Reproducimos un artículo publicado en el diario Revolution Permanente, impulsado por la Corriente Comunista Revolucionaria grupo de la Fracción Trotskista, sobre el llamado del NPA hacia las próximas elecciones europeas.
Miércoles 17 de abril de 2019 13:48
Los militantes de la Corriente Comunista Revolucionaria (CCR) que impulsan el diario digital Révolution Permanente en Francia, forman parte del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) reconocido por las candidaturas de Olivier Besancenot y de Philippe Poutou para las elecciones presidenciales. En las elecciones europeas del próximo 26 de mayo, el NPA no consiguió recaudar los fondos necesarios para presentar su candidatura. Por lo tanto, junto con otros del NPA, apoyamos el llamado a que se vote por los candidatos de la Lutte Ouvrière. En este artículo, explicamos por qué.
Cuando el movimiento de los chalecos amarillos golpea a la elecciones europeas.
Desde el 17 de noviembre de 2018, el movimiento de los Chalecos Amarillos trastornó la situación en el país. En primer lugar, volvió a situar la cuestión social en el centro del debate político. Basta pensar en los medios de comunicación saturados de debates sobre inmigración, seguridad y terrorismo para darse cuenta de que el movimiento ha vuelto a poner en primer plano las cuestiones sociales: la injusticia fiscal, el elevado costo de la vida, los salarios y las jubilaciones demasiado bajas. Ya a finales de noviembre, la explosión espontánea se extendió a un movimiento profundo, amplió sus demandas y cuestionó la naturaleza antidemocrática de las instituciones. El movimiento llevó a un amplio cuestionamiento del propio Estado, del Presidente, su personal político y sus fuerzas represivas. Mejor aún, por su radicalidad, sus métodos de lucha y sus aspiraciones, marcó para la clase dominante un cierto "retorno del espectro de la revolución".
Después de una primer retroceso parcial el 10 de diciembre, el gobierno maniobró enormemente para desacreditar al movimiento. Hay un nivel excepcional de represión, que causó la muerte de una persona y la mutilación por heridas graves de cientos de personas. A pesar de todo, el movimiento de los chalecos amarillos se mantiene después de 22 actos y demuestra la profundidad de la ira de un segmento significativo de la sociedad, a pesar del relativo impasse estratégico al que se enfrenta el movimiento.
El "Gran Debate" representa un intento más del gobierno para desviar las demandas que surgieron en los últimos meses. Movilizando un sector minoritario de la sociedad (más rico, más viejo y urbano que los chalecos amarillos, menos numerosos de lo que se dice...) y haciéndole decir más o menos lo que quiere (ninguna pregunta alrededor del ISF [Impuesto Sobre la Fortuna], la transformación de la demanda de "justicia fiscal" en una demanda generalizada de "menos impuestos"...), este "Gran Humo" tiene otra utilidad para Macron. Además de intentar salir del movimiento de los chalecos amarillos lo menos impactado posible, Macron también ve el "Gran Debate" como una base de lanzamiento para su campaña para las elecciones europeas (con 12 millones de euros de dinero público gastados), la primera prueba electoral de su mandato.
La falsa alternativa Macron versus Le Pen y el impasse de la "izquierda".
Es paradójico que a pesar de la impopularidad de Macron y de la crisis de su gobierno, la lista de La République en Marche [LREM – Macron] esté en lo más alto de las encuestas, seguida de cerca por la ultraderechista Rassemblement National [Ex-Frente Nacional de Marine Le Pen]. Muestra una fuerte brecha entre el clima social que prevaleció en el país durante los últimos cinco meses y su expresión política y electoral.
Mientras que las demandas y preocupaciones expresadas en Francia en los últimos meses se refieren a cuestiones sociales, el debate se centra casi exclusivamente en la cuestión de si se debe o no romper con la Unión Europea y en la inmigración.
La pregunta se hace de forma binaria: “¿A favor o en contra de Europa?” “¿A favor o en contra de la acogida de los migrantes?”. En Francia, Macron apuesta por repetir el escenario de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, una polarización entre el Rassemblement National (los "nacionalistas") y La République en Marche (los "progresistas" según él).
La "izquierda" también tiene su parte de responsabilidad. Más allá de la formidable fragmentación de las listas de la "izquierda" (y sin entrar en la cuestión de si todavía existe o no una "izquierda" en listas como las de "Place Publique/PS" [Partido Socialista] o "Europe Ecologie Les Verts"), todas estas listas se han adaptado de una manera u otra a esta polarización. De Génération (ex miembros del PS) al PCF pasando por France Insoumise (de Mélenchon), ninguno de ellos ha intentado representar un tercer polo, una alternativa entre las opciones reaccionarias propuestas.
El caso de France Insoumise (LFI) merece ser examinado: en las elecciones presidenciales de 2017, Jean-Luc Mélenchon representó una esperanza para casi el 20% de los votantes en la primera vuelta, especialmente en los jóvenes y las clases populares. Tras la elección de Macron, había ascendido al rango de primer opositor al programa liberal del gobierno, reivindicando las diversas movilizaciones, etc..... Pero es una oposición que se mantiene en el marco de las instituciones, al servicio de una estrategia electoral para 2022. Con respecto a Europa, las concesiones de LFI al nacionalismo a través del llamado "soberanismo de izquierda" le impiden tener una posición clara.
Después de haber apoyado en Grecia a Syriza en 2015, que demostró la impotencia del reformismo para enfrentar al capitalismo y a las instituciones europeas, Mélenchon explicó que le había faltado un "plan B", al griego Tsipras, de salida de la zona Euro. Hoy, por razones electorales, LFI está tratando de jugar sobre los dos planos: por un lado, articulando un plan A para la renegociación de la UE; por otro lado, con un hipotético plan B (menos presentado hoy en día) para una salida de la Unión.
La necesidad de una expresión de los trabajadores, internacionalista y revolucionaria.
En este contexto, es difícil ver una alternativa a la polarización, una tercera vía que se ubique desde los intereses de las clases populares, ofreciendo una alternativa política y revolucionaria a las cuestiones y aspiraciones que plantean los chalecos amarillos en el país. A las aspiraciones de cambiar el sistema, se oponen propuestas para reformarlo. A la radicalidad de la ira que ha estallado, nos oponen las propuestas de compromiso con aquellos que nos explotan. Cuando vuelve el espectro de la revolución, nos proponen cambios marginales en el régimen.
Sin embargo esta tercera vía existe, es la de la unidad de la clase obrera de todos los países de Europa, contra la "Europa del Capital". Los capitalistas de cada país europeo siguen compitiendo entre sí, a la vez que tratan de aliarse puntualmente para tratar de ubicarse en pie de igualdad con las grandes potencias como Estados Unidos, China o Rusia. Contrariamente a lo que los capitalistas quieren hacer creer, que mantienen el mito del "plomero polaco que viene a robar el trabajo a los franceses", sólo las clases trabajadoras de los diferentes países, que tienen intereses comunes, pueden lograr la unidad de los pueblos europeos. También son los únicos que pueden acabar con el capitalismo, para organizar la producción según las necesidades humanas y ecológicas, y no según los beneficios de una minoría.
Este punto de vista se opone radicalmente a todos aquellos que en estas elecciones plantean la cuestión de la inmigración como un problema, ya sea que se presente de manera reaccionaria, llegando a asimilarla más o menos al terrorismo, o bajo el pretexto de abordar las "causas" de la inmigración (proponiendo así más inversiones del imperialismo francés en África, por ejemplo). Si son nuestros hermanos y hermanas de clase, si tenemos intereses y enemigos comunes, entonces es la total libertad de circulación y instalación lo que debemos exigir, sin distinción alguna entre "refugiados" y "migrantes económicos".
El fracaso de una lista común de la extrema izquierda.
Estas ideas, desafortunadamente, sólo la extrema izquierda las defiende, con diferentes matices, utilizando las elecciones como tribunas. Los dos principales partidos de esta tradición en Francia, Lutte Ouvrière y el NPA, a veces han unido sus fuerzas para hacerse oír más. Este fue el caso en las elecciones europeas de 1999, donde la alianza entre LO y la LCR (Liga Comunista Revolucionaria, organización previa al NPA) obtuvo más del 5% y envió diputados trotskistas al Parlamento Europeo por primera vez. En el caso específico de las elecciones europeas, el altísimo costo para presentarse (alrededor de 1,5 millones de euros) es un obstáculo antidemocrático adicional para las pequeñas organizaciones, financiadas exclusivamente por las contribuciones de sus militantes. Razón de más para unir fuerzas dentro de la extrema izquierda.
Después de que la izquierda del NPA (incluyendo a los militantes de Révolution Permanente) logró imponer la búsqueda de un acuerdo con Lutte Ouvrière, la dirección de esta última no quiso que se elabore una lista común. Como resultado, el NPA no logró esta vez alcanzar el nivel financiero necesario para presentarse solo. Lutte Ouvrière, por su parte, está presente, pero sigue excluida de los dos debates televisados, bajo el pretexto de la "libertad de prensa".
Votar por Lutte Ouvrière y organízarse para acabar con Macron y su mundo.
A pesar de esto, y aunque para los revolucionarios la participación en las elecciones no es el tema crucial para un cambio radical en la sociedad, creemos que la boletin de voto que nuestros lectores elegirán el 26 de mayo para expresar su ira no es un tema insignificante.
El descontento social que hoy estalla a través del movimiento de los chalecos amarillos se expreso, durante años, por la abstención o, peor aún, por el voto al Frente Nacional (ahora Rassemblement National), es decir, al peor enemigo de los trabajadores.
En un momento en que el movimiento de los chalecos amarillos está cuestionando las instituciones de la Quinta República, hablando de revolución o evitando caer en la trampa del debate migratorio, sería necesario que este enojo se apoderara de un proyecto revolucionario e internacionalista para defender los intereses de los explotados.
Más allá de los algunos desacuerdos que tenemos, a los que volveremos en otros artículos, la lista dirigida por Nathalie Arthaud [LO] reivindica un claro internacionalismo, libertad de circulación e instalación, la posibilidad de que la clase obrera se organice y luche contra los capitalistas en una perspectiva revolucionaria. Contra el sectarismo, que consistiría en erigir nuestras diferencias, incluso significativas, como una barrera, luchamos por la unidad de los partidos que dicen ser parte de la revolución, para expresar nuestras ideas ampliamente siempre que sea posible. En el contexto en el que el NPA no pudo presentarse, decimos alto y claro: "Trabajadores, el 26 de mayo, es por Lutte Ouvrière que debemos votar!"