Bien es sabido que en Chile no existe un programa personalizado en salud emocional de las y los trabajadores. Los departamentos de recursos humanos en las empresas están lejos de preocuparse por la estabilidad mental de los trabajadores y la salud pública carece de una planificación para la contención los distintos problemas de ansiedad, crisis de pánico, y estrés laboral que sufren hoy en día las y los trabajadores del país.
Miércoles 8 de julio de 2020
Estos días de confinamiento obligatorio para millones de personas hacen que la perspectiva de lo cotidiano haya cambiado profundamente para un gran sector de la población. Los paseos con la familia, tiempos de ocio y distracción, hacer vida social con personas cercanas e incluso la vida en pareja se ha vuelto problemática.
Según estudios del Departamento de Psicología de la Universidad Mayor un 40% de la población que cumple con las medidas de confinamiento sufre de cuadros depresivos y otro 66% sufre de ansiedad.
En la “Guía práctica para el bienestar emocional” confeccionada por el MINSAL, lisa y llanamente se normalizan una lista de problemas relacionados a lo que nos puede suceder en estos días de emergencia sanitaria: Incertidumbre y ansiedad, miedo a la cuarentena a contagiarse o contagiar a los seres queridos, temor a no poder trabajar, al despido o la suspensión del empleo, entre otros problemas que se exponen en una acotada lista de generalidades.
Si, leyó bien, en esta lista plantea que seria normal tener miedo a perder el trabajo. Entonces nace la simple pregunta: ¿Es “normal” o “natural” temerle a la cesantía? No, de ninguna forma esto es una cuestión de orden natural, es el gobierno, que le garantiza a los empresarios la opción de suspender y despedir con facilidad el que genera esta situación. La depresión y ansiedad que genera la pandemia seria mucho mas evitable si se priorizara el bienestar de la población por sobre las ganancias de los empresarios.
El temor a perder el trabajo lleva encomendado también el temor al hambre; al desamparo y desprotección social de cualquier persona. Y es exactamente lo que pasa hoy en Chile con una población sumida en la pobreza, con créditos para vivir aún más endeudados y con empresas que no dan suficiente cobertura y protección sanitaria a sus trabajadores. Son un sinfín de factores que hacen que un pueblo completo esté en el más absoluto desamparo, esperando cajas de misericordia, bonos o créditos para solo aumentar el ya excesivo nivel de endeudamiento que registran millones de hogares.
Resulta necesario un programa de protección real de la salud física y mental de los y las trabajadoras de Chile, con una cobertura ampliada de las redes hospitalarias del País, uniendo la salud pública y privada, administrada por sus propios trabajadores, para efectivamente lograr sobrellevar las consecuencias de la pandemia y de la nefasta política del gobierno de Piñera.