Creemos ser más o menos conscientes de los problemas que puede tener cada uno, pero hay un sector de la población que pasa desapercibido.
Martes 26 de julio de 2016
Sin importar a qué clase pertenezca, algunas veces están integradas pero muy pocas veces incluidas: las personas con capacidades diferentes.
Para empezar: ¿qué entendemos por "discapacidad"? Una vez Pablo Pineda (escritor y actor español, diplomado en magisterio y psicopedagogía; es reconocido por ser el primer europeo con síndrome de Down en finalizar una carrera universitaria) expresó: "La palabra discapacidad implica prejuicios. La discapacidad implica capacidad. Todos estamos discapacitados para unas cosas y capacitados para otras, así que no se puede hablar de discapacidad, sino de capacidades diferentes.¿Has oído hablar de una prueba que se llama Iron-Man? Se trata de correr 42 kilómetros a pié, 4 nadando y 180 en bicicleta. ¿Tú serías capaz? ¿No? ¿Eres entonces un discapacitado?". Desde este punto de vista cambia la perspectiva del tema.
Tengo una hija con Síndrome de Down y desde que nació tuve que aprender a lidiar con esta sociedad que es un tanto más cruel de lo que parece. Hay que convivir con las diferencias y las barreras que nos inculcaron, comentarios como "pobrecita, es enfermita" o besos y caricias de parte de extraños en la calle como si se tratara de un muñeco edición limitada del que cualquiera tiene derecho a acercarse y opinar.
Pero más allá de que es una problemática que cruza a todas las clases, tener un niño con capacidades diferentes y ser de una familia trabajadora es mucho más complejo. Para empezar, el Estado no garantiza el acceso a los tratamientos para todos los que lo necesitan. Por ejemplo, la estimulación –que es incentivo constante para su mejor desarrollo- es una terapia extremadamente cara, que sin un buena obra social es casi imposibles de pagar y las prepagas aumentan un 20 por ciento en los últimos dos meses, acumulando un 51 por ciento en el último año.
Por otro lado, las pensiones por discapacidad apenas cubren el costo de ciertos medicamentos y las ayudas terapéuticas que brinda el estado son muchas veces inaccesibles, porque el sistema de salud está saturado: falta equipo médico capacitado e infraestructura y presupuesto para sostener los programas públicos y educación, falta de personal que hace que los trámites sean interminables... Entonces, ¿cómo hace una familia trabajadora para darle las herramientas necesarias para el correcto desarrollo de sus hijos si apenas puede cubrir las necesidades básicas de un hogar? Esta realidad está agravada por el ajuste que hace el macrismo, pero no es nueva y viene de arrastre del gobierno anterior.
Queda en evidencia una vez más que el mayor discriminador sigue siendo el Estado, que con su burocracia y escaso presupuesto para el área deja expuesto a este sector de la población. A pesar del notorio avance en el mundo en cuanto a la aceptación de las personas con discapacidad parece seguir siendo un tabú para la mayoría de las personas. Así que la próxima vez que te cruces con una persona con capacidades diferentes tratala con respeto; muchas veces un "buenos días" junto con una sonrisa alcanza para alegrarles el día y alivianar un poco la carga de la lucha que es en estos casos doble.