiteros.

El temor patronal tiene sus fundamentos. En 2013, el grupo que había protagonizado los conflictos de la última década, que venía trabajando con el abogado laboralista Horacio Zamboni, se propuso recuperar la Federación de manos de la vieja conducción. No fue tarea sencilla. En el Congreso que se realizó en Necoechea los recibieron con una patota y a los tiros. Pero los sectores combativos, se habían preparado: 400 trabajadores habían viajado desde Rosario. Así pudieron asumir la conducción de su organización gremial y se proponían transformarla.

Hoy la Federación reúne a 22 sindicatos regionales. La excepción es el Sindicato Aceitero de San Lorenzo. Tiene una explicación: su jefe, Pablo Reguera, está alineado con Antonio Caló y el gobierno nacional. No sólo ha carnereado las huelgas aceiteras. Su principal asesor es el abogado Pedro Alberto Rodríguez, integrante del PJ local, condenado a 8 años de prisión por delitos de lesa humanidad durante la dictadura. Entre ellos, la persecución de militantes y delegados desaparecidos.

Una de las máximas instancias de la Federación es el Plenario General de Delegados. Fue ese organismos el que votó, el 22 de febrero pasado, un pedido de aumento salarial de 42% que elevaría el salario mínimo de convenio en $14.900.

Era el preludio de la huelga.

Ver también: La huelga aceitera y las “posiciones estratégicas” de la clase obrera (II)


Fuentes

(1) Womack, John. Posición estratégica y fuerza obrera. Hacia una nueva historia de los movimientos obreros
(2) Baldo, Alberto; Boye, Cecilia; Lassa, Verónica. "Hacia una Agencia Nacional de Comercialización: aportes y desafíos". La revista del CCC


Lucho Aguilar

Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.

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