Este viernes podía seguirse en directo la huelga general en Brasil, la lucha de los trabajadores italianos de la FIAT, y las acciones de las trabajadoras de Pepsico luchando en Argentina. La clase obrera no existe más.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Viernes 30 de junio de 2017
Isaac rosa publicaba este jueves un artículo con mucha repercusión en las redes, titulado “Las huelgas no sirven para nada”. Merece ser leído, así que reproducimos algunos párrafos por si se lo perdieron:
“Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de los estibadores, que ya sé que han conseguido mantener el 100% de puestos de trabajo frente a la patronal y el Gobierno. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como el transporte marítimo de mercancías. Así cualquiera.
Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de la recogida de basuras de Madrid, que ya sé que no hizo falta más que anunciarla para que las empresas aceptasen una sola mesa y negociar un convenio único para todos los trabajadores. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la recogida de basura de la capital. Así cualquiera.”
“Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Cuétara, que ya sé que han conseguido subidas salariales, más puestos fijos y pluses de nocturnidad. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la fabricación de galletas. Así cualquiera.”
“Las huelgas no sirven para nada, ni en España ni en Eslovaquia, que ya sé que los trabajadores de Volkswagen en ese país han conseguido una subida salarial del 14%. Su caso no es representativo etc., etc. y etc. Así cualquiera.”
La enumeración continúa, aunque también se deja algunas en el camino, como apuntaban en Twitter este viernes los trabajadores de Coca Cola, recordando que su huelga logró hacer caer un ERE y logró imponer la reapertura de la fábrica en Fuenlabrada, Madrid.
Es decir, lo que hasta hace unos años, muy poco, era un sentido común, eso de que “las huelgas no sirven para nada” empieza a ser desmentido por la realidad, en numerosos ejemplos.
El artículo de Rosa, además de ser bueno por su pluma irónica y experta, ha tenido especial repercusión porque dice lo que los grandes medios en general ocultan. Financiados por fondos de inversión y grandes multinacionales, los medios corporativos no abundan en columnistas comentando huelgas, y mucho menos cuando estas ganan. No es extraño, no buscan promover la conciencia obrera y la confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas, todo lo contrario.
Hoy, parafraseando la ingeniosa retórica de Isaac Rosa, podríamos decir que la clase obrera no existe más, y que la lucha de clases no es internacional.
La clase obrera no existe, y no me hablen de Brasil donde la clase obrera más grande del continente americano ha paralizado múltiples sectores productivos, y no ha hecho más porque las burocracias sindicales no lo han impulsado.
La clase obrera no existe más, y esos trabajadores de la FIAT de Italia que hoy cortaron la autovía acompañados por colectivos solidarios y jóvenes, seguro que no saben que ya no hay lucha de clases.
La lucha de clases no es internacional, aunque no se hayan enterado esas trabajadoras y trabajadores de PepsiCo que luchan contra el cierre de la fábrica en Argentina y que están impulsando una campaña de solidaridad en todo el mundo.
Parece que algunas cosas están cambiando.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.