Estados Unidos bajo diversas excusas, ya sea ayuda humanitaria, lucha contra el narcotráfico, cooperación militar con otros países, apoyo en caso de catástrofes naturales, entre otras; lleva años instalando bases militares en distintos países de la región. Uno de los recintos militares conocidos en Chile es la Base Naval Fuerte Aguayo en Concón, mientras que en 13 países de América Latina (AL) hay presencia del ejército estadounidense.
Sábado 27 de junio de 2015
El debate sobre la presencia de bases militares de Estados Unidos en distintos países de América Latina, sigue latente. Ya en abril de este año, el secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Ernesto Samper, planteaba la propuesta de que las bases militares estadounidenses en la región fuesen retiradas, ya que según su visión la presencia de estas corresponde “a la época de la Guerra Fría”.
Las bases militares estadounidenses están presentes en diversos países del mundo. Bajo las excusas de ayuda humanitaria, lucha contra el narcotráfico, cooperación militar con otros países, apoyo en caso de catástrofes naturales, etc., el ejército de Estados Unidos mantiene una hegemonía militar en la región y también un control de la población. En la actualidad, en AL hay alrededor de 13 bases militares, situación que ha generado rechazo en amplios sectores debido a la represión ejercida por militares estadounidenses, por los reiterados casos de abusos sexuales y también por la intervención militar que se produce en contextos de movilizaciones sociales.
¿Por qué Estados Unidos invierte millones de dólares para mantener bases militares? Principalmente, para mantener un duro control por parte de su ejército, hegemonizar en fuerza represiva para estar preparados en caso de cualquier sublevación o cuestionamiento. De acuerdo al sociólogo James Petras, las bases militares de Estados Unidos son “un peligro, porque cuando los marines van a un lugar, no buscan lo mejor para los pueblos afectados. Normalmente, van para entrenar a los militares locales en la contrainsurgencia y en la represión de los movimientos populares y, en ocasiones, también se ven involucrados en esa violencia contrainsurgente” (Actualidad RT, 3 de junio 2015).
Como se mencionaba, hay bases militares estadounidenses en distintos países de AL, por ejemplo, en la base Soto Cano en Honduras hay cerca de 200 soldados, en Guatemala y El Salvador fueron enviados unos 90 militares, mientras que este 2015 Perú va a aumentar la presencia de marines hasta llegar a más de 3 mil soldados. Debido a esta fuerte presencia militar, no es extraño que se considere que Estados Unidos también busca poder controlar los recursos naturales y energéticos que están presentes en los países de la región, la cual le otorga el 25% de estos suministros a la potencia mundial.
¿Hay presencia de bases militares estadounidenses en Chile? En abril de 2012, en pleno gobierno de Sebastián Piñera, fue inaugurada en el país la base naval Fuerte Aguayo en Concón, que también sería conocida como Centro de Entrenamiento para Personal de Operaciones de Paz en zonas urbanas. El financiamiento fue otorgado por el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, organismo que destinó alrededor de 500 mil dólares para llevar a cabo el programa de entrenamiento militar.
La inauguración de la base naval Fuerte Aguayo generó inmediatamente polémica en las redes sociales y en el debate nacional, incluso fue muy comentado el hecho de que Fuerzas Especiales de Carabineros también se sumó al entrenamiento de los “cascos azules”. Como si eso fuese poco, hubo personas que estaban vestidas de “civiles” y que se enfrentaban a los uniformados, utilizando ropa juvenil como buzos, poleras, jeans y pañuelos tipo “palestinas”, personificando a jóvenes encapuchados, tal como ocurre en los enfrentamientos entre la policía y los estudiantes en las movilizaciones actuales.
Fueron variadas las organizaciones de Derechos Humanos, políticas y sociales, las que manifestaron su rechazo ante la instalación de la base militar en Chile, situación que demuestra la estrecha relación con Estados Unidos y su política represiva de fortalecimiento del poder militar. Este hecho causó aún más repudio, teniendo en cuenta que fue posterior a la irrupción del movimiento estudiantil el 2011, donde el descontento social y las protestas callejeras aumentaron de manera considerable, como también el accionar violento por parte de las instituciones represivas del Estado.