En las últimas semanas México, Francia y Hong Kong estuvieron en el centro de las movilizaciones juveniles de todo el mundo. Desde el estallido de la crisis capitalista en 2008, la juventud viene siendo un actor social y político con protagonismo propio entre aquellos que salen a enfrentar sus consecuencias. Es uno de los sectores donde más golpean las políticas de precarización laboral, las consecuencias de los ajustes, la desocupación y la pobreza. Con distintos alcances y límites podríamos tomar estas últimas movilizaciones como una nueva oleada luego de las masivas demostraciones que habían tenido fuerte presencia juvenil: los jóvenes de la plaza Tahrir, los indignados del Estado Español, Ocuppy Wall Street, el movimiento de la juventud anti-facscista en Grecia y las enormes movilizaciones en las calles de Brasil a principios de este año. Incluso fue la juventud negra de las barriadas de Misouri la que enfrentó a la policía militarizada luego del asesinato de Michael Brown en los Estados Unidos.

Leo Améndola TW/IG: @aladelos
Martes 25 de noviembre de 2014
Mexico. Los estudiantes encendieron la mecha.
Sin lugar a dudas, la desaparición de los 43 normalistas en Ayotzinapa se ha transformado en un problema estatal y geopolítico de magnitud no solamente para el gobierno mexicano sino para los Estados Unidos con quien comparte miles de kilometros de frontera. La desaparición de los jóvenes detonó profundo en el sentimiento de hartazgo de vastos sectores de la población que adoptaron el grito de #YaMeCanse para expresar su rechazo profundo al régimen. El grito que pide por la aparición de los normalistas “Vivos se los llevaron. Vivos los queremos” se fue mezclando poco a poco con la denuncia a los responsables políticos de las desapariciones: “Fuera Peña Nieto” y una fogata incendiada con su figura en el centro del Zócalo, en una movilización de centenares de miles de personas, fue una muestra de que es el conjunto del régimen político y su descomposición el que aparece en el centro del cuestionamiento.
El ataque a los jóvenes normalistas que se estaban movilizando para recaudar fondos ante la conmemoración de la masacre de Tlatelolco terminó abriendo una grieta de difícil solución para el gobierno por lo que el factor estudiantil/juvenil en las movilizaciones, con demostraciones importantísimas como las asambleas masivas en la UNAM, empieza a empalmar con el conjunto de sectores que se han puesto en movimiento: maestros, padres, oficinista, campesinos y sectores medios.
Francia. Nos tienen miedo porque no tenemos miedo
El miedo parece estar empujando algunas decisiones del gobierno Francés.
El asesinato en el sur del país del joven Remmi Freise, militante ambientalista que protestaba contra la instalación de una represa detonó una serie de movilizaciones, demostraciones y protestas que recibieron una respuesta contundente del gobierno: prohibición de las movilizaciones, represión abierta, 21 detenciones y 16 procesados. Algunas Universidades incluso fueron cerradas para evitar la confluencia de los estudiantes y disipar las tendencias a la organización. La política de Hollande frente al incipiente pero decidido movimiento de los estudiantes secundarios que habían comenzado una serie de ocupaciones de institutos ha pasado de la esfera educativa y ahora se está haciendo cargo del tema la misma policía dando via libre a la abierta militarización de los distritos populares del “Gran París”. La policía montada transitando las calles de Saint-Denis son una imagen cruda de la decision firme del gobierno de enfrentar la movilización juvenil con mano dura intentando evitar un posible “efecto contagio”. Quienes recuerdan las movilizaciones del 2006 y la radicalidad de las protestas en la Banlieu Parisina donde se prendían fuego los móviles policiales poniendo en vilo el “orden” en Paris darán cuenta de la preocupacion del gobierno por contener el reclamo.
Hong Kong ¿Se cierran los paraguas?
Luego de casi 8 semanas de protestas, los paraguas parecen estar cerrándose en las calles de Hong Kong. Después de los primeros momentos donde miles de manifestantes coparon las calles con sus paraguas abiertos, resistiendo los intentos de dispersión por parte de la policía y generando un impacto en el centro del gigante asiático, parece que las movilizaciones están entrando en un cierto reflujo. La estrategia de ocupar las calles empieza a mostrar sus límites y ahora son unos cuantos acampantes los que han quedado en el centro de la ciudad. La estrategia del gobierno fue jugar al desgaste, sabiendo que, aunque habia objetivos comunes que le daban vida al movimiento, no estaba clara cual era la política de los jóvenes de los paraguas para conquistar sus demandas. En los últimos días el nivel de desaprobación de las movilizaciones y ocupaciones llegaba al 70% de la población de Hong Kong.
De la acción a las conclusiones políticas
Todavía con muchos límites, tanto en los objetivos que se proponen como en los medios para obtenerlos, las manifestaciones de distintos sectores de la juventud siguen expresando de manera distorsionada y no lineal, una respuesta -todavía elemental- a las consecuencias de la crisis capitalista de los últimos 6 años. Por la propia dinámica de la crisis y los límites al desarrollo de sus rasgos más catastróficos, las respuestas son todavía acotadas pero marcan una tendencia al cuestionamiento de distintos aspectos del régimen y gobiernos. La oleada anterior de movilizaciones -de mayor intensidad e impacto politico global-, donde la juventud habia sido un componente esencial tuvieron rumbos diversos aunque en todos los casos se caracterizaron por el objetivo “negativo” de sus reclamos. Por el momento los fenómenos juveniles están haciendo una experiencia política en una situación donde el movimiento obrero todavía no aparece al frente de los reclamos y demandas de sectores sociales más amplios.
El lema de los indignados contra la casta política y contra la monarquía, que fue canalizado por PODEMOS como fenómeno político en el Estado Español, es una muestra de que todavía las experiencias políticas y de lucha que la juventud está haciendo alrededor del mundo tienen un largo camino por transitar en lo que hace a la lucha de estrategias. En un sentido, las respuestas de sectores de la juventud muestran que se encuentra políticamente mucho más retrasadas de lo que expresan sus tendencias a la movilización, la coordinación, el enfrentamiento con la policía, etc.
En Argentina donde no hemos asistido a movilizaciones masivas, el descontento que atraviesa a los jóvenes y trabajadores se viene expresando de manera mucho más paciente, pero con más fuerza política y claridad respecto de cuáles son las alternativas para superar los problemas planteados en la situacion “por izquierda”. El hecho de que los sectores que rompen con el gobierno encuentren a una izquierda revolucionaria expresada en el PTS y el FIT con unos cuantos puntos de apoyo en lugares de trabajo y estudio, con diputados y con presencia nacional hace mucho más sencilla la tarea de plantear una via de organización a una juventud que, aunque todavía no es actor de grandes demostraciones de fuerza, si viene haciendo una experiencia sostenida junto a los principales conflictos obreros que se dieron en el último tiempo. El fortalecimiento objetivo y subjetivo del movimiento obrero, y de una izquierda que es parte fundamental de ese desarrollo, tiene que estar considerado dentro del “capital” con el que cuenta la juventud obrera y estudiantil para conquistar sus demandas, y más en general, para proponerse construir una fuerza revolucionaria con chances de jugar un rol central en momentos de mayor crisis.
Parte de los problemas planteados para una nueva generacion de jóvenes de todo el mundo parece una obviedad, pero no lo es. El problema de la revolución como salida a los grandes problemas que la crisis capitalista pone en cuestión, tiene que volver al centro de los debates de los movimientos y organizaciones juveniles a lo largo y ancho del mundo.

Leo Améndola
Trabaja en el MTEySS y es delegado de ATE-Trabajo. Miembro de Izquierda Diario y militante del PTS