Esta entrega es parte de la reseña sobre la revista Clave. En sus páginas se dieron a conocer en español por vez primera importantes documentos de Trotsky y de la IV Internacional cuyo tópico era la conflagración mundial. ¿Pero cuál era el punto de vista desde el que abordaba esta cuestión el marxismo revolucionario?

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Sábado 29 de agosto de 2015
Trotsky ya desde el fin de la Primera Guerra Mundial se abocó al análisis de las contradicciones que habían quedado sin resolver, como la cuestión de qué imperialismo detentaría la hegemonía mundial, en el marco de que Inglaterra ya no podía hacerlo y EE. UU. aun no lo había logrado, pero perfilaba hacia ese rol en el escenario internacional, la disputa entre Francia y Alemania por la hegemonía en Europa, la de EE. UU. con Japón, y la de todas las potencias imperialistas con la URSS, para recuperar esos territorios para el capitalismo. En palabras de Trotsky:
"La vida del capitalismo monopolista de nuestra época es una cadena de crisis. Cada una de las crisis es una catástrofe. La necesidad de salvarse de esas catástrofes parciales por medio de murallas aduaneras, de la inflación, del aumento de los gastos gubernamentales y de las deudas prepara el terreno para otras crisis más profundas y más extensas. La lucha por conseguir mercados, materias primas y colonias hace inevitables las catástrofes militares. Y todo ello prepara ineludiblemente las catástrofes revolucionarias."(1)
Ya desde sus primeras páginas, Clave se pronuncia contra la guerra que se avecinaba y desarrolla la línea política a seguir en países imperialistas, en colonias y semicolonias, en países ocupados por el nazismo y en la URSS. En este breve recorrido, nos centraremos en particular en la política revolucionaria frente a la guerra en colonias y semicolonias, y en el análisis del carácter del conflicto mundial. Así, en la primera época, en el primer número de la revista, el cuerpo de redacción proclama:
"Los estalinistas y toledanistas, instrumentos del imperialismo franco-anglo-yanqui, tratan de arrastrar a México para que luche con ese bando imperialista. Luchar por la “democracia” de Inglaterra, Estados Unidos y Francia, gobernados por los imperialistas que intentan mantener a México y a todas las colonias y semicolonias en un estado de servidumbre y sobrexplotación, equivale a pedir a los esclavos que combatan en beneficio de sus amos.
Obreros y campesinos de México: Negaos a luchar a favor del imperialismo, no importa que sea “democrático” o fascista. No prestéis ningún servicio a quienes explotan y oprimen a México. Luchad contra el imperialismo."(2)
Señaló así la posición revolucionaria que era necesario mantener en los países coloniales y semicoloniales frente a la conflagración mundial.
Trotsky denunció una y otra vez el carácter reaccionario de la guerra imperialista y develó la farsa de pretender oponer la democracia contra el fascismo, y llevar así a las masas populares a ser carne de cañón de los gobiernos imperialistas “democráticos” como el inglés, el francés o el estadounidense, política impulsada por la Internacional Comunista.
"Luchar contra el fascismo estando en alianza con el imperialismo es lo mismo que luchar, estando en alianza con el diablo, contra su cola o sus cuerpos.
La lucha contra el fascismo exige ante todo la lucha contra los agentes del imperialismo “democrático” de las filas de la clase obrera. Sólo el proletariado revolucionario de Francia, de Inglaterra, de América y de la URSS, después de haber declarado a su propio imperialismo y a su agencia, la burocracia de Moscú, es capaz de despertar las esperanzas revolucionarias en los corazones de los obreros alemanes e italianos y al mismo tiempo, unificar alrededor de sí los centenares de millones de esclavos y semiesclavos del imperialismo en todo el mundo. Para asegurar la paz entre los pueblos hay que derrocar al imperialismo bajo todas sus máscaras. Sólo la revolución puede realizar esto. Para prepararla hay que oponer implacablemente los obreros y los pueblos oprimidos a la burguesía imperialista y unificarlos en un solo ejército revolucionario internacional. Esta gran tarea emancipadora está realizándose ahora solamente por la Cuarta Internacional."(3)
En el número 2 de la revista, desde México, el fundador del Ejército Rojo reafirma la naturaleza de las disputas interimperialistas que desembocarían la Segunda Guerra Mundial:
"La enorme y creciente desproporción entre el peso específico de Francia y de Inglaterra –sin hablar, siquiera, de Holanda, de Bélgica y de Portugal– en la economía mundial, y las dimensiones grandiosas de sus posesiones coloniales es una fuente de conflictos mundiales, es un fermento de guerras exactamente igual que la insaciable avidez de los “agresores” fascistas. Mejor dicho, los fenómenos de uno y de otro género no son más que caras diversas de una sola moneda. Las democracias “pacifistas”, Inglaterra y Francia, se apoyan sobre el aplastamiento de los movimientos democráticos nacionales de centenares de millones de hombres en Asia y en África, para obtener de ellos, enormes sobre-beneficios. Por otra parte, Hitler y Mussolini prometen ser “buenos” si reciben territorios coloniales suficientes.
Los Estados Unidos, gracias a la posesión casi absoluta de todo un continente con riquezas naturales inagotables, y por el juego de circunstancias históricas favorables, han extendido su dominio sobre el mundo, de una manera muy “pacífica” y “democrática”, si no se toman en cuenta detalles como el exterminio de los indios, el robo de la mejor parte de México, el aplastamiento de España, la participación en la Guerra Mundial, etc.
Sin embargo, este método “idílico” de explotación ya pertenece al pasado. La putrefacción rápida y terrible del capitalismo americano le plantea el problema de vivir o de morir, en una forma militar cada vez más acusada."(4)
En números posteriores de la revista, se publicaron lineamientos del marxismo revolucionario para formular un programa obrero en distintos países y regiones del mundo donde la respuesta frente a la guerra adquiría rasgos particulares. Como ejemplo, citamos un fragmento de la declaración del Comité Ejecutivo del Buró del Servicio Internacional Africano, del 25 de septiembre de 1938:
Hermanos de África y descendientes de africanos, ¿qué democracia, qué libertades, qué derecho tenemos en estos “gloriosos” imperios de Gran Bretaña, de Francia, de Bélgica, de Portugal, etc., que nos exigen ahora nuestra sangre para defenderlos? Nuestros opresores rapaces y sin piedad nos han robado nuestra tierra, destruido nuestra civilización e impuesto en su lugar un régimen peor que el de la esclavitud. Nos encierran en nuestros propios países, nos acorralan como rebaño en campos de concentración, nos obligan a llevar tarjetas de identificación como criminales comunes y nos pagan salarios de hambre. […]
¡Denunciemos a toda la pandilla de ladrones europeos y esclavizadores de los pueblos coloniales: nazis alemanes, fascistas, italianos, demócratas británicos, franceses y belgas! todos son lo mismo, ¡EXPLOTADORES IMPERIALISTAS!
Mientras nosotros deploramos la guerra y la ruina que ella causa, los trastornos de Europa son la oportunidad de África. Los negros en todas partes, bajo cualquier bandera, en la guerra como en la paz, sólo conocen un objetivo: LA INDEPENDENCIA. Hacemos un llamamiento a nuestros hermanos de todas las partes del mundo para que no se dejen engañar por las promesas mentirosas que harán los imperialistas. Hacemos un llamamiento a todos vosotros para que os organicéis y estéis listos para aprovechar la oportunidad cuando ella se presente."(5)
En esta declaración no sólo se convoca a los africanos a oponerse contra la guerra, sino que llama a la unidad con otros pueblos oprimidos coloniales como los indios, los ceilandeses, los burmanos y los árabes. Este manifiesto hace un llamamiento especial a los trabajadores blancos, de las potencias imperialistas, para luchar hombro con hombro contra la burguesía de sus países. La unidad de la clase obrera en el plano internacional es una necesidad tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, pero adquiere un carácter vital en estos últimos. El internacionalismo proletario se revela en toda su estatura ante los conflictos bélicos.
La segunda época inicia luego del estallido de la guerra, como mencionamos en párrafos anteriores. La Segunda Guerra Mundial fue la protagonista indiscutible de sus páginas. Entre los documentos publicados destacan el “Manifiesto a los pueblos oprimidos de América Latina, de Asia y de África” y el conocido como “Manifiesto de Emergencia”. En el primer documento se afirmaba:
"La guerra que devasta en estos momentos los campos de Europa y que muy pronto habrá de abarcar el mundo entero, no es la vuestra. Esta es una empresa de los grandes ladrones, a fin de resolver quién habrá de ser el amo del mundo en el futuro próximo. Pueblos de Asia, de África y de América Latina: ¡Aprovechad la guerra de ellos para despertar! ¡Sólo hay en el mundo una guerra nacional que sea justa: vuestra guerra! ¡La guerra que sólo vosotros, pueblos oprimidos y esclavizados podéis pelear: guerra contra los banqueros e imperialistas de Europa, de Estados Unidos y del Japón; guerra por nuestra independencia nacional!"(6)
Unas líneas más adelante, este manifiesto llama a los pueblos oprimidos a luchar por su emancipación, contra los gobiernos imperialistas:
"[…] deben recuperar sus riquezas nacionales que les fueron robadas por los capitalistas extranjeros; deben recuperar sus tierras, con el derecho de trabajarlas libremente; deben recuperar los grandes medios de producción y los monopolios absorbidos por los imperialistas extranjeros; deben recuperar la libertad de la que fueron privados por los señores feudales nacionales, aliados con los bandidos imperialistas extranjeros."(7)
Y el documento cierra con un llamado a la unidad con los trabajadores de los países imperialistas, para luchar juntos contra la guerra y por la revolución socialista internacional.
Sin embargo, la lucha por el internacionalismo proletario ante la guerra no era suficiente. Ante este escenario convulsivo, tras la bancarrota de la III Internacional, la IV Internacional se fundó en septiembre de 1938 con el ambicioso objetivo de “superar la crisis histórica de la dirección revolucionaria.”(8) De acuerdo con Gabriela Lizt “A pesar de las terribles condiciones de la situación internacional, su pilar eran las perspectivas revolucionarias que Trotsky avizoraba al final de la conflagración internacional (o incluso antes) y la necesidad de centralizar los esfuerzos y los fundamentos teórico-políticos para conducir a estas revoluciones a la victoria de la revolución proletaria internacional.”(9)
En esta época primó ante todo la necesidad de forjar una corriente obrera revolucionaria a nivel internacional: un programa sin personas que lo encarnen, que lo difundan, que intenten llevarlo a la práctica, no es nada. Jean-Jacques Marie, en Trotsky / Revolucionario sin fronteras, señala la coherencia de la política del gran revolucionario ruso en el terreno político-organizativo con la teoría de la revolución permanente, basada en la concepción de la economía mundial, considerada “[…] no como una amalgama de partículas nacionales, sino como una potente realidad con vida propia, creada por la división internacional del trabajo y el mercado mundial, que impera en los tiempos que corremos sobre los mercados nacionales.(10)
Trotsky, en elaboraciones posteriores, llega a la conclusión de que “[…] En nuestra época, que es la del imperialismo, es decir, de la economía y la política mundiales dirigidas por el capital financiero, no hay un solo partido comunista que pueda establecer su programa tomando sólo o principalmente como punto de partida las condiciones o las tendencias de la evolución de su país.”(11)
Anclado en el análisis del imperialismo, fase superior del capitalismo, el internacionalismo lejos de ser un “valor” o “principio” abstracto, moral, es la expresión programática y política del carácter internacional del desarrollo de las fuerzas productivas y con él, de la unidad orgánica de la economía, la política y la lucha de clases en nuestra época, que se concretan en el concepto de revolución mundial. Como señala Trotsky en distintos escritos, “el internacionalismo marxista, el cual, por su parte, es inseparable del carácter permanente de la revolución internacional.”(12) Ser consecuentes con esta comprensión significa buscar las vías para construir una dirección revolucionaria internacional. Y esta monumental tarea sólo se puede llevar a cabo sobre la base de una respuesta adecuada a dos problemas vinculados entre sí: la crisis de subjetividad del proletariado y la crisis de dirección revolucionaria.
Notas:
(1) León Trotsky: El capitalismo y sus crisis, “El marxismo y nuestra época”, 26/2/39, CEIP León Trotsky, Bs. As., 2008, p. 297.
(2) “México no debe ir a la guerra imperialista / Declaración del cuerpo de redacción”, Clave, primera época, núm. 1, octubre de 1938.
(3) León Trotsky: “A propósito de la situación internacional”, Clave, primera época, núm. 1, octubre de 1938. Publicado también en Socialist Appeal, 1º de octubre de 1938, vol. II, núm. 40. Del inglés se tradujo al español años después y se publicó con el título de “Frases y palabras” en el libro 6 de los Escritos León Trotsky (1929-1940), Editorial Pluma, Bogotá, en la década de 1970.
(4) León Trotsky: “Una lección recientísima / A propósito del carácter de la próxima guerra”, primera época, núm. 2, noviembre de 1938. Publicado también en New International, vol. IV, núm. 12, diciembre 1938 y en el Bulletin Oppozitsi, núm. 71, noviembre de 1938. De la versión estadounidense se tradujo al español y se publicó con el título “Una lección reciente / Después de la ‘paz’ imperialista de Munich” en el libro 6 de los Escritos León Trotsky (1929-1940), Editorial Pluma, Bogotá, en la década de 1970. Esta versión se incluyó en León Trotsky y otros: Guerra y revolución / Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial, CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2004.
(5) “Los negros contra la guerra imperialista”: publicado en Clave, primera época, núm. 8, mayo de 1939.
(6) Buró Panamericano y del Pacífico. Subsecretario de la Cuarta Internacional: “Manifiesto a los pueblos oprimidos de América Latina, Asia y África”, Clave, segunda época, núm. 2, octubre de 1939.
(7) Buró Panamericano y del Pacífico: op. cit.
(8) León Trotsky: “La guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, Clave, segunda época, núm. 10-13, junio-septiembre de 1940. Publicado también en Socialist Appeal, 19 de junio de 1940. De esta versión en inglés se tradujo de nuevo al español y se incluyó con el título “Manifiesto de la IV Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial” en el libro 6 de los Escritos León Trotsky (1929-1940), Editorial Pluma, Bogotá, en la década de 1970. Esta versión se incluyó en León Trotsky y otros: Guerra y revolución / Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial, CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2004. El manifiesto fue adoptado por la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, celebrada del 19 al 26 de mayo de 1940 en Nueva York.
(9) Gabriela Lizt: op. cit.
(10) León Trotsky. “La revolución Permanente”, en La teoría de la Revolución Permanente. (Compilación), CEIPLT. Buenos Aires, 2000. Pág. 402.
(11) León Trotsky. “Crítica al programa de la Internacional Comunista”, en Stalin, el gran organizador de derrotas (La III Internacional después de Lenin), Volumen 1, Obras escogidas, Buenos Aires, CEIP-Museo Casa de León Trotsky, 2012.
(12) León Trotsky: “Tesis de la revolución Permanente”. La teoría de la Revolución Permanente. (Compilación), op. cit.