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Red Internacional
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Trabajadores. La transición y la política de la Concertación hacia el mundo sindical

Con el fallecimiento de Patricio Aylwin, uno de los principales referentes de la transición pactada y la postdictadura, analizamos la política laboral que se implementó en aquellos años.

Ana Lopez

Ana Lopez @analopezd Historiadora

Viernes 15 de septiembre de 2017

El fin de la dictadura despertó enormes expectativas en el movimiento sindical respecto de recuperar derechos perdidos, sin embargo rápidamente las demandas quedaron postergadas, con una Concertación que privilegió la continuidad de las políticas implementadas por Pinochet en dictadura, especialmente el Código Laboral del año 1979.

El movimiento sindical cumplió un importante papel de lucha contra la dictadura y sus políticas, con paros, movilizaciones, protestas y otras formas de lucha, que fueron fundamentales como expresión de resistencia y descontento. Estas se expresaron también en la formación de organizaciones como la Coordinadora Nacional Sindical (CNS), el Comando Nacional de Trabajadores y la refundación de la Central Unitaria de Trabajadores, en el Congreso de Punta de Tralca del año 1988.

La identidad del movimiento obrero y sus organizaciones se caracterizaba por un discurso clasista, su cercanía con los partidos de izquierda, una fuerte cultura sindical, la reivindicación de derechos y la lucha para conseguirlos, entre otros aspectos. Sin embargo, la derrota de la dictadura generó una nueva institucionalidad laboral que debilitó al sindicalismo. Esto se plasmó en el Código Laboral que se implementó en el año 1979, con José Piñera como Ministro del Trabajo, en que se perdieron gran parte de los derechos sindicales, entre ellos la negociación colectiva o el derecho a huelga efectiva, mientras los sindicatos fueron atomizados y despolitizados.

Por otra parte, la transición y la política de los consensos impulsada por la Concertación, con la derecha y los militares, caló hondo en el movimiento sindical, que asumió esta nueva identidad asociada a la conciliación y el diálogo, por sobre la confrontación.

La transición a la democracia y el triunfo de la Concertación de Partidos por la Democracia se sustentó en la concepción de una democracia protegida o tutelada, aceptando la Constitución de 1980, el modelo económico neoliberal, el rol de las fuerzas armadas como garantes del orden constitucional, las leyes de amnistía y el discurso de reconciliación nacional.

Respecto del movimiento de trabajadores, el sindicalismo y las normativas laborales, los gobiernos de la Concertación asumieron como propio gran parte del proyecto neoliberal y su institucionalidad expresado en el Plan Laboral Piñera (1979), aunque fue necesario construir nuevos pactos sociales entre los nuevos gobiernos concertacionistas, los empresarios y el movimiento sindical, que se basaron en la idea de diálogos tripartitos y mesas de trabajo.

Para el movimiento sindical, el retorno de la democracia y el triunfo de la Concertación generaron amplias expectativas respecto a la posibilidad de recuperar los derechos y conquistas que se habían perdido bajo la dictadura, como también el protagonismo que el sindicalismo tuvo en otros periodos de la historia nacional, lo que finalmente no sucedió.

Por el contrario la transición se iniciaba, para los trabajadores y las organizaciones sindicales, con la firma de los acuerdos de su principal organización sindical la CUT (Central Unitaria de Trabajadores), con la CPC (Confederación de la Producción y Comercio) y el gobierno de Patricio Aylwin. Este acuerdo se construyó sobre la base de privilegiar el diálogo por sobre la confrontación, definiendo a la empresa privada como el principal agente del desarrollo económico nacional, aceptando las reformas laborales diseñadas por la dictadura e inhibiendo la posibilidad de restablecer el Código laboral vigente hasta 1973.

El pacto CUT-CPC-Gobierno simbolizó, en el Chile de la transición y postdictadura, la conformación de un nuevo pacto social. Según lo señalaba Patricio Aylwin el Acuerdo Marco entre la CUT y la CPC expresaba un “sentido de responsabilidad y la vocación patriótica”, también señalaba que “El Acuerdo Marco refleja concretamente la voluntad que tienen las partes firmantes de transitar por un camino de diálogo y participación antes que por uno de confrontación y enfrentamiento” poniendo por delante “interés de Chile, de la nación entera” donde los viejos “ideologismos” (1) quedaban en el pasado.

En Chile, los cambios al interior del movimiento sindical se iniciaron durante la dictadura cívico-militar, con su secuela de precarización laboral, la pérdida de conquistas sociales y políticas y el ataque a sus organizaciones. El Plan Laboral de José Piñera consolidó la lógica de imponer un sindicalismo subordinado al libre mercado. Ello implicó la fragmentación y desarticulación sindical y laboral. En el aspecto discursivo, se construyó una imagen del trabajador como aquel un sujeto despolitizado, cuyos intereses se remitían a cumplir con el trabajo y buscar éxito individual, que permitía el acceso al consumo personal y familiar de nuevos bienes y servicios.

El fin de la dictadura representó para los trabajadores la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida y la recuperar los derechos perdidos. Sin embargo, la lógica de la transición se basaba en la política de los acuerdos que alcanzaron los militares con los partidos políticos de derecha y oposición, privilegiando el modelo económico, el orden social y la reconciliación, como también el reconocimiento irrestricto del derecho de propiedad privada y el mercado como modelo económico. A su vez, la lectura concertacionista planteaba la crítica al “quiebre de los consensos” revalorizando ahora los acuerdos sociales.

En 1992 el presidente Aylwin daba la transición por terminada (aun cuando para otros sectores aún debía completarse) señalando que el debate político debía centrarse en los mecanismos para perfeccionar el régimen existente.

El programa de la Concertación no cuestionaba el modelo económico neoliberal sino que proponía el crecimiento con mayor equidad, aceptando lo que Andrés Zaldívar denominaba como “la ‘herencia positiva’ de Pinochet”.

La refundación de la Central Unitaria de Trabajadores en 1988 implicó no solo un cambio de nombre –ya no única sino unitaria- sino también de orientación, donde primaba la búsqueda de acuerdos y la idea de no tensionar el escenario de transición, con la constante amenaza de Pinochet y una Concertación que buscaba el orden y la continuidad.

A pesar de que durante los primeros años de la postdictadura aumentó levemente el número de sindicalizados, se trató de sindicatos pequeños, divididos y con escaso poder de negociación por otro lado, se privilegiaba la búsqueda de los consensos y la estabilidad económica, señalando que cualquier demanda de cambio podría traer inestabilidad al sistema.

Así, las demandas del movimiento sindical fueron constantemente postergadas. Ad portas de un nuevo 1° de mayo es urgente retomar el debate, la organización y el camino por derribar el Código laboral vigente, con algunas modificaciones, desde la dictadura.

Notas:
1. Patricio Aylwn, Mensaje Presidencia, Sesión del Congreso Pleno, en lunes 21 de mayo de 1990. En Biblioteca del Congreso Nacional.

* Foto del Presidente de la República, Patricio Aylwin con Manuel Bustos, extraída del Archivo Digital Fortín Mapocho. http://www.archivofortinmapocho.cl/