La sección cultura de La Izquierda Diario entrevistó a la coreógrafa independiente Teresa Duggan ante el estreno de su última obra “Las Bernardas” que se presenta en el Celcit los sábados a las 20 hs.
Viernes 18 de marzo de 2016
El sábado pasado se estrenó con gran expectativa la obra “Las Bernardas” inspirada en “La casa de Bernarda Alba” de García Lorca, ¿qué te llevó a hacer esta puesta, desde dónde la encaraste?
Hay algo en mi conexión con Federico García Lorca que es como una suerte de amor, que no comprendo demasiado, como todos los amores. La Casa de Bernarda de Bernarda Alba me interesó fundamentalmente porque todo aquello de lo que habla en esa época (1936) lo podríamos trasladar al presente, por eso es un clásico. Uno le puede cambiar la forma pero el contenido es el mismo. El tema de la estructura social, las apariencias, el no decir lo que realmente sucede y vender que está todo bien, que uno está feliz, armónico.
Trabajo mucho sobre esa ironía entre lo que sucede adentro de la casa y lo que Las Bernardas sienten. Digo las Bernardas porque en la obra no aparece el personaje de Bernarda, sino que lo refracté y todas son Bernardas. Creo que todos tenemos algo de ella, una voz de censura, de crítica casi inmediata. Es algo con lo que tenemos que lidiar individualmente y como sociedad. Me pareció interesante entonces repartir ese personaje entre todas. La que si aparece es Adela, que es la figura antagónica, la que quiere romper estructuras, ser libre, pero que finalmente no puede, porque es más fuerte la estructura familiar y religiosa que su deseo de salirse del rebaño.
¿Qué elementos utilizaste para la puesta en escena?
Seguí la estructura de la obra como si fuera un mapa, y le di una vuelta de tuerca desde el trabajo con objetos y la poética.
En relación a lo coreográfico, los movimientos que hacen las Bernardas no vienen de la danza académica, sino que partieron de las sensaciones, del texto, de lo que se cuenta en la obra y está traducido a veces en movimientos muy impulsivos o muy cortados. Es decir, trabajamos el movimiento en relación al estado de ánimo, en vez de ponerle pasos a esos estados de ánimo.
Me interesó mucho que la interpretación sea más actoral que de danza, eso fue un gran desafío para las intérpretes porque son todas bailarinas, sin embargo cuando uno las ve parecen actrices que se mueven más que bailarinas que hablan.
Trabajamos también con retratos familiares, cada tanto termina una escena con uno de esos retratos donde todo parece que está bien.
Puse el personaje de un gato negro porque me pareció interesante su presencia, desde un lado medio supersticioso como el gato que presagia y también porque es el testigo de lo que sucede adentro de la casa, de lo que las hermanas viven, desean y reprimen. Si el gato hablara, ¡de todo lo que nos enteraríamos!
También trabajé la presencia de Pepe el Romano, que está representado por un pantalón con unos tiradores. Adela es la que lo trae como si fuese un anzuelo, para ver qué les sucede a las otras hermanas, que la reprimen y castigan tanto, para ver cómo se comportarían ellas si estuviesen con Pepe el Romano. Esa es una escena medio bisagra donde se muestra toda la sensualidad y el deseo que tienen reprimido, son como volcanes. Me interesó trabajar el adentro y el afuera no solo de la casa sino también de ellas mismas.
Después hay un dispositivo visual, todo el texto de la obra aparece por momentos proyectado en las paredes, en el piso, pero no se lee, sino que trabajamos la textura del texto, como si ellas estuviesen metidas adentro del libro. Casi siempre el que trae el texto es el gato, cuando él aparece, aparece el texto.
Además trabajo con objetos, telas, con unas sillas, que son todos símbolos que están dentro de la obra. Le doy un tratamiento más poético, más plástico, sin dejar que sea dramático, porque es realmente muy dramática la obra. En un momento hice un quiebre y puse un paso doble que es una suerte de respiro porque si no el espectador se mete cada vez en un pozo más oscuro.
Es un trabajo muy complejo, porque además de ser ocho intérpretes, tenemos dos frentes, no es el típico escenario a la italiana, entonces en la puesta es importante que el público vea de los dos lados. Habrá que ir dos veces, porque se ve una cosa de un lado y otra del otro. Eso me pareció muy interesante porque depende del punto de vista donde uno está parado es cómo ve la vida. Así pasa en el teatro, depende donde te sientes es lo que vas a ver y sólo podés ver otra cosa si te cambiás de lugar. Eso me pareció rico para explorar.
Por el deseo de libertad y la rebeldía que genera en las hijas -sobre todo en Adela- el autoritarismo de Bernarda, se podría trazar un paralelismo con la situación que vivimos hoy en día las mujeres ante tantas formas de opresión y violencia?
Sí, pero esto viene desde hace miles de años. Dentro de la obra hay mucha violencia física entre ellas, de la madre hacia las hijas. La raíz, el machismo, en la obra está fundamentado por la mujer, hay una frase de Bernarda donde dice “hilo y aguja para la mujer, mula para el hombre”. Las mujeres estaban destinadas a coser, a partir de cierta edad se empezaban a hacer el ajuar para prepararse para el casamiento. Esa violencia está dentro de nosotros, atravesar la Bernarda que todos tenemos, conlleva también esto, hay algo en la reacción física, en la inhibición de hábitos. Las Bernardas tienen una cosa muy instintiva, la razón está dada por la orden, por el patrón de conducta, pero ellas son puro instinto. Hay una parte de la obra donde todas le dicen cosas a Adela, “ponete derecha”, “peinate”, una suerte de “bulling”, porque ella era la diferente. Todas esas cosas, que uno recibe de chico, las va repitiendo y no se da cuenta del efecto residual que va quedando. Por eso me pareció interesante que aparezca todo esto, como barreras que hay que atravesar, pero que están, no es algo que pasó en un pueblo de España hace mucho tiempo, pasa todo el tiempo en todos lados.
Hablanos de lo que te mueve, lo que te lleva a componer, a crear
Siento que algo me invade, se me ocurren imágenes y me meto como en un cuartito de jugar. Además las chicas con las que trabajo, hace mucho tiempo que están en el grupo y que bailan conmigo, entonces me siento muy acompañada en ese juego, todo lo que propongo siento que es parte de un lenguaje que compartimos. Yo no soy una coreógrafa de marcar las coreografías y quedarme a puertas cerradas a ver cuándo me viene la inspiración. Es un ir y venir, entonces alguna propone algo o dice lo que le pasa y todo es parte de la construcción. Más allá de eso, todo lo que tiene que ver con lo creativo, no sé bien de dónde viene. Siento que la creatividad es un ovillo que cuanto uno más tira más aparece, en vez de pensar que se me van a terminar las ideas, me pasa al revés. Creo que hay algo que es fascinante y que todos tenemos, que no se compra ni vende, y es la imaginación. Es algo muy rico, yo dejo que “mi niña” juegue, invente y me enamoro mucho de lo que voy haciendo, eso hace que todo tenga un tinte de alegría.
Se puede ver que en tus obras te valés de muchos recursos, como el humor, la manipulación de objetos, la luz, incluso los sueños, cómo está presente todo eso a la hora de componer? De armar una pieza?
En el caso de las Bernardas me sirvió mucho la obra en sí, es la primera vez que hago algo basado en una obra que ya existe. Hice, por ejemplo, un espectáculo sobre Frida Khalo donde inventé su historia, su entorno, es decir, era mi Frida Khalo. Pero en este caso la obra, el análisis de la lectura, la utilice como una especie de mapa, respeté los tres actos, lo que va sucediendo en cada uno y eso me sirvió mucho.
Con objetos hace un tiempo que vengo trabajando. Me gusta mucho la relación de las dimensiones, por ejemplo en Las Bernardas las intérpretes trabajan con unas sillas chiquitas y como ellas son grandes, esas sillas representan un poco la infancia, el lugar que ocupan en la casa, tienen una simbología. Me gusta mucho trabajar con lo simbólico, lo que simboliza cada objeto y también los colores, por ejemplo el verde, que es el color de la rebeldía para Lorca. Entonces el personaje del gato empieza jugando con un ovillo verde, después también aparece el verde en un vestido y luego en un chal, ese color va haciendo de hilo conductor, como una suerte de devenir.
Además del mapa de la obra y del uso de la simbología, también las relaciones fueron haciendo como un devenir. En esta obra ya teníamos en principio y el final, eso es distinto a una creación, como Astas de Terciopelo, donde todo nació de un sueño y luego le di una dramaturgia. En este sentido, ahora sentí que tenía más un ancla.
Tu compañía cumplió hace un par de años, 30 años. En retrospectiva ¿qué conclusiones podés extraer de esa trayectoria? ¿Qué te muestra el camino trazado? Y ¿hacia dónde te dispara hoy?
Lo que me muestra es que empecé a bailar porque me hacía feliz y eso sigue estando, ese centro no lo perdí. Cuando empecé a tomar clases de danza, siempre la concebí junto con la creatividad, nunca sólo como intérprete, pero no tenía como expectativa ser coreógrafa, maestra, nada. Era como un refugio, la danza era el lugar en el que me sentía como pez en el agua, donde me siento más armónica, más libre, más feliz, y eso, en todo este tiempo no lo perdí. Muchas veces cuando hay competencia o situaciones tensas, vuelvo a ese centro. Cuando vuelvo ahí, que es como volver a un nido, todas esas otras cosas tienen una importancia relativa para mí. Ese es el mayor balance que hago.
Todo lo que fui logrando es a partir de mi trabajo, realmente me siento una coreógrafa independiente. El trabajo, la producción, el estar siempre haciendo algo, me da también una enorme libertad. Por otro lado, yo podría haber elegido otras cosas que sean más comerciales, pero no me llenaba, estoy mejor haciendo lo que tengo ganas de hacer. Nunca me desvié demasiado de mi centro.
En mi trayectoria hay como tres grandes etapas, empecé con el movimiento como lenguaje y como argumento, con el pasar del tiempo empecé a incorporar el trabajo con la luz, que es casi como si fuera un intérprete más.
La idea de ir haciendo la puesta en escena se fue desarrollando con el tiempo, de hecho estudio dirección de puesta en escena para ópera en el Teatro Colón. Siento que todo se fue expandiendo, al principio era sólo movimiento, una música y lo espacial. Tal vez eso tiene que ver con que estudié 4 años en Nueva York y allá todo pasa mucho por la riqueza del movimiento, eso me influyó y cuando volví y empecé a coreografiar lo primero que me salió fue lo último que había aprendido. Después empezó a aparecer mi propio comentario, lo que yo quería decir.
Me siento muy libre a la hora de crear, no estoy pensando si esto es 80’s, 90´s, 2000, 2016... hay una presión grande a que todo sea moderno, cool, pero no me importa nada de eso. Me parece que el arte no tiene fecha de vencimiento.
¿Cómo fueron tus inicios en la danza?
Yo empecé a estudiar danza cuando terminé la secundaria, cuando aparentemente ya era grande, pero cuando uno encuentra su vocación no es tarde, no se es grande, porque el tiempo se acorta, la certeza hace que todo se acorte. Empecé a estudiar danza con Ana Itelman, ella era muy versátil y eso me encanta, no estar encasillada en una sola cosa, y los fundamentos que ella me enseñó y me inculcó, su visión sobre la danza y el arte, los sigo compartiendo ahora. Es una persona que fue muy importante cuando me inicié, y sigue siendo importante en mi trayectoria. Yo empecé con ella, después estudié en Nueva York, ahí tuve la suerte de bailar en una compañía americana, donde aprendí mucho de la coreógrafa, y después cuando volví empecé a hacer mi camino.
Y lo que me gusta es que la gente que baila conmigo, se queda conmigo, eso me parece algo importante, me interesa mucho armar vínculos, no tanto la que baila bien pero que no pasa nada más allá de su movimiento, me interesa el tejido, la trama, porque yo me dedico mucho a esto, siempre digo que la danza es mi vida y mi vida es la danza, no lo puedo separar. Si no tengo esa trama bien conformada sería una falta de inteligencia, sería elegir no ser feliz. Y yo me considero muy feliz.
¿Cómo ves la situación de la danza hoy en nuestro país? ¿Qué pensás del proyecto de ley de danza y el sindicato de bailarines?
Veo que la danza ha crecido muchísimo, hay muchos creadores, gente muy interesante, y aparte también el teatro toma más cosas de la danza, el arte está muy fusionado.
Lo que creo que sería importante es que haya un teatro donde se pueda mostrar danza, eso nos está faltando, un espacio para la danza independiente. Porque uno baila donde puede, pero no hay un teatro destinado para la danza independiente. Con respecto a la ley de danza me parece muy importante que salga, pero al mismo tiempo creo que hay algo en la danza que todavía falta, hay mucho “rancho aparte”, por esto de que es tan difícil lograr visibilidad cada uno trabaja mucho para su propia visibilidad, entonces se arman como guetos.
Cuando se habla de “la danza”, me parece que hay un trabajo que hacer más de base para poder lograr luego algo en la superficie. Yo no me siento integrada en un montón de estas movidas, y hace 30 años que estoy en la danza, veo que se arman grupos, subgrupos y que ellos son los que llevan la voz cantante de tal o cual cosa. No siento que haya una integración, una fuerza de la danza, hay impulsos y gente que se agrupa. Mi política es hacer lo que hago lo mejor posible y siendo lo más honesta posible, no tratar de trepar o ubicarme con el que está de turno, y yo veo que eso sucede.
En relación al sindicato me parece muy bien, también creo que es más para bailarines profesionales que están en espectáculos, musicales, etc., pero en las condiciones en las que está la danza independiente, donde no hay contratos, uno tiene que alquilar una sala para poder ensayar, más los gastos de la obra, se parte de mucho más atrás. Me parece muy bien para los que están incluidos en los ámbitos oficiales, para los que ya está destinado un dinero para eso, pero siento que la danza independiente aún está por fuera. Es muy difícil la situación. También debería haber más y mayores subsidios. Desde que empecé siempre creí que el trabajo es lo que te abre la puerta, junto con el entusiasmo.
Las Bernardas
“Con la llave que todo lo abre y la mano que todo lo cierra”
Funciones: sábados a las 20hs
Teatro: Celcit
Dirección: Moreno 431
Entradas en venta en www.celcit.org.ar/espectaculos/
Valor: $150 y $100 estudiantes y jubilados
Informes: 4342-1026
Horario de atención: lunes a sábados de 10 a 13 y lunes a jueves de 18 a 21
Más info: www.celcit.org.ar
www.facebook.com/celcit
Ficha artístico técnica
Coreografía y Dirección: Teresa Duggan
Música original: Edu Zvetelman
Banda Sonora:Teresa Duggan- Edu Zvetelman
Intérpretes: María Laura García, Daniela Velázquez, Magda Ingrey, Vanesa Blaires, Laura Spagnolo, Josefina Perés, Gabriela Pizano - Vanesa Ostrosky
Vestuario: Nam Tanoshii
Visuales interactivos: Federico Joselevich Puiggrós
Concepto de iluminación: Teresa Duggan
Asistente: Claudia Valado
Fotografía: Carlos Furman
Prensa: Simkin & Franco