El nuevo incendio ocurrido en Valparaíso el pasado 2 de enero de 2016 dejó en evidencia la inexistencia de un plan de mejoramiento y gestión urbana de parte del municipio.

Vicente Mellado Licenciado en Historia. Universidad de Chile. Magíster © en Ciencias Sociales, mención Sociología de la Modernización. Universidad de Chile
Jueves 5 de enero de 2017
Vicente Mellado Carrasco, Licenciado en Historia, Universidad de Chile.
Director del Centro de Estudios de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (CEFECh) 2016-2017.
El nuevo incendio ocurrido en Valparaíso el pasado 2 de enero de 2016 dejó en evidencia la inexistencia de un plan de mejoramiento y gestión urbana de parte del municipio porteño.
Hace unos meses asumió un nuevo alcalde que promete resolver una serie de problemas sociales en el puerto: Jorge Sharp del Movimiento Autonomista (MA). ¿Habrá esperanza para los vecinos y trabajadores de los cerros vivir en un espacio urbano libre de incendios?
Nosotros creemos que sí existe esa esperanza. Pero vendrá de los vecinos y trabajadores organizados que discutan y deliberen la creación de un plan de desarrollo y gestión urbana.
Desde 2014 hasta la fecha se produjeron 3 incendios devastadores en Valparaíso, afectando a población pobre y asalariada. En abril de 2014, el arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) Iván Poduje sostuvo que el responsable de los incendios es la planificación urbana de la ciudad puerto [1]
Luego de dos años de ocurrido el primer gran incendio, Felipa Fisher, del Observatorio Valparaíso, afirmó que hasta abril de 2016 solo se gastó “el 48% del presupuesto de infraestructura previsto para los años 2014 y 2015”. La geógrafa también afirmó que de los 79 proyectos con un presupuesto de 502 millones de dólares, estas se repartieron en “seis reparticiones públicas, sin una entidad que las coordine o lidere” [2]
El problema es evidente. El municipio bajo la administración del alcalde de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Jorge Castro, puso trabas burocráticas para la aplicación de proyectos de reconstrucción. Peor aún, el dinero que se invirtió fue mal gastado y utilizado en espacios sin consulta y supervisión de los vecinos y trabajadores de las áreas afectadas. Como siempre ocurre en estos casos, lo que falta no es dinero, sino saber quién es el que planifica y gestiona su inversión.
En Chile, la casi totalidad de los municipios están o han sido administrados por alcaldes y concejales corruptos en mayor o menor grado. La mayoría son políticos del gobierno o de la derecha al servicio de los empresarios inmobiliarios. Por lo tanto, no se puede tener ninguna confianza en estos. La única confianza que se puede tener es en las mismas organizaciones de trabajadores y vecinos. A su vez, la alcaldía debe garantizar la existencia de espacios que permitan a los vecinos y trabajadores agruparse en comités junto a obreros de la construcción y discutir un plan en conjunto.
Por un plan de desarrollo urbano elaborado y gestionado por las organizaciones vecinales, sindicales y universitarias de Valparaíso
El nuevo alcalde, Jorge Sharp, heredó de su antecesor pinochetista un déficit de 50 mil millones de pesos. [3]. La situación económica es compleja en la ciudad puerto. No puede culparse al nuevo alcalde por ello.
Por eso la alcaldía debe exigir al Estado de Chile un presupuesto para la reconstrucción urbana. Este debe ser determinado y gestionado por la acción mancomunada de las juntas de vecinos, sindicatos, y profesionales del área urbana, con plena independencia y autonomía política en la toma de decisiones, tanto del Estado como del municipio. Si la reconstrucción o la planificación urbana dependen solamente de las decisiones del municipio y el gobierno, la corrupción será inevitable.
El nuevo alcalde fue electo con la promesa de aplicar un programa de desarrollo urbano y de solución integral a la precarización de los cerros de la parte alta de Valparaíso [4]).
Sin embargo, la única garantía para realizar una reconstrucción urbana íntegra de las zonas afectadas por el incendio es bajo el control, supervisión y dirección de las obras públicas por parte de comités de trabajadores, vecinos y profesionales del área urbanística. Son estos los que deben realizar los catastros de los cerros, no los funcionarios del municipio.
Los estudiantes de arquitectura, ingeniería y geografía de las distintas universidades porteñas pueden cumplir un rol fundamental en esta situación. Los trabajadores y vecinos de los cerros arrasados por las llamas necesitan de la ayuda del movimiento estudiantil. Pero el acopio de ropa y bienes no perecibles es insuficiente. Hace falta organizar un plan concreto de reconstrucción: la confluencia de estudiantes y trabajadores en una Coordinadora por la planificación urbana de Valparaíso constituye una necesidad política para resolver el problema y evitar que ocurran más incendios. Las federaciones estudiantiles pueden cumplir una tarea importante en la creación de la misma.
Por esto es una necesidad imperiosa la creación de comités de base de planificación urbana que coordinen a los actores sociales mencionados. Los sindicatos porteños deben solidarizar, en particular los obreros de la construcción, en coordinación con los vecinos afectados.
Muchas son las soluciones viables para mejorar la infraestructura de los cerros del puerto. Algunas ideas pueden ser: la construcción de teleféricos que mejoren la comunicación entre los cerros; dotación de servicios de agua potable garantizados en las quebradas; reforestación de las zonas con bosque nativo que absorbe 40 litros de agua al año —a diferencia de los eucaliptus, predominantes en el cordón montañoso, y que absorben 60 litros de agua al día; remoción y supresión de basurales en las quebradas por ser potencialmente inflamables, entre otras.

Vicente Mellado
Licenciado en Historia. Universidad de Chile. Magíster © en Ciencias Sociales, mención Sociología de la Modernización. Universidad de Chile