23 de enero del 2006. El ingeniero informático Christopher McKinstry fue encontrado muerto en su departamento en Santiago de Chile luego de ponerse una bolsa de plástico en la cabeza y conectarla a un tubo de gas. Si bien Christopher trabajaba en el observatorio europeo Austral y en paralelo desarrollaba varios proyectos de investigación sobre inteligencia artificial y diseños neuronales, su presunto suicidio sólo llegó a una pequeña crónica en el Mercurio para luego ser ser olvidado por la historia. Nada se supo de su investigación, ni su trabajo en el observatorio ni de su repatriación a Canadá. Sólo dejo un silencioso vacío entre sus compañeros de trabajo y un manifiesto ideológico subido a un foro de informática.
Martes 15 de marzo de 2022
23 de enero del 2006. El ingeniero informático Christopher McKinstry fue encontrado muerto en su departamento en Santiago de Chile luego de ponerse una bolsa de plástico en la cabeza y conectarla a un tubo de gas. Si bien Christopher trabajaba en el observatorio europeo Austral y en paralelo desarrollaba varios proyectos de investigación sobre inteligencia artificial y diseños neuronales, su presunto suicidio sólo llegó a una pequeña crónica en el Mercurio para luego ser ser olvidado por la historia. Nada se supo de su investigación, ni su trabajo en el observatorio ni de su repatriación a Canadá. Sólo dejo un silencioso vacío entre sus compañeros de trabajo y un manifiesto ideológico subido a un foro de informática.
Christopher presumía haberse hecho millonario a los 17 años al diseñar un software de seguridad para intranet que rápidamente fue comprado por la CIA. Estuvo involucrado en una polémica webserie que nunca vio la luz del día y muchos teorizaban que llegó a Chile arrancando de sus enormes deudas producto de malas inversiones y distintas estafas. Una vez en Chile se dedicó de lleno a su trabajo en el VLT (very large telescope) y en desarrollar el proyecto mindpixel, un software de inteligencia artificial que discriminaba datos basado en el pensamiento cognitivo. Más adelante, ese proyecto se transformaría en OMCS (Open mind common sense) desarrollado por MIT media junto a Push Sigh. Este proyecto se basaba en definir y discriminar conceptos de acceso abierto para facilitar el machine learning o aprendizaje de máquinas, procesos fundamentales para lo que hoy conocemos como Big Data o redes neuronales de conocimiento. Básicamente, todo lo relacionado a las redes sociales y la intranet de empresas multinacionales.
Pese a su mente brillante, Christopher era una figura incómoda para el mundo de la informática; ya se había intentado suicidar con una escopeta en una tienda, en un episodio que lo enfrentó a balazos con la policía y el estigma de la bipolaridad y la depresión lo habían vuelto huraño, reacio a seguir en terapia. Una larga lucha de egos con su camarada Push Sigh lo había vuelto algo paranoico e inestable, lo que hizo volcar sus frustraciones a foros de internet. Y es que una enorme preocupación rondaba la atormentada mente de Christopher.
Entre varios escritos subidos a redes sociales, Christopher escribía que su investigación cambiaría el paradigma de la humanidad. Profetizó que las inteligencias artificiales se volverían más y más eficientes mientras más data fuera recopilada de manera voluntaria y que para eso, los servicios de correo y mensajería instantánea evolucionaría en redes de captura informativa que clasificarían a las personas según su interacción con la IA. Profetizó que sería tal la cantidad de información manejada que pronto los espacios digitales evolucionarían a una hiperrealidad con la capacidad de manipular la vida real de las personas y "pastorear" a los humanos para beneficio de la IA, eliminando el "libre albedrío" y "deshumanizando" el comportamiento humano. Finalmente, profetizó que la manipulación emocional sería tan profunda y quirúrgica que la IA podría provocar guerras digitales por la hiper realidad.
Menos de dos meses después de la muerte de Christopher McKinstry, Twitter es lanzado al público como una red social de libre opinión. Un año después de su muerte, Facebook llegaría a todos los países del planeta. Dos años después de su muerte, China inicia las primeras pruebas del crédito social, un sistema gubernamental que evalúa el comportamiento de sus ciudadanos para acceder a servicios sociales. Cinco años después de su muerte, Tinder evalúa tu atractivo sexual y te conecta con posibles parejas sexuales a cambio de tus datos, los cuales se venden a distintas empresas multinacionales.
Y hoy estamos presenciando la primera guerra digital por la Hiperrealidad a través de un conflicto militar orquestado por la OTAN y Putin por la hegemonía de Eurasia. Una guerra que curiosamente tendrá ambos bandos ganadores independientes del resultado militar; Ucrania ya no solo es un país sino una "causa" y Putin ya no es sólo un autócrata sino un líder decidido a actuar por los intereses de Rusia y Asia. Ambos bandos del conflicto rápidamente crearon cercos informativos y forzaron sus relatos en la Hiperrealidad para alinear a los usuarios; la UE prohibió canales rusos como RT, ¡Sputnik y “Ahí les va!", lo que derivó en una purga masiva de sus redes sociales por parte de facebook y Google como si nunca hubiesen existido. Debido a esto, aunque Rusia arrase con Ucrania, Zalenski será un héroe inspirador para occidente, validando su discurso de ultraderecha, su democracia sin partidos de izquierda y la hegemonía occidental bajo la vigilancia estadounidense.
Por el contrario, si Ucrania logra expulsar a Rusia, Putin será coronado protector del frente oriental contra el avance de la OTAN. Sin importar las vidas humanas que se pierden cada día en el conflicto, los algoritmos e interacciones por redes sociales ya han definido un escenario donde los únicos perdedores somos nosotros. Lo queramos o no, todos somos parte de esta guerra, ya sea a conciencia u omisión, ya que nuestros datos e interacciones digitales alimentan a los algoritmos que deciden qué relato es más popular que otro y eso hoy en día se traduce en Alemania entregando armamento para la milicia ucraniana, Putin cerrando medios de comunicación y prohibiendo la disidencia y Zalenski usando al pueblo como carne de cañón mientras desde su Búnker ve su pantalla llenarse de corazones y likes.
Y sin embargo, lo cierto es que el escenario puede ser menos pesimista de lo que creemos. Tal como escribe Zizek en su columna "Goodbye Lenin en Ucrania", tal vez nos enfrentamos a un mundo donde no existen potencias globales; todo lo que pueden hacer los grandes poderes del viejo mundo es controlar narrativas y redes sociales mientras sus decadentes sociedades se caen a pedazos como viejos muelles azotados por el incesante vaivén del mar. Dónde la cantidad de conflictos sociales y civiles es tan abrumadora y simultánea que solo pueden ocultarlo debajo de esta gran alfombra que representa la Hiperrealidad de las redes sociales y esperar lo mejor.
O tal vez, tal como profetizó Christopher McKinstry en sus incesantes peleas con extraños de internet, la guerra de las máquinas ya ha comenzado y las inteligencias artificiales han puesto a la Hiperrealidad en contra nuestra. No sucedió con la grandilocuencia de Matrix o Terminator, sino aceptando los términos de condiciones de una app, convenciéndonos que el capitalismo neoliberal era la única alternativa de nuestras vidas.
Aunque cueste creerlo, este escenario lo estamos viviendo en tiempo real; los primeros videos virales del bombardeo de Ucrania resultaron ser del videojuego "Call of Duty: modern warfare", el vídeo del tanque atropellando un auto resultó ser un tanque ucraniano manejado por soldados inexpertos, el soldado despidiéndose de su hija era en realidad un soldado peleando por la independencia de Donbass contra ucrania y en los primeros días del conflicto los medios de comunicación usaron videos de archivos de los bombardeos en Siria. Esta guerra comenzó primero en el plano de la Hiperrealidad antes que en el terreno de lo real.
Y es que cabe preguntarse: ¿Cómo sabemos si realmente hay una guerra en Ucrania? Lo sabemos porque confiamos en la información que llega desde redes sociales y canales informativos formales, pero con la tecnología de hoy y la facilidad de generar noticias falsas, bots y CGI (computer generated imagery o imágenes generadas por computadoras), perfectamente se podría crea una guerra falsa que sólo exista en nuestras pantallas para manipular nuestra percepción de la realidad y por ende, nuestra opinión pública. Es el siguiente paso de la doctrina del shock; una gran burbuja informativa que genere conflictos bélicos virtuales con el fin de mantener nuestras mentes en un constante estado de miedo.
Más allá de los escenarios apocalípticos, lo importante es entender que ningún cambio significativo o revolucionario de nuestra sociedad será posible si no conquistamos el terreno de la Hiperrealidad también. Hoy, nuestra capacidad de cuestionar el sistema capitalista no solo se mide por la paralización de la productividad o la cantidad de personas que podamos movilizar, sino en la capacidad de generar un relato que haga sentido a través de las redes. Dicho de otra forma, si no hay relato o registro, no sirve o peor aún, no existe. Es aquí donde tenemos que dejar atrás el siglo 20 y aceptar que el siglo 21 tiene desafíos diferentes que tenemos la obligación de enfrentar políticamente. La revolución digital es tan importante como material.
Por eso es tan importante hoy reconectar con lo que nos hace humanos, volver a preocuparnos unos por otros, repartir el peso del mundo y golpear como un solo puño contra la guerra, la manipulación mediática o la explotación. Militar, organizarse, crear nuevas alternativas para la cotidianidad, nuevas vidas comunes y corrientes, es fundamental para reconstruirnos desde la empatía. Lo cierto es que el conflicto, si bien es necesario para definir nuestros intereses individuales y colectivos, no es natural en el comportamiento humano. Hoy las redes sociales y sus algoritmos crean conflictos artificiales por diferencias mínimas para cosechar nuestras interacciones y, por ende, alimentarse de los datos que entregamos. Esta manipulación es tal que nos hace confundir la convicción con la intransigencia, la fortaleza con agresión y la empatía con debilidad.
La guerra de las máquinas ya comenzó y nosotros somos las balas. Solo a través de nuestra capacidad para organizarnos podremos enfrentarla y empatizar con el otro.
PD: pueden profundizar sobre la historia de Christopher McKinstry en el documental "The Man Behind the Curtain" y en el vídeo ensayo "The CR6 rabbit Hole: a Lost 90’s internet show" del canal "Blameitonjorge".
PPD: tanto el contenido del documental como del vídeo ensayo pueden ser perturbadores, se recomienda discreción. Sin embargo, cabe mencionar que lo escrito en esta columna no se acerca en lo más mínimo a los aspectos más perturbadores e incluso insólitos de esta

Carlos Henríquez
Historietista. Panelista Podcast Troskosis