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"La lucha contra Bolsonaro y la extrema derecha plantea un debate de estrategias en el movimiento de mujeres"

Diana Assunção

"La lucha contra Bolsonaro y la extrema derecha plantea un debate de estrategias en el movimiento de mujeres"

Diana Assunção

Ideas de Izquierda

Ponencia presentada en la mesa "Estrategias a debate en un mundo en crisis" en la IV Conferencia Internacional Marxista Feminista.

Bueno, yo hablo desde un país continental que hoy está gobernado por una de las figuras más grotescas de la política internacional: Jair Bolsonaro, fan de Trump, que quiere entregar el Amazonas y dijo que la pandemia que se cobró más de 600 mil vidas en Brasil era una “gripezinha”. Pero además de eso hay un Parlamento y un poder judicial que actúan para garantizar, junto al gobierno, todos los ataques a los trabajadores, afectando en especial a las mujeres y la población negra. Son más de 20 millones de personas con hambre en Brasil y un nivel de desempleo bastante alto, son un 14% de desempleados y otros 28% en trabajo informal, precario, todos números que alcanza frontalmente a las mujeres negras.

Esa situación de las mujeres negras en Brasil la abordamos en nuestro reciente libro “Mujeres negras y marxismo” editado por mis compañeras Leticia Parks, Carolina Cacau y Odete Assis. La situación que vemos cotidianamente con la brutal desigualdad salarial entre negras y blancos, que significa que las mujeres negras reciben 60% a menos que los hombres blancos, pero también la precarización del trabajo que tiene rostro de mujer negra en Brasil y la condición de trabajo de las empleadas domésticas. Estas tienen como un símbolo de su situación a la trabajadora Mirtes que mientras trabajaba durante la pandemia tuvo que pasear con el perro de su patrona dejando su hijo de 5 años con ella, y el niño, sin ningún cuidado, cayo del edificio y murió instantáneamente.

Un chocante retrato de la relación entre capitalismo, patriarcado y racismo en el Brasil de Bolsonaro, donde la frontera entre las mujeres trabajadoras y las burguesas queda marcada con sangre. En ese libro presentamos esa frontal denuncia pero también buscamos una lucha unitaria del movimiento de mujeres, del movimiento antirracista y del movimiento obrero con una estrategia marxista revolucionaria para enfrentar el patriarcado, el racismo y el capitalismo.

Eso es importante para pensar el debate que varias feministas marxistas plantean en esta Conferencia, y también hay que pensar qué estrategia tener ante la extrema derecha. Eso es todo un tema. Porque en realidad lo que vimos ante los Trump, Bolsonaro, Vox y tantos otros representantes de la extrema derecha es la permanente búsqueda de justificaciones que abonan un fortalecimiento del “mal menor”. Como si bastara no apoyar a Bolsonaro para construir una alianza que verdaderamente pueda derrotarlo. Es importante tomar el ejemplo brasileiro como una expresión de que esa lógica no solamente es un error, porque de “mal menor en mal menor” se construye el camino hacia el “mal mayor”, sino que también es una encrucijada para el movimiento de mujeres y para el feminismo anticapitalista. Muchas veces este termina separando las concepciones teóricas que se sostienen sobre el movimiento de mujeres de las posiciones políticas concretas.

Pensemos una cosa: en los últimos anos, como parte del movimiento internacional de mujeres en Brasil vimos lo que se conoció como la Primavera Feminista, y esta lucha parecía avanzar. ¿Como se explica que en ese mismo momento entró Bolsonaro al poder? Mas allá de otros análisis político, en mi opinión podemos decir que Bolsonaro y toda su base más dura son una reacción al movimiento de mujeres internacional. ¿Por qué una reacción? Porque ese movimiento de mujeres, aunque sin enfrentar las estructuras del estado capitalista, cuestionó fuertemente los valores y costumbres del patriarcado en Brasil. Eso, obviamente fue absorbido también por corporaciones mediáticas y de empresas que querían desviar nuestra lucha. Pero el tema es que la idea de “mi cuerpo mi decisión” o el lenguaje inclusivo aparecieron como una afrenta a los que defendían la “familia tradicional brasileira” y una sociedad donde Dios está por encima de todo, como dice Bolsonaro.

Esa corriente de extrema derecha, además de los duros ajustes que estaba por llevar adelante, también militaba contra todas las posibilidades de avance en la lucha de las mujeres: dicen que las docentes en Brasil quieren adoctrinar a los chicos para que sean todos transexuales, que el aborto es una afrenta a Dios y que una chica de 10 años violada por su padre tenía que tener el hijo aunque no sobreviviera al parto. Y el ejemplo más aterrador fue el asesinato de Marielle, concejal negra y lesbiana de izquierda, cuyos asesinos siguen impunes, y por eso acá seguimos fuerte en nuestra lucha por Justicia a Marielle.. Todo eso fue parte de esa reacción. El tema es: ¿cómo contestó el movimiento de mujeres a esa ofensiva de la extrema -derecha? Bueno, se trata de un fuerte debate de estrategias extremamente actual.

Para contestar a eso desde una posicion revolucionaria en el movimiento de mujeres me parece fundamental tomar la experiencia brasileira con Bolsonaro como un “laboratorio” de la lucha contra la extrema derecha, que ahora vemos crecer en Argentina con el amigo de Bolsonaro, Milei. Para empezar, es necesario profundizar en aquella idea anterior de que “de mal menor en mal menor se construye el mal mayor”.

¿Que podemos decir sobre eso desde Brasil? Bueno, nosotras acá luchamos fuertemente contra el impeachment de Dilma Roussef del PT, contra la prisión arbitraria de Lula y todo el avance de la derecha. Pero lo hicimos de forma independente del PT, sin apoyar sus posiciones políticas, justamente porque los gobiernos del PT fortalecieron el agronegocio, el poder judicial, las fuerzas armadas incluso en Haití y fortalecieron la bancada evangélica de diputados. Estas fuerzas fueron simplemente la base política que impulsó el impeachment que, al final, abrió espacio a Bolsonaro. Un ejemplo emblemático: en nombre de gobernabilidad el PT hizo una carta al pueblo de Dios garantizando que en su gobierno no sería legalizado el aborto y terminó así fortaleciendo a la bancada evangélica. Las feministas del PT, y otras, decían que se trataba de un retroceso táctico. Bueno, habría que explicar ahora cómo el retroceso táctico y ese “mal menor” terminó fortaleciendo las fuerzas reaccionarias que llevaron al triunfo de Bolsonaro.

Ahora, con Bolsonaro en el poder ya hace 3 años, gran parte del movimiento de mujeres con toda su heterogeneidad entró en una encrucijada, en gran parte volviendo a la idea del mal menor apostando no por la lucha de las mujeres al lado de la clase obrera sino por una salida meramente institucional y electoral.

Pero estamos ante una crisis muy profunda, donde la combinación de la crisis económica y de la existencia de una corriente de extrema derecha de masas no plantea las mismas condiciones de los gobiernos anteriores del PT para gobernar, lo que queda claro con la búsqueda del PT por alianzas con las figuras más emblemáticas de la derecha tradicional en Brasil, dejando también claro que nuestros derechos van volver a ser negociados por gobernabilidad. Por eso, la conclusión que la experiencia brasileira puede aportar al movimiento de mujeres internacional es de la necesidad de que el enfrentamiento a la extrema derecha no haga revivir los nuevos y viejos reformismos que en realidad no cambian absolutamente nada de la estructura capitalista. Al revés, terminan por administrar el capitalismo sin derrotar las fuerzas reaccionarias que, más tarde o más temprano, logran asumir el poder. Por eso, para las feministas que se reivindican marxista no puede haber una separación entre ser feminista marxista en los análisis sobre los temas de las mujeres y después ser “malmenorista” en la política.

En último lugar, como parte de los debates de esta Conferencia de Marxismo Feminista quería abordar uno de los conceptos teóricos que me parecen importante de también, de alguna manera, vincular a esa discusión. La interseccionalidad es un concepto que está siendo muy debatido, algo que parte de una necesidad real de confrontar ese feminismo burgués blanco y europeo, y por otro de la intención de incluir a las camadas más oprimidas de las mujeres en su feminismo. Pero para el feminismo interseccional, aunque haya matices en su apropiación, el hecho de concebir la clase como ’una opresión más’ o como una “sumatoria de opresiones”, como otro entroncamiento o intersección, hace con que se eclipse o se borre la frontera de clase que debería separar la política y el programa de las trabajadoras de las patronas y burguesas.

Las consecuencias en la política son muchas ya que esta perspectiva abre paso a la conciliación de clase. Muchas feministas que se referencian con la interseccionalidad terminaron por ejemplo en Estados Unidos contra Trump apoyando a Obama y después a Biden-Harris, gobiernos que, como sabemos siguieron bombardeando en Medio Oriente. Este es un ejemplo de las consecuencias de la separación entre “feminismo marxista” y la “política real”, pero también de que algunos conceptos que se presentan como marxistas en realidad terminan por construir posiciones funcionales a variantes políticas con una estrategia que no corresponde a una lucha real por la emancipación de las mujeres y mucho menos por la revolución obrera y socialista. Por eso, es importante tomar nota de las consecuencias en la práctica de los conceptos teóricos y eso nos lleva, por tanto, al debate de estrategias.

¿Cual seria entonces la estrategia? Me parece importante hacer hincapié en la necesidad de construir un feminismo marxista que sea coherente en la política defendiendo la independencia de clases - o sea, no subordinado a ninguna variante patronal o burguesa -, que defienda un programa para que sean los capitalistas que paguen por la crisis y no un programa “antineoliberal” en general. Y que batalle por unificar las demandas del movimiento de mujeres con las demandas de la clase obrera en los sindicatos y de conjunto en un frente único obrero, o sea, por la unidad de toda la clase trabajadora exigiendo a las direcciones burocráticas que se movilicen para defender nuestras demandas y luchar contra los ataques.

Esa batalla debe estar vinculada a potenciar cada lucha por cada derecho más elemental de las mujeres y negras hacia una lucha anticapitalista y revolucionaria. Nosotras desde Pan y Rosas venimos buscando unir esos conceptos teóricos y políticos a una práctica orgánica en el movimiento obrero y en la juventud, buscando actuar en las luchas obreras de mujeres o donde las mujeres estuvieron en la vanguardia, como las huelgas de trabajadoras tercerizadas que retratamos en el libro “La precarización tiene rostro de mujer”.

Eso, de cualquier manera, no alcanza, porque necesitamos más que una agrupación de mujeres. Para llevar adelante la tarea de la emancipación de las mujeres desde la perspectiva del marxismo revolucionario es necesario luchar por la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora, tomando el ejemplo de lo que fue el Partido Bolchevique, el mayor partido de la clase obrera internacional dirigido por Lenin y Trotski y cuya experiencia de lucha por los derechos de las mujeres en la revolución Rusa fue la más importante de la historia de la humanidad.

De la misma forma, en 1922 la III internacional en su IV Congreso votó las tesis donde se aborda la cuestión negra afirmando que “el problema negro se ha convertido en una cuestión vital de la revolución mundial”. Sobre eso algunos historiadores dicen que esa batalla, antes de la burocratización del estado obrero, hizo que los negros y negras se volviesen comunistas. El feminismo marxista que planteamos hoy tiene como tarea histórica rehacer esta composición de las filas del comunismo internacional, y en un país como Brasil plantear otra vez el programa de 1922, luchando por igualdad salarial y de derechos para hombres y mujeres, negros y blancos, por derechos políticos y sindicales a todos los colores de nuestra clase, poniendo de pie la franja más precaria de nuestra clase en la primera línea de la lucha en contra la extrema derecha y por una perspectiva de la revolución obrera y socialista, que en Brasil va a tener rostro de mujer negra.


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San Pablo