×
×
Red Internacional
lid bot

Debate. La lucha feminista en la encrucijada: debates desde un feminismo de clase

Tras la “agenda de género” anunciada por Piñera, la lucha entró en una encrucijada: o las genuinas demandas de cientos de miles de mujeres son “integradas” por el reaccionario régimen heredero de la dictadura, que quiere profundizar las condiciones estructurales de explotación y opresión mientras habla de “igualdad de derechos”; o dividimos aguas contra quienes sustentan este sistema, los empresarios, el Estado, sus partidos y gobiernos. ¿Hacia dónde va el movimiento? ¿Quiénes son nuestros aliados y quiénes nuestros enemigos?

Bárbara Brito

Bárbara Brito Docente y ex vicepresidenta FECH (2017)

Sábado 26 de mayo de 2018

Hastiadas de la opresión y violencia cotidiana de este sistema, el grito de cientos de miles de mujeres ha recorrido el mundo. Lo que la prensa ha llamado la “ola feminista” refleja en parte el movimiento internacional de mujeres, que en Chile se expresó fuertemente desde las movilizaciones por #NiUnaMenos el 2016 y este 8 de marzo movilizó a cientos de miles. Ahora, con asambleas, tomas, paros, y una movilización nacional masiva, el movimiento que se desarrolla en universidades y liceos, a dos meses de iniciado el segundo Gobierno de Sebastián Piñera, se ubica en el centro del debate nacional, con la mayor cobertura en medios de prensa y el apoyo del 70% de la población según diversas encuestas. Muchas consideran que se ha tomado la voz de aquellas que no pudieron gritar. De aquellas que han muerto por abortos clandestinos, femicidios y violencia sexual, indignación con el abuso laboral, el trabajo precario y la violencia cotidiana de este régimen sostenido por la derecha y el viejo “progresismo” concertacionista.

El Gobierno empresarial de Piñera se ha montado sobre la “ola” con una “agenda de género” en un acto de “unidad nacional”, donde también participaron Maya Fernández del PS, e incluso Karol Cariola y Camila Vallejo del PC. O el reaccionario régimen heredero de la dictadura, sostenido por empresarios, derecha y Nueva Mayoría, toma las demandas para hacer cambios cosméticos y mantener la explotación y opresión sobre la mayoría de la población trabajadora; o la lucha de las mujeres se une a la clase trabajadora y el conjunto del movimiento estudiantil avanzando a transformarse en una fuerza social que cuestione las bases estructurales de la explotación y opresión cotidiana que vivimos.

A la vez que lucharemos para arrancar hasta los más mínimos derechos democráticos que nos niegan, las socialistas feministas luchamos para terminar con la raíz de esa opresión y explotación, y contra sus responsables. Los cambios culturales o jurídicos no abrirán el camino a nuestra liberación material si no luchamos por derribar las bases estructurales que sostienen este sistema. Tampoco lo será la lucha “contra los hombres”, que divide a nuestra clase y alimenta la unidad con mujeres burguesas y nos lleva al callejón sin salida de unidad con los explotadores.

¿Por qué el derechista Piñera, los empresarios y la ex Concertación se montan sobre la “ola feminista”?

El gobierno empresarial derechista busca fortalecer la idea de “unidad nacional transversal” contra la violencia machista. Su agenda demagógica, mientras propone “igualdad de derechos”, incluso con reconocimiento constitucional, al mismo tiempo fortalece el aparato estatal de la policía y las Fuerzas Armadas, el punitivismo penal, y busca tomar la lucha contra la opresión para dividir a la clase trabajadora con el plan de Isapres que propone que los hombres coticen más por las mujeres. Una “igualdad de género” al servicio de los grandes empresarios.

Las reaccionarias mujeres de la derecha están a la cabeza de esta política. La UDI Isabel Plá que compara el derecho al aborto con la esclavitud, o la también UDI Evelyn Matthei que reivindica la dictadura militar, “apoyan” al movimiento. Ambas son dirigentes de un partido aberrante nacido al amparo de la dictadura, de la Constitución del 80, y de la contrarrevolución capitalista a favor del saqueo, la súper explotación y opresión sobre la mayoría trabajadora, principalmente las mujeres. Son parte de un gobierno que habla de “ampliar derechos”, pero fortalece los negocios de los capitalistas, la precarización laboral, los salarios de hambre y debilitar mediante concesiones parciales y represión las luchas de los trabajadores y el pueblo.

A este coro hipócrita de unidad nacional le sigue la oposición burguesa de la vieja Concertación y su “progresismo neoliberal”, los DC, PS, PPD, PR, al cual se viene sumando desde hace años el PC, que con Camila Vallejo y Karol Cariola participaron del acto de Piñera.

No olvidamos que aun teniendo una presidenta mujer nuestras condiciones de vida no cambiaron sustancialmente, y que durante los gobiernos concertacionistas se fortaleció la precarización del trabajo, la privatización de la salud y educación, se mantuvieron los salarios y pensiones de hambre y la subcontratación, con el fin de sostener las ganancias de los banqueros, grandes mineros y empresas. Fue en el gobierno de Bachelet donde se reprimió a mapuche, mujeres, jóvenes y trabajadores, y donde fue asesinado el minero Nelson Quichillao. El derecho al aborto en 3 causales fue subproducto de la lucha de las mujeres por el aborto legal, libre, seguro y gratuito, que Bachelet no concedió, pues buscó la conciliación con la Iglesia y los conservadores, otorgando objeción de consciencia a las instituciones que lucran con la salud y se oponen a nuestros derechos, continuando los millonarios subsidios del Estado a la Iglesia y los conservadores.

Ambas variantes empresariales buscan fortalecer el discurso de “unidad de todas las mujeres” y cambios culturales que no cuestionen las bases de esta opresión y explotación, que se han profundizado durante toda la transición pactada. Son aquellas/os quienes promueven a las mujeres jefas, gerentas, propietarias, accionistas, o políticas patronales, como Iris Fontbona, la “matriarca” del grupo Luksic, de las grandes familias propietarias. O la gerenta de LAN (la “ex” empresa de Piñera), reconocida por la prensa como “mujer líder” y que se dedicó a buscar mil formas para derrotar la huelga de las y los tripulantes de LAN. Nuestras compañeras no son ellas, son nuestras enemigas. Nuestras compañeras son las mujeres y hombres trabajadores de Ripley, Avon y de la multinacional Unísono en huelga, que ganan bajos salarios y son reprimidas por la policía por conquistar mejores condiciones y salarios. Son las comisiones de mujeres como en la fábrica Orica o en la planta de Correos Chile, que junto a los hombres trabajadores luchan contra las condiciones de miseria en los lugares de trabajo.

Es paradójico que las últimas décadas de restauración neoliberal, mientras se avanzó en la explotación y opresión de la mayoría de la humanidad para incrementar las ganancias capitalistas, se ampliaron variados “derechos formales”. Sobre esta base se intenta montar Piñera y los “progresistas” neoliberales. La ideología que busca entregar una ficción de “igualdad jurídica”, mientras profundiza la desigualdad material y la dominación de clases, es servil a mantener este sistema.

¿”Sororidad” y “hermandad” con empresarias, con la derecha, los partidos del régimen y la policía?

Mientras algunas feministas reivindican los abrazos de “sororidad” de mujeres estudiantes con mujeres policías en la movilización del 18M, de esa misma policía que mató el 2011 al estudiante secundario Manuel Gutiérrez, que abusaba de secundarias/os en las comisarías, que mató al obrero Nelson Quichillao (¡con una mujer presidenta!), que incriminó a la machi Francisca Linconao y persigue al pueblo mapuche; esas mismas que reivindican esos abrazos “sororos” con las pacas, son, en muchos casos, quienes impulsan tomas “separatistas”, donde nuestros compañeros estudiantes no pueden entrar o cuando están presentes están con la cabeza gacha buscando su “deconstrucción” solo por su sexo, (no por nada es acorde con la reaccionaria postmodernidad y sus teorías). La política de la "deconstrucción", difumina las bases materiales de la violencia y genera una falsa ilusión de que por el "cambio individual" se puede cambiar el actual sistema. Para enfrentar el machismo los hombres tienen que estar siendo parte activa del movimiento, necesitamos un feminismo que apunte a esta unidad, de clase contra un enemigo común. Esta misma concepción es la que ha llevado a un sector de del feminismo a chocar violentamente con mujeres que son transexuales acusándolas de “usurpar” la “identidad femenina”. De este modo, al no transformarse en una lucha de todo el movimiento estudiantil junto a la clase trabajadora, la participación que se solicita de parte de los hombres es de “apoyo pasivo”, sin ser ningún factor del movimiento para juntos retomar la combatividad y autoorganización para enfrentar en común la opresión de género y los negocios empresariales.

Mientras dividen levantando una estrategia de lucha de “sexo contra sexo”, fortalecen la ideología de la “unidad de mujeres” que impulsa la clase dominante para realizar cambios parciales que no cuestionen las bases estructurales de esta dominación, y las hermana a empresarias, gerentas, políticas del régimen y culmina fortaleciendo las variantes de colaboración de clases.

Esa es la estrategia del feminismo liberal y de las diversas variantes del reformismo, quitar de toda lucha el contenido de clase que hace que mientras escalen mujeres (burguesas) en puestos directivos de empresas o altos cargos públicos del Estado capitalista, la gran mayoría de las mujeres mantenga condiciones brutales de explotación y la opresión del trabajo doméstico.

Subordinada a este discurso, la mayoría de la izquierda, desde el Frente Amplio hasta grupos que se dicen “revolucionarios”, renuncian a la estrategia de la lucha de clases y a un programa de transformación socialista de la sociedad, para liquidar las bases estructurales de la opresión, uniendo a la lucha contra la explotación. Más bien, fortalecen las ideologías de “transversalidad” de la unidad de mujeres sin distinción de clases, o la ideología que ve a los hombres como “enemigos”. Es una izquierda que no se propone romper con las bases de esa dominación y que se somete a los marco del sistema, reduciendo la lucha a conquistas culturales o reformas parciales en el sistema, y no la transformación radical de las bases que sostienen esta sociedad de miseria, falta de derechos y explotación. O del PC, que con su ex Ministra de la Mujer en el gobierno de Bachelet, defiende su “legado” y engaña a la clase trabajadora cuando señala “que para terminar con todas las discriminaciones, con toda la violencia se necesita un profundo compromiso de país y de todos los gobiernos que vendrán por hacer esto de manera sistemática en el tiempo”, llamando a confiar en los gobiernos empresariales y su Estado.

Como decimos desde Pan y Rosas, a la vez que luchamos por arrancar hasta los más mínimos derechos para las mujeres, cuestionamos la raíz de esa opresión y explotación, y por eso reconocemos en la clase trabajadora y el pueblo pobre nuestros aliados, en sus hombres y mujeres, no las mujeres burguesas, empresarios y sus partidos. Las reformas conseguidas en los marcos de este sistema son siempre parciales y pueden ser utilizadas contra nosotras, pues se escurren como agua entre los dedos, mañana, más allá. Mientras sigan teniendo el control del poder político y económico, toda conquista será fácilmente reversible. Cualquier transformación en el terreno de la cultura será insuficiente si no se cuestionan las bases materiales que sostienen la violencia machista en las instituciones educativas y en la sociedad.

Unidad de la clase trabajadora, mujeres y jóvenes, contra los/las empresarios, su Estado y sus gobiernos

La opresión está cada vez más indisolublemente ligada a la explotación del capitalismo. La pobreza y opresión tiene rostro de mujer, igual que la explotación laboral. En la USACH, así como en otras instituciones educativas, son las mujeres haitianas subcontratadas inmigrantes, las que de forma invisible y a costa de sus vidas y sus familias, hacen que la vida universitaria sea posible, y que sufren las peores condiciones de trabajo, con salarios de hambre.

En esta lucha, nuestra pelea es por forjar la mayor unidad entre mujeres, estudiantes y trabajadores, levantando asambleas generales de todo el movimiento estudiantil (claramente mixtas), masivas, triestamentales junto a los trabajadores y académicas/os, y democráticas, para luchar con independencia de los partidos empresariales de Chile Vamos y la Nueva Mayoría, contra las autoridades y burocracia universitarias como los rectores, que se han dedicado a administrar la educación de mercado y mantener las condiciones más miserables sobre las y los trabajadores, y ahora quieren usar los protocolos para fortalecer su autoritarismo. Nuestra lucha es por una educación gratuita y poner fin al negocio educativo de los capitalistas, laica, no sexista y al servicio de los trabajadores; contra el autoritarismo universitario y las bases materiales que sostienen el machismo en las instituciones educativas como la precarización laboral; por un Cogobierno Triestamental efectivo y la elección universal de las autoridades unipersonales, porque queremos decidir en nuestros lugares de estudio; para conquistar el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito; por el fin al subcontrato, el paso a planta de las y los trabajadores, y el fin de las brechas salariales, por protocolos independientes a las autoridades y democráticos; uniendo nuestras demandas a los trabajadores, como el fin a las AFP, terminar con los salarios de hambre y la impunidad empresarial, para fortalecer la organización de los trabajadores, rescatando las históricas banderas de la unidad obrero-estudiantil, para conquistar una educación al servicio de los trabajadores y el pueblo.

Tomamos esta lucha, buscando unirnos a los y las trabajadoras en huelga, como parte de la batalla para enfrentar al gobierno de los gerentes y las variantes empresariales, que favorecen a los grandes negocios, banqueros, empresarios nacionales y el capital extranjero imperialista, cuyas ganancias se basan en la enorme explotación y opresión sobre la mayoría del pueblo.

Las movilizaciones convocadas para el 1 de junio por la Confech y el 6 de junio, pueden ser un factor para avanzar a cuestionar de raíz este sistema, a sus responsables, si se unen y llaman a la unidad con los trabajadores y todo el movimiento estudiantil para una lucha en común contra nuestros enemigos (gobierno, Estado, empresarios y su régimen) uniendo las demandas de género con las de nuestra clase y los estudiantes.

Por un feminismo de clase, anticapitalista y socialista

El feminismo no es uno solo. La “unidad de las mujeres”, de la izquierda y la derecha porque la lucha es “transversal”, sin ver la clara diferenciación de clase, lleva a fortalecer a la clase dominante de conjunto para dividir a explotados/as de oprimidos/as. Desde Pan y Rosas nos ubicamos claramente desde socialismo feminista y de clase.

Como sostuvo Alexandra Kollontai: "El hecho de que las mujeres que participan en el movimiento de liberación no representan a una masa homogénea es evidente (…) El mundo de las mujeres está dividido —al igual que lo está el de los hombres— en dos bandos. Los intereses y aspiraciones de un grupo de mujeres les acercan a la clase burguesa, mientras que el otro grupo tiene estrechas conexiones con el proletariado, y sus demandas de liberación abarcan una solución completa a la cuestión de la mujer. Así, aunque ambos bandos siguen el lema general de la “liberación de la mujer”, sus objetivos e intereses son diferentes. Cada uno de los grupos inconscientemente parte de los intereses de su propia clase, lo que da un colorido específico de clase a los objetivos y tareas que se fija para sí mismo. (…) Mientras que para las feministas la consecución de la igualdad de derechos con los hombres en el marco del mundo capitalista actual representa un fin lo suficientemente concreto en sí mismo, la igualdad de derechos en el momento actual para las mujeres proletarias es solo un medio para avanzar en la lucha contra la esclavitud económica de la clase trabajadora”.

No habrá liberación social o emancipación de las mujeres sin liquidar la propiedad privada capitalista, las clases sociales y sin socializar el trabajo doméstico y todas sus labores (desde la cocina, lavanderías, crianzas), donde se sostiene una parte de la ganancia empresarial y es la base de la opresión de millones de mujeres sometidas a esta esclavitud con la doble jornada laboral.

Retomamos la tradición de las mujeres revolucionarias como Teresa Flores y Carmela Jeria, que buscaron organizar en Chile a las mujeres de la clase trabajadora y pobre para unirlas con sus compañeros de clase, luchando por el socialismo que acabara con el régimen de explotación y opresión sobre la mayoría de la humanidad. Solo un feminismo de clase y socialista, que pretenda transformarse en un movimiento político de masas, que se una a los trabajadores y donde la lucha por mayores derechos y libertades democráticas esté ligada a la denuncia de este régimen social de explotación y miseria para las enormes mayorías, con el objetivo de derrocarlo, puede ser verdaderamente emancipatorio para todas las mujeres.