La multitud que copó la 9 de Julio empezó a delinear la relación de fuerzas hacia las paritarias. Cae la industria y acecha el fantasma de la sequía agraria. Los Gilligan y la Argentina offshore.

Pablo Anino @PabloAnino
Lunes 26 de febrero de 2018

Los nervios se traslucen en la comisura de sus labios. “¿Cómo era la pregunta?”, pregunta a otra pregunta el ministro de Hacienda. La circularidad parece un recurso para ganar tiempo. La respuesta se posterga. La pregunta refería a su patrimonio offshore y sobre cómo esperaba que si él dejaba sus recursos en el exterior llegaran inversiones al país. La respuesta nunca será dada.
Aunque las inversiones no llueven, el presidente y los funcionarios macristas se sienten a gusto entre mandatarios y empresarios de potencias imperialistas. Dicen que allí encuentran la comprensión que no consiguen en estas pampas. La excepción hace a la regla: el incómodo momento que vivió Nicolás Dujovne sucedió en Madrid el viernes último.
Siete Plazas de Mayo
Desde la 9 de Julio y la Avenida Belgrano hacia el sur, llegando hasta San Juan, se despliega una superficie aproximada de ciento cuarenta mil metros cuadrados. Es el equivalente a la superficie de Plaza de Mayo multiplicada por siete.
Restando a ojímetro plataformas de Metrobus y otros “obstáculos”, en esa superficie entran entre 200 mil y 400 mil personas, según la intensidad de la concentración. Para que la cuenta sea completa habría que agregar que en las calles aledañas también se desplegaban columnas de sindicatos, movimientos sociales y partidos políticos.
Más allá de los motivos que empujaron a Hugo Moyano a convocar la movilización, entre ellos resguardarse de las causas judiciales, en esa masiva concentración empezó a delinearse la relación de fuerzas para la paritaria de este año.
El Gobierno quiere imponer un techo del 15 %. Hay burocracias sindicales que están colaborando a ese objetivo: son los casos, entre otros, de José Luis Lingeri de Obras Sanitarias que pactó un 15 % en dos veces sin cláusula gatillo y Amadeo Genta de Sutecba que acordó el 12% también en cuotas.
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Esos acuerdos tienen los números maquillados: incorporan otras sumas que no se contabilizan en el número de aumento que se difunde públicamente. No obstante, en ningún caso permiten recuperar la inflación que se espera para este año, que para la mayoría de los economistas no bajará del 20 %, e incluso algunos indican que puede llegar al 25 %. Ni mucho menos recobrar la pérdida salarial del último bienio. Aun así develan que el 15 % es una ficción insostenible.
En 2017 el salario real promedio se recuperó levemente. No obstante, en diciembre volvió a caer en relación al mismo mes de 2016. En promedios anuales, entre 2015 y 2017, el salario real retrocedió 4,4 % entre los trabajadores registrados del sector privado (entre los estatales la pérdida es de 9,5 % entre diciembre de 2015 y el de 2017).
Con la devaluación de Eduardo Duhalde en 2002 el poder de compra del salario se derrumbó cerca del 30 %. Ese fue uno de los factores centrales que facilitó la recomposición de las ganancias empresarias y el crecimiento posterior.
A este ritmo, Macri necesitaría más de trece años para que las empresas obtengan un rédito similar al que lograron en un año con el Cabezón.
Los ciento cuarenta mil metros cuadrados en los que se desplegaron las trabajadoras y trabajadores que se movilizaron el último miércoles dan una medida de las dificultades que tiene el oficialismo para aniquilar el salario en la proporción que desean las patronales.
Los genitales de Moyano no alcanzaron para llamar a un paro, pero esa exigencia se escuchó fuerte entre la multitud.
Con poca nafta
El Gobierno concentró los estímulos económicos en el período electoral: esos meses fueron los de mayor poder de compra del salario y de una intensa actividad de la construcción empujada por la obra pública.
Mientras las industrias ligadas a la construcción crecieron fuerte hay otras ramas que están en la lona: entre las principales se encuentran la textil y el calzado.
Este año, la obra pública dependerá de los proyectos de Participación Público Privada. Existen enormes dudas sobre su arranque. Es que requieren el compromiso inversor de un empresariado con reticencia a comprometer su dinero.
Según la UIA, 2017 cerró con un tímido crecimiento de 1 % en la industria. Pero al igual que el salario, la actividad volvió a retroceder en diciembre. La tímida recuperación del año pasado no permitió crear puestos de trabajo: se perdieron 68 mil entre 2015 y 2017, según Diego Coatz, director ejecutivo de la UIA.
La Fundación Fiel registró una nueva caída de la producción manufacturera en enero. Este miércoles el Indec difundirá los datos oficiales que podrían ratificar el retroceso industrial.
Es así que regresaron sotto voce los reclamos del empresariado por el tipo de cambio y los tarifazos que afectan la energía que compran. Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat, volvió con su tradicional comparación de los “altos” salarios en dólares que paga la Argentina en relación a Brasil.
La cosa no termina ahí. Hay otro reclamo industrial más audible: contra la política monetaria de altas tasas de interés de Federico Sturzenegger al frente del Banco Central.
Desde aquella conferencia de prensa de diciembre, la baja de la tasa fue modesta. El presidente de la entidad monetaria no logra resolver el acertijo para estabilizar la inflación y el tipo de cambio: este lunes el dólar pegó un nuevo salto.
La queja contra Sturzenegger es más amplia dentro de la burguesía: es compartida por el Grupo de los Seis integrado por la UIA, las cámaras de Comercio y la Construcción, la Sociedad Rural, la Bolsa de Comercio y la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (ADEBA).
El Gobierno busca romper la maldición de la historia reciente: crecimiento en los años impares de elecciones y caída económica en los pares.
La sequía que afecta a la zona núcleo agraria no estaría contribuyendo a conjurar ese mal. E impactará en el ingreso de dólares por exportaciones y recaudación.
En todo este entuerto, lo que no se sabe aún es cuáles serán los motores que muevan la producción este año.
La vuelta al mundo
Luego del acuerdo con los fondos buitres y las facilidades ofrecidas por las desregulaciones financieras, abunda el ingreso de capitales especulativos al país. El riesgo: la exposición a los vaivenes externos.
Las últimas semanas hubo un viraje en el escenario financiero internacional: se terminó la época de dinero barato, o al menos tan barato como hasta ahora, por la suba de lo que pagan los bonos del Tesoro yanqui y el esperable incremento de la tasa que fija la FED.
El futuro económico del macrismo, cuyo plan único es endeudarse hasta más no poder, está atado en buena medida al ritmo de suba que se imponga a esas dos variables que se definen en Estados Unidos. Todavía el Gobierno cuenta con algo de tiempo, no infinito, mientras va construyendo una hipoteca enorme.
El crédito internacional se dilapida en pago de intereses de la deuda pública (deuda que paga deuda), fuga de capitales, remisión de ganancias de las empresas imperialistas y el rojo externo creciente. La inversión productiva no llega.
La renuncia de Valentín Díaz Gilligan por su cuenta en Andorra como testaferro de Paco Casal, desató una pregunta lógica ¿Por qué no renuncia también Luis Caputo?
El ministro de Finanzas omitió, igual que Gilligan, registrar en sus declaraciones patrimoniales la participación en sociedades offshore que se benefician con los negocios de la deuda externa.
No son patrullas perdidas. El libro ArgenPapers detectó más de cincuenta sociedades offshore con un denominador común: Sociedad Macri (Socma). Esta es la razón profunda de la situación incómoda que atravesó Dujovne en Madrid. Dirige el país una clase fugadora serial.

Pablo Anino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.