Ante la movilización feminista, que viene en ascenso, Sebastián Piñera e Isabel Plá han salido a responder. Pero ¿qué es lo que buscan en realidad? ¿Cuál es la perspectiva que necesita el movimiento de mujeres?

Suely Arancibia Auxiliar Hospital Barros Luco.
Jueves 24 de mayo de 2018
Este último mes, el movimiento de mujeres ha irrumpido la agenda del Gobierno, con paros, tomas, marchas y masivas asambleas, las mujeres demostramos que vivimos un momento histórico, donde se está cuestionando el acoso y el machismo que se vive al interior de las casas de estudio.
Ante esta movilización feminista que viene en ascenso, el Gobierno el día de ayer salió a presentar su agenda sobre equidad de género, donde Piñera señaló que “hacen muy bien las mujeres en luchar por una causa justa y noble”, mientras que Isabel Plá dice que “probablemente las chilenas no tengamos una oportunidad como la que estamos viviendo hoy”. Pero ¿qué es lo que busca el Gobierno al salir apresuradamente con una agenda y mostrarse a favor de la lucha feminista?
Lo que están haciendo, es buscar cooptar las demandas del movimiento de mujeres y desactivar la histórica movilización, otorgando pequeñas cosas y “avances” que en realidad no dan una respuesta y una solución real al problema del machismo, la desigualdad y la explotación hacia las mujeres.
En su agenda no hacen referencia a la educación no sexista, la cual ha sido demandada y ha estado en las discusiones de las asambleas, tampoco da salida a las diferencias existentes entre los salarios de hombres y mujeres, no dice nada sobre las explotaciones que viven mujeres trabajadoras y subcontratadas día a día, y menos aún considera el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito, donde son millones de mujeres las que mueren tras los abortos clandestinos.
Para conquistar una sociedad sin estas injusticias, donde no reine el machismo ni el patriarcado, ni menos aún la opresión y la explotación hacia las mujeres, no basta con un “cambio cultural” como ha señalado Plá, ya que el problema que enfrentamos hoy es estructural y se encuentra arraigado en este sistema. El Gobierno, la Iglesia, los rectores y los empresarios son los que sostienen y reproducen el machismo en la sociedad y en las casas de estudio, al generar las condiciones, no hacerse cargo realmente, a través de su moral conservadora y resguardando este sistema que beneficia a empresarios a través de sus reformas.
Debemos dejar claro, que el Gobierno no es nuestro aliado, sino que nuestro enemigo y que con estas pequeñas cosas busca lavarse las manos, no debemos olvidar que se han opuesto a las demandas por el aborto, que sostienen la opresión a través del subcontrato, pensiones miserables para las mujeres, brechas salariales de casi un 40% y son quienes representan los intereses de los empresarios que sostienen este sistema. Nuestros aliados tienen que ser el conjunto de los estudiantes, las funcionarias y funcionarios, las y los académicos, así como también el conjunto de las trabajadoras y trabajadores explotados.
El movimiento de mujeres tiene la posibilidad histórica para vencer, pero para hacerlo tiene que enfrentarse a las autoridades y al Gobierno, a los rectores y su autoritarismo universitario, pero para poder combatir la violencia machista de raíz, no basta solo con eso, debemos pelear contra el conjunto del sistema capitalista y levantar demandas que cuestionen el régimen actual, demandas que vayan por conquistar una educación no sexista que contenga financiamiento integral por parte del Estado, el fin al autoritarismo universitario alcanzando cogobiernos triestamentales en las casas de estudio, comisiones triestamentales independientes de las autoridades que decidan qué hacer frente a cada caso de violencia machista, conquistar demandas como el aborto legal, libre, seguro y gratuito, terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres y acabar con el subcontrato y la precarización laboral. Por esto, desde Pan y Rosas levantamos un feminismo socialista, que cuestiona cada uno de los pilares de esta sociedad que sostienen el patriarcado, el abuso, la opresión y la explotación.