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Debate. La reforma educativa, la CNTE y la pasivización del magisterio

Desde la promesa de cancelar la reforma educativa hasta ahora, la política de AMLO busca evitar la movilización del magisterio, a lo que contribuye la política de la dirección de la CNTE.

Arturo Méndez Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Viernes 14 de junio de 2019

Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN), el magisterio fue el sector de trabajadores que más resistió los planes neoliberales, particularmente en la lucha por la abrogación de la reforma educativa del Pacto por México.

En 2013 y 2016, la dirección de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), encabezando una enorme disposición a la lucha que se expresaba en las calles a lo largo y ancho del país, centró su estrategia en la búsqueda de diálogo con el gobierno en lugar de desarrollar y fortalecer, por todas las vías posibles, el movimiento magisterial-popular (sin levantar una política efectiva de frente único obrero), conduciéndolo así al aislamiento y al desgaste (a lo que contribuyó la inacción de las burocracias sindicales opositoras), para terminar en el callejón sin salida de las mesas de negociación por estado.

Hacia el final del sexenio, en un contexto post-Ayotzinapa marcado por la crisis de legitimidad de los partidos y las instituciones del régimen, apareció Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para capitalizar el descontento social, incorporando entre sus promesas la cancelación de la reforma educativa, una política dirigida a “solucionar” el problema magisterial.

En junio de 2018, cuando ya se percibía como inminente el triunfo electoral de AMLO, la dirección de la CNTE decidió levantar los últimos paros magisteriales contra la reforma educativa bajo la presidencia de EPN, y replegarse para esperar el resultado del 1 de julio, sembrando expectativas en el futuro gobierno. Seguiría luego una nueva búsqueda de diálogo y los primeros encuentros, inicialmente con el gobierno electo y después con representantes del gobierno federal entrante.

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Durante el periodo de transición y los primeros meses de la 4T, el Ejecutivo de López Obrador y la nueva legislatura dominada por el Morena recurrieron a toda clase de maniobras, simulaciones y engaños, mientras negociaban con los partidos del Pacto por México, hasta llegar a la promulgación, el 15 de mayo, de una “nueva” reforma educativa, aparentando que a los maestros se les había tomado en cuenta.

Más información: De simulación en simulación, entró en vigor la nueva reforma educativa

Se trata, sin embargo, de una reforma señalada por numerosos especialistas en educación, por la propia CNTE e incluso por legisladores del PRI -que por eso la votaron- como continuidad, en gran medida, de la anterior.

Leer: Reforma educativa de AMLO, ¿continuidad de los planes neoliberales para la educación?

Después del 15 de mayo (en los marcos de la reforma)

Ya con la reforma promulgada, el titular del Ejecutivo accedió a reunirse, por primera vez desde que asumió el cargo, con representantes magisteriales tanto de la CNTE como del SNTE, bajo el discurso de que la reforma del sexenio de Peña Nieto había sido cancelada y los maestros habían sido escuchados.

Así, el pasado 27 de mayo, la Comisión Nacional Única de Negociación (CNUN) de la CNTE se reunió, por segunda ocasión, con López Obrador en Palacio Nacional. Ahí, Andrés Manuel entregó una carta a la CNTE en respuesta al documento presentado por los maestros disidentes al Presidente en su primer encuentro.

En su carta, AMLO propone “iniciar a la brevedad una mesa de trabajo con representación del gobierno federal y de todos los sectores magisteriales, para redactar de manera conjunta las leyes reglamentarias de la nueva reforma (educativa) constitucional, bajo los siguientes lineamientos generales”, mismos que podemos resumir así:

1. Basificación de todos los maestros de acuerdo a la ley federal de trabajadores al servicio del Estado.
2. Federalización gradual de todas las plazas magisteriales y elaboración de un modelo de homologación salarial.
3. Según la demanda futura de nuevos maestros, definir en común acuerdo el número de alumnos por normal, los métodos de admisión y otorgar plazas a todos los egresados.
4. Promociones y ascensos basados en antigüedad (40%), experiencia y tiempo de trabajo en zonas de marginación, pobreza y descomposición social (40%) y reconocimiento de buen desempeño en el cual participen padres, alumnos y compañeros de trabajo (20%).

Junto a ello, el Presidente propone un sistema de mejoras y mantenimiento de las escuelas para el que se creará, en cada plantel, un Comité Escolar de Administración Participativa (CEAP), integrado por docentes, madres y padres de familia y alumnos a partir de 4° de primaria, electos mediante asamblea escolar al inicio de cada año lectivo. Cada CEAP recibirá trimestral o semestralmente, de manera directa desde la Secretaría de Hacienda y previo recuento de las necesidades, condiciones y población de cada plantel, el presupuesto para construcción, mejoras y mantenimiento. La mano de obra, al parecer, la pondrán por ley los padres de familia.

Agrega que con la reforma laboral y el voto libre, directo y secreto para la elección de dirigentes, se dispone de las condiciones para la democratización efectiva de los sindicatos. Y señala que su gobierno está trabajando en la reparación del daño a los maestros afectados en la lucha contra la reforma educativa.

De esta manera, el gobierno de López Obrador se apropia de algunas de las principales demandas de los maestros, para aplicarlas a su manera (y no necesariamente de acuerdo a las necesidades de la educación pública y sus trabajadores, lo cual merece un tratamiento aparte), con el objetivo de evitar nuevas movilizaciones. No por casualidad, la carta de AMLO inicia y finaliza reconociendo el papel social y político del magisterio mexicano, un actor que conviene mantener tranquilo. A ello responde también la eliminación de la evaluación vinculada a la permanencia.

Al finalizar la reunión del 27 de mayo, los representantes de la CNTE festejaban coreando junto al Presidente: “ya cayó, ya cayó, la reforma ya cayó”.

Como resultado de dicha reunión se acordaron seis mesas de diálogo entre funcionarios públicos y la CNUN, mismas que comenzaron sus trabajos el 30 de mayo.

Este 12 de junio se realizó una tercera reunión para presentar los avances de las mesas al jefe del Ejecutivo. Entre los acuerdos destaca la reinstalación de casi 400 maestros cesados y la pronta liberación de los profesores presos a partir del próximo lunes, así como el inicio de un proceso para la basificación. También se acordó, según un comunicado de la Coordinación de Maestr@s de la Región Oriente (Iztapalapa) de la Sección 9 Democrática CNTE-SNTE, la desaparición de los clubes y el restablecimiento de las materias de tecnologías.

Además, se establecerán ahora mesas de trabajo tripartitas, con la participación de gobernadores, representantes magisteriales y el titular de la SEP, Esteban Moctezuma, y se programó una nueva reunión de la CNTE con AMLO para dentro de 15 días.

Algunos avances, ¿a cambio de qué?

La dirección de la CNTE se ha integrado sin reparos a la ruta trazada por el Ejecutivo Federal, avalando así, en los hechos, la reforma a los artículos 3, 31 y 73 constitucionales, que restringe todo cuanto se pueda establecer en las leyes secundarias.

A cambio del establecimiento de mesas de diálogo, acepta cuestiones como el régimen de excepción laboral para los maestros y una nueva carrera magisterial, la sustitución del concepto de calidad por el de excelencia, o la “educación inclusiva” que apunta a la privatización de la educación especial.

Además de otras que, por citar las palabras de AMLO en su carta a la CNTE, “representan la superación de la mal llamada reforma educativa”, como el carácter constitucional que ahora tienen los requisitos establecidos por las instituciones –por ejemplo los restrictivos exámenes de admisión- para acceder a la educación superior; o el reemplazo del INEE por un nuevo organismo que garantiza mayor control empresarial sobre la educación pública, con nuevas facultades como la injerencia en la definición de planes y programas de estudio y la emisión de lineamientos relacionados con el desarrollo del magisterio.

Las cuestiones tratadas en las mesas de diálogo como la reinstalación de los cesados, la liberación de presos políticos, las consecuencias de la reforma educativa y lo referente a la seguridad social, son producto de la lucha magisterial contra la reforma de Peña Nieto, y deben ser tratadas aparte, sin depender de la aceptación de la nueva reforma educativa. La CNTE no tendría que permitir que el gobierno las utilice como moneda de cambio.

Mención aparte merece la mesa sobre democracia sindical, en la que la dirección de la Coordinadora, renunciando a dar una lucha independiente, mediante el impulso de la organización democrática desde las bases para echar del SNTE a los charros, por el contrario le abre la puerta al gobierno para entrometerse en la vida sindical.

La confianza depositada por los dirigentes de la CNTE en el gobierno, no sólo le permite a López Obrador continuar aparentando que los maestros somos tomados en cuenta para la definición de las políticas educativas, sino que siembra expectativas en el magisterio de que sólo dialogando, sin mediar una gran lucha, podrán conquistarse realmente mejores condiciones laborales y para la educación pública. Es decir, avalan la idea de que la 4ª Transformación (un gobierno con un Consejo Asesor Empresarial) va resolver desde arriba las demandas de la clase trabajadora.

De conjunto, la política del gobierno aceptada por la dirección de la CNTE tiende a la pasivización del magisterio. De concretarse esta tendencia, la primera consecuencia será dejar pasar la reforma y sus leyes secundarias sin lucha, algo contra lo que las combativas bases de la Coordinadora han luchado durante años.

Pero además, puede expresarse en la pasividad de los maestros mientras avanzan los aspectos más reaccionarios de la Cuarta Transformación; mientras se militariza el país con la Guardia Nacional y son perseguidos los migrantes; mientras se imponen los megaproyectos, se persigue y se asesina a los activistas y se hostiga a las comunidades zapatistas; mientras la “austeridad republicana” se traduce en despidos y en recortes en salud y educación; mientras aumenta la carestía y se precariza la vida de millones; mientras otros sectores de trabajadores salen a luchar por sus demandas.

Por todo esto, es necesario que la CNTE cambie su estrategia como parte de las filas obreras que resisten la embestida del gobierno y el capital.

Mientras tanto, en un nuevo acto de simulación, las comisiones de educación de diputados y senadores ya acordaron celebrar audiencias públicas sobre las leyes reglamentarias de la reforma educativa los días 24, 25 y 26 de junio, con el objetivo de tener lista la legislación secundaria en la primera quincena de agosto, antes de iniciar el próximo ciclo escolar.

Reactivar el movimiento con independencia del gobierno

La CNTE tiene una larga trayectoria de lucha combativa y principios que reivindicamos. Pero esto no quiere decir que compartamos incondicional y acríticamente la estrategia política de sus dirigentes.

Sin negar el derecho de la Coordinadora a ser reconocida como legítima representante de un sector muy importante del magisterio disidente, nos parece que la política de buscar negociar a toda costa y permanentemente con el gobierno federal o los legisladores, independientemente de la relación de fuerzas con que cuenta el movimiento magisterial, ha llevado a éste a un callejón sin salida, e impedido que logre cabalmente sus demandas; posibilitando, por el contrario, que AMLO haga propaganda –y se legitime- diciendo que está cumpliendo sus compromisos con el magisterio, cuando sabemos que esto no es verdad.

Nos parece que el movimiento magisterial necesita una política que impulse la movilización y la más amplia unidad de todos los trabajadores de la educación, a lo largo y ancho del país, más allá de los estados donde dirige o tiene presencia la CNTE. Que promueva la unidad con otros trabajadores y sectores populares para luchar en común por todas nuestras demandas (entre ellas rechazar los despidos de trabajadores con el pretexto de la “autoridad republicana”). Que en lugar de confiar en la negociación, inculque entre sus bases la necesidad de confiar únicamente en las propias fuerzas y no en el gobierno, las instituciones del régimen político o los partidos patronales; que enfrente al charrismo sindical en sus distintas variantes y promueva consecuentemente la organización democrática del magisterio desde las bases, con miras a transformar al SNTE en una herramienta que sirva realmente para defender nuestros derechos y la educación pública.

Es necesario poner en pie un poderoso movimiento magisterial democrático para cerrarle el paso a Elba Esther Gordillo, cómplice durante décadas de las políticas neoliberales contra la educación pública y que ahora, con sus Maestros por México, quiere recuperar el control SNTE; así como para recuperar el sindicato de manos de la dirección de Alfonso Cepeda y sus huestes, que ayer fueron sostén de la reforma de Peña Nieto y hoy se proclaman “ejército intelectual” de López Obrador.

Desde la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase queremos abrir este debate con todas las compañeros y compañeros que se asumen como parte de la CNTE, así como con todas las maestras y maestros que se reivindican democráticos, en el entendido de que más allá de si coinciden o no con nuestros planteamientos y propuestas, podemos y debemos marchar unidos en defensa de la educación pública y de nuestros derechos como trabajadores de la educación, contra los ataques del gobierno al pueblo trabajador y por una educación científica, crítica, gratuita y laica, que realmente se ponga al servicio de desarrollar todas las capacidades humanas.

* Arturo Méndez y Aldo Santos son maestros de secundaria e integrantes de la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase.