La lucha del pueblo chileno ha generado un enorme impacto en toda la región y en el mundo entero, por eso las muestras de solidaridad no se han hecho esperar, expresándose a través de importantes actos en diferentes embajadas chilenas de países como Argentina, Bolivia, Francia, Perú, entre otros.

Cecilia Quiroz Bachiller en Historia, militante de Pan y Rosas Perú y la CST
Miércoles 23 de octubre de 2019
Foto: Telam/AFP
Esta rebelión popular también ha servido para poner en evidencia la hipocresía de instancias del imperialismo como la OEA o el grupo de Lima, quienes se precian de defender la democracia y los derechos humanos. Sin embargo, hasta la fecha mantienen un ruidoso silencio y no se han pronunciado por la violenta represión y los 15 muertos en manos de los Carabineros y Militares a raíz del Estado de Emergencia y del Toque de Queda decretado por Piñera en las principales ciudades de Chile.
Mientras tanto, el presidente peruano Martín Vizcarra, el pasado martes 22 octubre desde la ciudad de Cajamarca y ante la pregunta de un periodista sobre la situación en Chile, decía: “Nosotros debemos enfocarnos en los problemas de nuestro país y trabajamos para que no pasemos las cosas que hoy pasan en Chile”. Con estas declaraciones Vizcarra lo que buscaba era hacernos olvidar su estrecha amistad y cercanía política al presidente Sebastián Piñera con quien, hace dos semanas atrás, enviaban apoyo a su par Lenín Moreno de Ecuador -quién recientemente también reprimió brutalmente al pueblo ecuatoriano- y mutuamente se llenaban de elogios.
Las protestas en Chile han despertado también el temor en periodistas, economistas y políticos peruanos al servicio del status quo, quienes ven en el modelo neoliberal la única forma posible de implementar el desarrollo económico y social. Por eso ahora, sin explicaciones, intentan demostrar porque se llegó a esta rebelión popular responsabilizando al vandalismo y a fuerzas externas como el chavismo, con lo cual lo que buscan en realidad es ocultar lo más que se pueda el fracaso precisamente del neoliberalismo chileno, el cual por muchos años fue considerado como un ejemplo a seguir en la región.
Otro de los silencios que llama la atención es el mostrado hasta ahora por los sectores de la izquierda reformista y neorreformista y de las direcciones de las grandes centrales sindicales peruanas, quienes formalmente no han sentado posición sobre este importante hecho que viene conmoviendo el continente y al mundo entero. La misma posición mantuvieron cuando se dio la lucha del pueblo ecuatoriano que después de 12 días hizo retroceder al gobierno de Lenín Moreno. El silencio de este sector frente a los sucesos de Chile y Ecuador tiene mucho que ver con que estos hechos interpelan frontalmente la estrategia política de esta izquierda, la cual se basa en la colaboración de clases y en la defensa de la institucionalidad.
Las bases materiales de la bronca social y las perspectivas que se abren
Desde el 2002 hasta el 2013 el Perú se benefició del ciclo de crecimiento económico auspiciado por los buenos precios de los metales que se vendían a los países con alto desarrollo industrial. Por esa razón el PBI nacional en su mejor momento superó el 8%, lo cual llevó a que se empiece a hablar “del milagro peruano” y junto a Chile, se nos considere como los modelos a seguir.
Sin embargo, este ciclo de crecimiento empezaba a declinar a finales del año 2013, como consecuencia del impacto de la crisis económica internacional abierta el 2008, y en los años siguientes se dan distintos “bajones” en el crecimiento económico, lo cual ha llevado a que los especialistas coincidan en que en este año cerrara con un crecimiento del PBI no mayor al 2.5 %. Estas cifras tienen un impacto concreto en la vida de las familias trabajadoras que cada vez se hacen más pobres ya que el salario alcanza menos para cubrir gastos básicos. Así mismo, se ha dado un incremento del desempleo, del sub empleo y de la precariedad laboral, lo cual se potencia notoriamente con las medidas de ajuste económico que los diversos gobiernos han venido implementando desde el 2013 hasta la actualidad para hacer que las consecuencias de la crisis económica la terminemos pagando el pueblo y los trabajadores.
Esta desaceleración de la economía puso en evidencia también los límites del neoliberalismo y abrió una profunda crisis política la cual explotó cuando se hicieron públicos los casos de corrupción de políticos y funcionarios de alto nivel, quienes se encontraban vinculados a las redes de corrupción promovidas por empresas como Odebrecht. El grado de asimilación de los partidos políticos y sus principales líderes a la dinámica de las empresas capitalistas es tal, que los últimos cinco presidentes de la República y los dos últimos alcaldes de Lima están estrechamente vinculados a la corrupción por lo cual, o se encuentran investigados o en prisión, incluso uno de ellos terminó suicidándose (Alan García) cuando ya se hacía inminente su encarcelamiento.
A diferencia de Chile y de Ecuador, la crisis en el Perú ha sido "resuelta" - al menos en esta etapa - desde la institucionalidad del régimen del 93. Y esto fue posible porque las movilizaciones en rechazo al indulto a Fujimori y los escándalos por la corrupción en el Poder Judicial, que en su momento generaron mucho descontento social, fueron canalizados hacia el referéndum que propuso el presidente Vizcarra en diciembre del 2018, con el cual se evitó que la calle decida. Para concretar estas iniciativas de desvío, el gobierno contó con el apoyo de la dirección de las grandes centrales sindicales y los partidos neorreformistas como el Nuevo Perú, quienes, bajo el manto de la lucha contra el fujimorismo, se convirtieron en los portavoces de la política del ejecutivo y evitaron cualquier posibilidad de lucha masiva con independencia de clase. Canalizaron así toda la fuerza de las calles hacia las urnas del referéndum, lo cual empoderó a Vizcarra permitiendo que este año, cuando se abrió nuevamente un capítulo de la crisis política a raíz de las luchas de Tambo y de los cuestionamientos al fujimorismo parlamentario, el presidente lo termine resolviendo por arriba con el cierre del parlamento sin que pudiera intervenir el movimiento de masas.
Por ello y paradójicamente, ahora que la lucha de clases ha vuelto sobre Latinoamérica y las jornadas de Ecuador y Chile muestran que el camino para enfrentar los planes de ajuste en curso es la acción directa de las masas, en nuestro país encontramos a un poder ejecutivo fortalecido y con las facultades jurídicas y políticas suficientes para arremeter con más medidas de ajuste contra el pueblo trabajador como ya lo venía haciendo hasta ahora. Sin embargo, los sucesos de Ecuador y Chile, al poner en evidencia que ante el ajuste de gobiernos serviles las masas tienden a levantarse incluso rebasando la voluntad de sus direcciones traidoras, dejan latente la posibilidad que en el Perú próximamente se den nuevos estallidos sociales, para lo cual debemos estar preparados ya que estas nuevas irrupciones sociales pondrán también en agenda la posibilidad de construir una izquierda más allá del viejo reformismo y del neorreformismo.
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