Las autoridades de la UNAM han lanzado las reglas que van a tomar para sumarse a la nueva normalidad del gobierno federal, lo que podría implicar mayores medidas de control contra la comunidad universitaria.
Arturo Rendón Académico de la agrupación Nuestra Clase
Viernes 19 de junio de 2020
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha publicado los lineamientos a seguir para ser parte de la “nueva normalidad” impulsada por el gobierno federal, con el fin de reiniciar sus actividades académicas de cara a la pandemia de la Covid-19, como se expresa en su comunicado oficial, donde expresa que el regreso a clases será paulatino, ordenado y progresivo. Lo cual se cumplirá a medida que las autoridades gubernamentales, locales y nacionales, le den luz verde para implementar estas disposiciones.
Entre las indicaciones generales destacan:
- 1) Quedarse en casa si presenta síntomas de enfermedad respiratoria o
relacionados con el COVID-19, - 2) Atender y cumplir con todas las medidas de prevención que le sean indicadas,
- 3) Evitar todo contacto físico,
- 4) Mantener una sana distancia (de al menos 1.8 metros) con las demás personas,
- 5) Usar cubrebocas de forma adecuada (sobre nariz y boca) y otras barreras como caretas o pantallas, en caso de así ser requerido. Las caretas no sustituyen el cubrebocas,
- 6) Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón, o bien limpiarse las manos con gel (con un contenido de alcohol mínimo de 70%), entre otras
Más controles
Estas medidas que toman los altos mandos pueden parecer las indicadas, de hecho, muchas son en sí mismas correctas, pero ¿cuáles son las intenciones de la autoridad universitaria al intentar implementarlas? Y es que como ha probado en múltiples ocasiones la historia, no es que a las autoridades de la UNAM realmente les preocupe demasiado el bienestar de los integrantes de la universidad. Para poner un ejemplo, el feminicidio dentro de las instalaciones de la institución, definitivamente es algo que afectaba a la comunidad universitaria pero Rectoría no quiso cooperar por las buenas por su erradicación.
Tuvieron que existir grandes movilizaciones, de mujeres y estudiantiles, para que el tema estuviera sobre la mesa, ante eso la respuesta de Rectoría de la UNAM fue imponer mayores medidas de seguridad, pero no entendidas estas como acciones para proteger la vida de los universitarios sino como medidas de control policial. Y es que las autoridades de la máxima casa de estudios no se caracterizan ni por ser muy democráticas ni porque les interese demasiado el bienestar de sus integrantes, que no son pertenecientes a las grandes cúpulas de la burocracia académica.
Algo parecido ocurre con las medidas tomadas por la Covid-19, ya que de entrada la institución no cuestiona para nada el concepto de “nueva normalidad” que es falaz, ya que el gran problema es que, como nos han demostrado las propias cifras que presenta López-Gatell en sus conferencias, el problema sigue grave. Y es que, aunque fuera cierto que hemos alcanzado el pico de los contagios, nos mantenemos en él, esto lo confirman las declaraciones del propio sub secretario de salud, cuando afirma que los contagios y afectaciones por la pandemia son parte de una meseta en las gráficas.
A pesar de que los contagios no han bajado, ya que seguimos en la meseta, se empieza a dar luz verde a muchas actividades, algunas no esenciales catalogadas de esenciales como lo es la industria automotriz y otras, las cuales ahora están regresando, poniendo en peligro a miles de trabajadores. Incluso una actividad tan poco esencial y tan destructiva como es la construcción del Tren Maya ha sido reiniciada y, ante el malestar, el gobierno del Morena ha respondido con el despliegue de la Guardia Nacional (GN), como medida de control político para proteger las inversiones en el Tren.
Con la UNAM se avizora un fenómeno parecido, por ejemplo, cuando el actual rector Enrique Graue tomó posesión en su cargo, se anunció que se iba a conformar una comisión especial de seguridad, contratando vigilantes que fueran capacitados por la Fiscalía General de la República, así como por la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), incluyendo a la GN. Es decir, por los mismos órganos que hoy imponen por la fuerza la “nueva normalidad” cuando esta no puede ser simulada, algo que es realmente preocupante.
Te puede interesar: Rectoría busca cercar al movimiento estudiantil con la SSC y la Guardia Nacional
Te puede interesar: Rectoría busca cercar al movimiento estudiantil con la SSC y la Guardia Nacional
Desigualdad social en la universidad
Otro de los grandes problemas de la “nueva normalidad” en la UNAM, es que esta no considera que la crisis agudizada por la pandemia ha acentuado la desigualdad social dentro de la Universidad, recordemos que no todos los alumnos tienen acceso a los mismos bienes materiales, de modo que les resulta muy difícil tomar clases en línea y acatar este tipo de disposiciones. Además, la máxima casa de estudios cuenta con más o menos 350 mil alumnos, por lo que guardar la sana distancia con tal cantidad de gente resulta un tanto cuanto imposible.
Te puede interesar: Pandemia ahonda desigualdad entre alumnos y profesores de la UNAM
Te puede interesar: Pandemia ahonda desigualdad entre alumnos y profesores de la UNAM
Y es que mientras no se aumente el presupuesto universitario sería imposible financiar muchas de estas medidas con el rigor que se requiere. Lo que va ocurrir es la precarización laboral y degradación de las condiciones de estudio, que de por sí ya son grandes problemas y ahora van a aumentar, lo que será una fuente de descontento y conflicto. Tal vez esa sea la razón del porqué del aumento de las medidas de control, que encuentran un magnífico pretexto de ser aplicadas con la expansión de la pandemia, sin cuestionar la forma en que Rectoría aplica medidas de seguridad incluso desde mucho antes del Covid-19.
Esta emergencia revela el autoritarismo de las instituciones, la desigualdad social del país, las malas condiciones del sistema de salud y de las relaciones laborales, así como el verdadero carácter de este gobierno y sus fuerzas armadas, que tanto reivindica como supuesto "pueblo organizado". De entrada, se requiere la democratización de instituciones como la UNAM y todas las universidades para que sus autoridades no puedan aprovecharse de la forma más arbitraria de las emergencias; también se necesita un aumento al presupuesto de éstas, luchar contra la precarización tanto laboral como del estudio.