Luisa Falcón Álvarez, investigadora del Instituto de Ecología (IE) de la UNAM, realizó un estudio donde señala que la Laguna de Bacalar está en peligro de perder sus colores por el turismo y los desechos de la agricultura.
Martes 14 de julio de 2020
Las diferentes tonalidades de azul que tiene la también conocida como Laguna de los Siete Colores, se deben a los diferentes niveles de profundidad de la misma. Es además el cuerpo de agua dulce más grande de Quintana Roo y alberga el arrecife de bacterias de agua dulce más grande del mundo.
El equipo de Luisa Falcón lleva ya 15 años trabajando en la laguna e investigando las comunidades microbianas que en esta se forman y cuenta que:
“Cuando comenzamos a trabajar, el Canal Pirata tenía arrecifes de microbialitos y manglar, ahora es sólo una barra de sedimento; las lanchas que llegan y el movimiento de la gente han acabado con este sitio al provocar su erosión”.
Los arrecifes de bacterias tienen beneficios como filtración de agua, producción de oxígeno, biodiversidad y captura de carbono, por eso es altamente preocupante que los mismos se estén deteriorando.
En los últimos tres años la ocupación hotelera ha aumentado en un 85% en la zona, actualmente recibe a más de 140 mil turistas al año. Además, puesto que la laguna pertenece a “la cuenca hidrológica que constituye un corredor transversal costero de flujo de aguas superficiales y subterráneas que conecta al Caribe con otros cuerpos de agua, y ahora se vierten grandes cantidades de nitrógeno y fósforo que favorecen el crecimiento del plancton, lo que ha derivado en el cambio de coloración”, explicó la experta.
Dijo también que los asentamientos humanos sin tratamiento de aguas residuales, el aumento de residuos como materia orgánica humana, los basureros a cielo abierto y los fertilizantes usados en cultivos de la región, son los principales causantes del deterioro de la Laguna de Bacalar y la pérdida de sus colores.
Explicó que esto puede afectar a la propagación de virus y bacterias, como lo es el propio SARS-CoV-2, y agregó que “debemos aprender que no estamos separados de la salud de las comunidades ni de los ecosistemas, y que la mejor vacuna es la
conservación y el desarrollo sostenible”
Para esto es necesario que la economía, el turismo, la producción urbana y rural estén planificadas bajo los intereses de las grandes mayorías y del mantenimiento del medio ambiente, no bajo la lógica de generar mayor ganancias sólo para un pequeño porcentaje de la población.