Antes de su llegada al G20 Theresa May, primera ministra británica reafirmó su derecho colonial sobre la isla y el “derecho a autodeterminación” de los kelpers.

Gabriela Liszt @gaby_liszt
Jueves 29 de noviembre de 2018 20:56
Desde 1833 cuando Gran Bretaña invadió las islas, izó su bandera y arrió la argentina, vienen defendiendo el “derecho” a su dominación como territorio de ultramar. Si la defensa es tan grande es porque grandes son los intereses geopolíticos de las islas. La corona británica ya desde esa época era consciente de que las islas abrían parte del océano Pacífico a sus intereses comerciales. Por otro lado tienen grandes recursos pesqueros y son una plataforma de rearme militar para defender sus multinacionales en territorio latinoamericano.
“Nuestra profunda e histórica relación constitucional con las Islas no cambiará como consecuencia del Brexit. Como ya dejé en claro, vamos a negociar un acuerdo para toda la familia británica, incluidas las Islas Falkland (Malvinas, NdE) y los territorios de ultramar del Reino Unido. Tenemos contactos frecuentes con las Islas Falkland en múltiples niveles, y vamos a seguir tomando en consideración sus prioridades a lo largo del proceso de salida de la UE”, dijo May apenas arribó al país. “Hay áreas que no son la soberanía que podemos trabajar juntos con la Argentina”.
May en sus declaraciones siguió desarrollando los verdaderos intereses de su imperio: “La Argentina tiene uno de los sectores agrícolas más productivos del mundo, además de importantes reservas minerales y de gas. Las empresas británicas pueden ayudar con el desarrollo de estos recursos, así como con la infraestructura requerida para que estos productos lleguen a los mercados. Por ejemplo, tenemos una cantidad de empresas energéticas británicas, grandes y pequeñas, que ya están trabajando en el terreno para desarrollar las distintas fuentes de energía de la Argentina. Entre ellas figuran desde grandes empresas, como BP o Shell, hasta operadoras especializadas, como Phoenix Global Resources o President Petroleum. De igual manera, en el área de la infraestructura asociada, una cantidad de empresas británicas ofrece servicios de primera línea en la Argentina, entre ellas BT, Turner & Townsend, y Vodafone. El sector británico de servicios financieros -por ejemplo, HSBC, Standard Chartered, y Schroders- también está presente en la Argentina apoyando el financiamiento de estos proyectos y, en el área de seguros, reduciendo los costos de estos proyectos y dando lugar a innovadores planes de financiamiento, entre ellos las asociaciones público-privadas que se utilizarán para ampliar la infraestructura argentina. La Argentina también posee una fuerza de trabajo altamente calificada y con dominio de idioma inglés, que es la razón por la cual el British Council ha ubicado su centro de enseñanza remota regional en Buenos Aires, trayendo a la Argentina los beneficios de su calificada dotación de trabajo”. (Clarín, 29/11/2018)
Un poco de historia
En 1982 no fue el antiimperialismo lo que impulsó a los militares a ocupar las islas sino una aventura para desviar el creciente cuestionamiento a la dictadura del conjunto de la población. Los militares demostraron para siempre su incapacidad para vencer a los ingleses porque siempre su enemigo principal es “el enemigo interno”. El “enemigo externo” sólo existió para combatir junto a los yanquis en Centroamérica o para participar de la invasión a Irak secundando a la flota británica.
Argentina restableció relaciones con el Reino Unido en 1990, ocho años después de la guerra. En 1998, el expresidente Carlos Menem (el cipayo de las “relaciones carnales”) visitó el Reino Unido dejando una ofrenda floral en el monumento a los soldados ingleses caídos en la guerra. En 1994 el príncipe Andrés (hermano de Carlos y combatiente en la guerra de Malvinas) visitó la Argentina que seguía presidida por Menem. En 1995 lo hizo Lady Di (como acción de beneficencia). En 1999, llegó el turno del príncipe Carlos quien esperaba que los argentinos seamos amigos de “una pequeña democracia ubicada a unos cientos de millas”. Desde allí se normalizaron los vuelos directos a las Islas Malvinas, bloqueados desde 1982. Aunque no para Aerolíneas Argentinas sino la empresa chilena LAN Airlines.
La primera visita de un premier británico fue en julio de 2001, aunque no en Buenos Aires. Tony Blair se reunió en las cataratas del Iguazú con el entonces presidente argentino Fernando de la Rúa.
El 2015 estuvo marcado por provocaciones de la BBC de Londres, el anuncio del envío de mayor armamento, de las petroleras inglesas acerca del encuentro de reservas de petróleo y gas en las islas y las revelaciones de espionaje realizadas por Snowden. Esto reavivó el debate sobre la guerra.
En diciembre de 2016 Macri firmó con May “adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”.
En 2017 la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, tuvo que pedir "disculpas por el error" de haber omitido a las Islas Malvinas en un mapa con un saludo por Año Nuevo. ¿Habrá sido por la enseñanza recibida durante su primaria y secundaria en la escuela bilingüe St. Catherine’s School?
No hay dudas que las islas forman parte del territorio argentino y que la reivindicación de su devolución es totalmente legítima y junto a otras medidas antiimperialistas, forma parte de nuestra verdadera liberación de las grandes potencias. Sólo proimperialistas como Macri pueden decir que recuperar las islas “sólo agregaría un gasto más”. Para la mayoría de la población es un reclamo legítimo aunque luego de la política de “desmalvinización” comenzada por Alfonsín ha quedado en la conciencia que “al imperialismo no se lo puede enfrentar”. Algo similar sucede con el FMI y el pago de la deuda externa.
Recuperar las Malvinas está inscripto en las tareas que tenemos por delante las y los trabajadores y el pueblo de Argentina. Junto con la expropiación de las grandes multinaciones industriales y financieras que succionan las riquezas de nuestro país y de toda América Latina.
¡Fuera ingleses de Malvinas y todas las potencias imperialistas de América Latina!

Gabriela Liszt
Nació en Buenos Aires. Militó en el PST desde 1981, en el MAS hasta 1988. Una de las fundadoras de PTS y del CEIP "León Trotsky". Investigó, compiló y prologó varias de las publicaciones de Ediciones IPS-CEIP, entre ellas La Segunda Guerra Mundial y la revolución, Mi vida, Lenin, El Programa de Transición y la IV Internacional.