Una reseña de "W o la revolución es un portero de novela", la segunda novela de Fernando Almirón, publicada por Editorial Milena Caserola

Diego De Angelis @DieDeAngelis
Martes 22 de diciembre de 2015
En cualquier obra literaria –ya sea cuento, ya sea novela- como en cualquier obra cinematográfica, el comienzo es un presagio. Una advertencia sobre lo que sucederá de inmediato, durante las próximas páginas del libro o las próximas escenas del film. El comienzo lo es todo. Allí se concentra, disimulado, el porvenir de la historia. También es posible percibir, en las primeras líneas o en los planos iniciales de cualquier relato, la manifestación primitiva de un proyecto estético. El estilo de un autor. Esto es: su forma de concebir el mundo. W o la revolución es un portero de novela , segunda novela de Fernando Almirón, arrancará con la pormenorizada y casi fantástica descripción de una situación convencional de lectura. Una solemne ceremonia que llega a su fin. El Conde Diego Beneplácito Soledad Rey –paródica extravagancia que encontraremos en la denominación de varios de los personajes que circulan por la novela- cerrará el libro que acaba de terminar y, sumido en las profundas divagaciones que la lectura le ha provocado, dejará que caiga y se estrelle contra el suelo. El libro extrañamente producirá un visaje mágico: “Comenzó a comprimirse, como si unas manos invisibles fueran soplando sus hojas una detrás de otra y las llevaran próximas a juntarse. El ejemplar fue conducido desde la primera página hasta la última y se selló de una manera sublime; con un estruendo final de ambas tapas pegándose con fuerza”. El singular movimiento del libro anunciará otras acciones sublimes, otras fabulaciones que sustentarán una escritura definida por la exageración –la exasperación- del material narrativo.
El Conde es Carlos, el portero de un edificio de Buenos Aires que, encerrado en un cuartito de mala muerte, reflexionará en sus ratos libres sobre diversos temas que compartirá luego con sus colegas. Disertará sobre la religión, la filosofía, la ciencia, el arte, el amor, la muerte, el poder. Y sin embargo una tarde, mientras barra la vereda, ensimismado en sus eternas cavilaciones, se le acercará una mujer -una “refinada y bella aristócrata”- y lo anoticiará de una novedad inquietante. Una noticia que convertirá su anodina existencia en una peculiar –peculiarísima- pesadilla: Carlos es padre de dos niñas, dos gemelas rubias y hermosas, arrogantes y ambiciosas. La desolación provocada por el descubrimiento de su paternidad se transformará velozmente en combustible para una búsqueda desenfrenada por conocerlas y recuperar así el tiempo perdido. Una profusa galería de personajes establecerá un escenario definido por el absurdo. En esta novela un simple suceso terminará en bochinche, en alboroto infernal, en reyerta y despelote. Por las calles desfilarán muchedumbres encolerizadas, muertos vivos que reclamarán venganza. Por donde camine Carlos –un bar mítico, un cementerio, una mansión- acontecerá lo extraordinario.
Almirón compone una historia que encuentra en el desborde su mejor fundamento. Su prosa es, como las acciones que describe, demencial. W o la revolución es un portero de novela es una novela inclasificable y –principalmente- divertida. La risa siniestra funcionará como el detonante más oportuno para derrumbar críticamente esos grandiosos relatos que sostienen una sociedad en decadencia. Ante tanta violencia, ante tanta solemnidad hipócrita, la nueva novela de Almirón parece sugerirnos que lo más sensato es siempre reír. Reír a carcajadas.
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W o la revolución es un portero de novela
Fernando Almirón
Editorial Milena Caserola

Diego De Angelis
Nació en Buenos Aires en 1983. Licenciado en Letras en la UBA, escribe sobre literatura y cine en diferentes medios. Programa y coordina el ciclo "Cine para lectores".