El 18 de septiembre de 1968 es ocupado el casco de Ciudad Universitaria por el ejército buscando arrestar a los dirigentes del CNH y propinarle un golpe al movimiento estudiantil.

Óscar Fernández @OscarFdz94
Lunes 17 de septiembre de 2018

Tras el “fracaso” de la manifestación del 13 de septiembre, el gobierno decide dar un mensaje contundente, por lo que el 18 de septiembre el ejército entra a la Ciudad Universitaria mientras se celebraba una asamblea del CNH en la Facultad de Medicina y rodea la zona con sus camiones y carros blindados, entrando a paso marcial entre las facultades y salones en busca de estudiantes. Sin embargo, la impuntualidad de muchos de los dirigentes los salva de ser arrestados y los que pueden, escapan en la noche por el pedregal. Los soldados traen lámparas de luminosidad intensa, las cuales alumbran las copas de los árboles y los sótanos de las facultades.
El gobierno utiliza aquí a un agrupamiento de seguridad conocido como el “Batallón Olimpia”, cuyos miembros se identifican con un guante o pañuelo blanco en la mano izquierda. Actúan en coordinación con los soldados y los funcionarios de la Dirección Federal de Seguridad, quienes en días posteriores realizarán una verdadera caza de brujas a lo largo y ancho de la ciudad arrestando a los dirigentes estudiantiles que se encontraban escondidos en las casas de sus conocidos.
La PGR declararía en sus informes que “el gobierno [...] tras casi dos meses de espera paciente y de tolerancia a injurias y a actos sediciosos [...] con elementos del Ejército Nacional (sic) recuperó la Ciudad Universitaria de manos del ‘poder estudiantil’, en una operación rápida e incruenta”. A los estudiantes se les obliga poner las manos en la cabeza o en alto y a estar pecho a tierra en la explanada de Rectoría. Ante la presencia de las cámaras, los estudiantes optan por poner sus manos con la “V” de victoria.
Cuando los soldados pretendían arriar la bandera de Rectoría, los estudiantes se pusieron en pie y entonaron el Himno Nacional. El rector Javier Barros Sierra afirmó que la ocupación militar de CU “había sido un acto excesivo de fuerza que la Universidad no merecía”. Los fotógrafos y camarógrafos son desalojados también de la zona y observan el despliegue de las fuerzas del estado sobre la Av. de los Insurgentes y Copilco, notando además la presencia de padres de familia que se aglutinan preocupados de que sus hijos se encuentren entre los detenidos. En total 1,500 personas serían arrestadas y enviadas a la prisión de Lecumberri o a la PGJDF.
El 21 de septiembre, la prepa 9 de la UNAM sufre el mismo destino que la Voca 7 y es atacada por individuos corpulentos vestidos de civil con una prenda blanca en la mano izquierda. La unidad Zacatenco del Politécnico es agredida por los granaderos y sus compañeros de la 7 enfrentan a la policía en Tlatelolco donde sí están preparados (a diferencia de Zacatenco). Se unen la secundaria 83 y la Prevocacional 4, de la misma zona, a la refriega. Llegan soldados y granaderos y pronto se arma la campal y los estudiantes mandan refuerzos a las zonas en conflicto.
En las azoteas de Tlatelolco, los muchachos de la prevocacional y la secu esperan la llegada de los soldados para recibirlos con una lluvia de piedras, habitantes del barrio de Tepito, situado del otro lado de Paseo de la Reforma y enfrente de Tlatelolco, apoyan las acciones y apedrean las tanquetas, las amas de casa hierven agua y la avientan desde las ventanas, se preparan cócteles molotov con botellas y trapos que sobran, quienes pueden, avientan macetas y palos.
Los gases lacrimógenos invaden la unidad habitacional, que valientemente resiste el asalto de los cuerpos de seguridad. En la refriega mueren dos granaderos a manos de un militar que, vestido de civil y al ver que éstos agredían a su madre, les llenó el cuerpo de plomo. El saldo es terrible para el estado y los granaderos deben replegarse.

Óscar Fernández
Politólogo - Universidad Iberoamericana