El pasado lunes, se estrenaba en Antena 3 el reportaje ‘Bailando con Lobos’ sobre la violación de Pamplona, que incluye testimonios de familia y amistades de los acusados.

Verónica Landa Barcelona | @lierolaliero
Miércoles 19 de octubre de 2016
Continúa la polémica alrededor del caso de la violación en los sanfermines de este año, llenando horas de debate televisivo y primeras páginas de periódicos. Este lunes se estrenó el reportaje ‘Bailando con Lobos’, donde uno de los abogados de la defensa afirmaba que la joven violada miente, así como reiteró la inocencia de los detenidos: José Ángel Prenda Martínez, Ángel Boza Florido, Jesús Escudero Domínguez, Alfonso Jesús Cabezuelo Entrena, y Antonio Manuel Guerrero Escudero. Estos últimos, militar y guardia civil, respectivamente.
Hace algunos días se encontró en uno de sus móviles un nuevo vídeo en el que se ve cómo agreden sexualmente a una mujer. Otra agresión sexual, esta vez en Pozoblanco (Córdoba). La joven estaba inconsciente por alguna droga que le administraron, posiblemente burundanga. Se despertó desnuda y fue expulsada del coche al negarse a hacer una felación. No denunció por vergüenza y porque pensaba que nadie la creería.
De la violación de sanfermines también hay varios vídeos. Uno de ellos grabado por el Guardia Civil Antonio Manuel Guerrero donde va la joven de Córdoba, y al que se ve en el vídeo abusando de ella.
Estos vídeos fueron compartidos por los acusados en varios grupos de whatssap, en los que había más gente. Da miedo pensar como una agresión sexual se naturaliza de tal manera que pasa por una relación sexual consentida y en la que ambas partes disfrutan. Da miedo, sí, pero no nos es ajeno. La violencia machista, es sus múltiples expresiones, se naturaliza a diario dificultando así su identificación.
Pero lo que se hablaba en estos grupos de whatssap va más allá de la naturalización. No solo veían normal una violación sino que hablaban de cómo y dónde conseguir drogas para violar (reinol, burundanga y cloroformo), cuerdas, y demás material para poder abusar sexualmente con tranquilidad.
Las conclusiones de estos mensajes son dos: planificaban las agresiones sexuales y es muy probable que no sean las únicas. Dos casos han salido a la luz por el boom mediático y las movilizaciones contra la violación de San Fermín, pero puede haber otras más que nunca salgan a la luz.
Tristemente, ni el caso de Pamplona ni el de Pozoblanco son aislados. Según el Ministerio de Interior, desde 2009 se han registrado 8.200 agresiones sexuales: una cada ocho horas, o dicho de otro modo, tres mujeres agredidas cada día. Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de agresiones sexuales no se denuncian y queda fuera de las estadísticas, realmente el número sería mucho mayor.
Mientras tanto se sigue negando constantemente que la violencia machista sea un problema cotidiano. También se nos dice que los feminicidios son fenómenos aislados que nada tienen que ver con el resto de violencias machistas, obviando que son el último eslabón –y el más visible- de una larga cadena de opresiones. Se nos machaca con la idea de que somos nosotras las que debemos “evitar” las violaciones y se nos culpabiliza si no, y como culpables se nos presenta en la mayoría de grandes medios.
Mientras escribo este artículo se están realizando concentraciones y marchas, en varios países, en repulsa por el feminicidio de Lucía Pérez y para denunciar los miles de mujeres que son asesinadas al año. Ahora nos queda por delante la tarea de transformar toda esta rabia en organización y lucha, contra un sistema podrido que solo depara a las mujeres opresión.
Un sistema que solo concibe nuestros cuerpos como fuerza de trabajo. Unos cuerpos sometidos a estereotipos de belleza, alineados y mercantilizados. A la vez, nos explotan junto a millones de compañeros, para beneficio de una minoría. Nos queremos vivas, sí. Vivas y no explotadas. Es por eso que luchamos por el pan, pero también por la rosas. Es por eso que nuestra lucha es doble: contra el capitalismo y el patriarcado.