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ROSARIO // POLITICAS CULTURALES. La paradoja rosarina: la mercantilización cultural en “la ciudad de la cultura”

Martes 11 de noviembre de 2014

Rosario, colonizada por la lógica monetarista y burocratizante que imprime el sistema, está sufriendo un hostigamiento cultural que va devorando (mediante curiosas y arbitrarias inspecciones, diversas multas y clausuras), espacios culturales que nuclean un amplio espectro de artistas locales independientes y autogestivos. Así, desde hace un tiempo y debido al accionar del gobierno de Fein y de Bonfatti (Partido Socialista de Binner), “la ciudad de la cultura” se ve envuelta en un paisaje cada vez más deplorable: artistas y centros culturales “mueren” por no tener ningún tipo de salida a la situación de entorpecimiento de las actividades que realizan.

En el contexto de una ciudad militarizada, que diariamente experimenta situaciones de violencia vinculadas al narcotráfico, y que se ve asediada por una represión cada vez más brutal y sistemática ejercida verticalmente desde el Estado, el gobierno provincial, la Gendarmería y la Policía, la cultura está sometida a una mercantilización cada vez más creciente. Es así como flyers, pancartas, afiches y carteles expuestos en la vía pública por grupos de artistas independientes, son considerados “Publicidad no autorizada” y también como los espacios culturales se ven obligados a cerrar sus puertas –temporalmente debido a clausuras, y en el peor de los casos de modo definitivo- por no poder sostener una reglamentación obsoleta requerida por el municipio, que reduce los centros culturales a “boliches”, “bares con ambientación musical/ números en vivo”, o “restoranes culturales”. Numerosos casos ejemplifican esta lamentable realidad cada vez más naturalizada por la sociedad: Bon Scott, Kika, Pichangú Cooperativa y El olimpo fueron clausurados reiteradas veces; El espiral fue multado y ocultado y, por último, ante el agotamiento de sus dueñas a causa de la presión burocrática y las trabas económicas a las que se ven afectadas, Bienvenida Casandra cerrará sus puertas definitivamente el próximo mes.

En vista de esta problemática, los grupos que engloban a los artistas independientes de Rosario, como ECUR (Espacios Culturales Unidos de Rosario), COBAI (colectivo de artistas del movimiento) y Qubil (colectivo de músicos independientes), decidieron luchar juntos para ponerla en discusión y combatirla. Como consecuencia de esta iniciativa, surgieron espacios de debate: por ejemplo Colectivo Avispero es un grupo multiestético y multicultural que desde hace cuatro meses se propone accionar sobre esta cuestión. Al respecto, Nilo Costa, periodista, músico e integrante del mismo, observó: “Empezamos a ver que había un denominador común, referido a las actividades que realizaba cada uno, que era la falta de libertad de expresión” y que “había un ahogamiento muy notable de la cultura independiente”. Se refirió a la prohibición de promocionar las diferentes propuestas en la vía pública, acentuando que los espacios se encuentran vedados, y que por eso, desde el colectivo, se promueve “sacar la cultura a la calle y evidenciar que ésta no es sólo la oficial, sino que es infinitamente más amplia y excede el sello de la Municipalidad de Rosario”.
A pesar de todo esto, la cultura independiente de las instituciones se manifestó este domingo en los espacios públicos, como forma de repudiar la lógica de mercado a la cual se la está empujando. Esto se vio plasmado en la realización, en el Parque España, del “Festival no autorizado”-en el cual hubo intervenciones artísticas y actividades itinerantes- y la “Feria del disco independiente” llevada a cabo en “Gran Atlas” (Mitre 645). Propuestas como estas son algunas muestras de los esfuerzos por visualizar la situación y mostrarle a la gente lo que está pasando, como una forma de desnaturalizar la opresión que está detrás de las fajas de censura, en las cuales, como afirmó Nilo, “se esconden hechos nefastos como los despidos de trabajadores en las fábricas y asesinatos de militantes en manifestaciones, a manos de la represión policial”.

Hoy el saldo de la mercantilización de la cultura en Rosario es otra vez triste y lamentable, y es hora de romper con el silencio. Momento de luchar para que el sistema y las autoridades dejen de arrebatarle a la sociedad los pocos espacios que los mismos artistas han creado para sostener la actividad cultural. Y, por sobre todas las cosas, no olvidar que se la debe entender “no como mero objeto de consumo sino como la posibilidad de una experiencia individual y social enriquecedora y transformadora”, teniendo presente que se hace entre todos y atraviesa a todos. En palabras de Nilo: “Mientras sigamos haciendo de esto una queja permanente desde la habitación de cada uno, la situación no va a cambiar, uno no se puede quedar callado, no te pueden clausurar ni poner fajas prohibitivas porque si, ya que la expresión es una actividad libre y constitucional”.