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Red Internacional
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PERIODISTA INVITADA. Las cartas que Francisco no contestó

La Iglesia argentina tuvo casos de pederastia y víctimas que no tuvieron respuesta. Crónicas de abusos y silencio.

Miércoles 6 de julio de 2016

Desde que Francisco asumió como papa ha condenado a los curas abusadores. Mientras tanto, en Argentina se multiplican las historias de personas abusadas por religiosos. Algunos de ellos rompieron el silencio y le escribieron cartas al Vaticano para pedirle ayuda, pero ninguno recibió respuesta. En la Universidad Católica Argentina, frente a 80 religiosos, se presentó un protocolo en el que explica qué hacer ante una denuncia por abuso. Una cronista estuvo ahí y llevó la pregunta: ¿Por qué el Papa no responde a los argentinos abusados por curas?
En uno de los auditorios de la Universidad Católica Argentina (UCA) hay ochenta sacerdotes reunidos. Soy la única periodista en la sala y una de las seis mujeres, la mayoría de ellas monjas. Mi ropa sobresale entre el negro sotana y el clima es tenso. Está por comenzar un curso sobre abusos en la Iglesia Católica.

  •  ¿La cárcel es eficiente para recuperar a un pedófilo? Un abusador no se regenera entre barrotes –dice el padre Ariel Busso, vicepresidente del Tribunal Eclesiástico Nacional. Busso abre el curso desde un atril con una cruz tallada y sus primeras palabras hacen referencia a uno de los puntos más polémicos cuando se habla de abuso en la Iglesia: el encubrimiento que se brinda a los pederastas.

    Desde que es Papa, Francisco, no esquivó el tema: pidió “tolerancia cero” con los abusadores y en abril de 2013 la Conferencia Episcopal Argentina publicó unas “líneas guía” en las que explica a los obispos qué hacer cuando aparece un caso de pederastia. Pero aún quedan demasiadas dudas. Es por eso que la Facultad de Derecho Canónico de la UCA organizó este curso de tres días que tituló "La actuación de la curia en los delitos cometidos por clérigos y religiosos".

  •  ¿Vos sos la periodista? -pregunta una mujer de traje negro. Es la encargada de pasar las filminas que se proyectarán en la pared –Manejate tranquila. Podés hacer preguntas o charlar con los curas -agrega.

    Los sacerdotes sentados en el auditorio pagaron 300 pesos para escuchar el protocolo. Hace seis meses que vengo investigando los abusos en la Iglesia Católica. Hablé con personas que lo sufrieron y con abogados canónicos. También estudié las leyes eclesiales sobre el tema. En este tiempo de exploración hay dos palabras aparecieron con frecuencia: silencio y complicidad. Aún cuando el papa Francisco habló de “tolerancia cero” y pidió que se investigue a los curas abusadores, las víctimas todavía denuncian que la Iglesia esconde los abusos y los abogados, defensores de víctimas, sostienen que la ley canónica está hecha para resguardar a los curas pederastas. Con toda esa información, el clima que se respira en el auditorio resulta incómodo. Tan incómodo como la pregunta que vine a despejar: ¿Por qué Francisco no respondió ninguna de las cartas que le escribieron los argentinos abusados por religiosos?

    ***

    La primera persona abusada por un cura que conocí fue Julieta Añazco. En la oficina de sus abogadas, en La Plata, recordó su historia y su desilusión con Francisco.

    Añazco cuenta que fue abusada en los campamentos de verano que organizaba su escuela, en Bavio, una localidad en las afueras de La Plata. El cura de su colegio, Héctor Ricardo Giménez,  entraba a la carpa y la manoseaba. También iba a la ducha -por la tarde- y la enjabonaba.

  •  Giménez hacía lo mismo con otras nenas -Para Julieta Añazco, recordar no fue fácil. Su memoria es como el electrocardiograma de un paciente con problemas de corazón: tiene variaciones, blancos, es irregular. En julio de 2013 pudo recordar los supuestos abusos de Giménez, que hasta entonces mantenía anulados. Y unos meses después hizo la denuncia: contó su historia en la Fiscalía seis de La Plata, donde además se enteró que el cura tenía abiertas dos causas anteriores por abuso, una en 1985 y otra 1996.

    Añazco, quien ya había relatado su historia a sus allegados y también ante la Justicia, esperaba el momento adecuado para hacer la denuncia frente a la jerarquía eclesiástica. Cuando el 13 de marzo de 2013 Mario Bergoglio se convirtió en Papa, Añazco pensó que con un argentino en el máximo cargo dentro de la Iglesia católica sería posible encontrar Justicia. Nueve meses después de su asunción, se animó a escribirle.

    “Somos catorce mujeres de entre 35 y 55 años que desde el año 1971 sufrimos abusos sexuales en nuestra infancia. Muchas de nosotras hemos intentado suicidarnos, porque en ese entonces el Padre Ricardo era casi como Dios. Y Dios no hace esas cosas. Dios no abusa sexualmente de los niños”, decía la carta fechada en diciembre de 2013.

    Del otro lado, en respuesta, lo único que llegó fue un silencio.

    Era julio de 2014 cuando Añazco escribió su segunda carta a Francisco. Esta vez, la misiva llevaba la firma de otros tres argentinos abusados por curas (Sebastián Cuatromo, Gabriel Ferrini y Osvaldo Ramirez). “Dado que en estos días usted se reunirá con varios Sobrevivientes de Abuso Sexual cometido por Sacerdotes de la Iglesia Católica, y no ha invitado a participar a ningún sobreviviente de Argentina, le escribimos esta carta”, comenzaba la nota.

    Por ese entonces, el papa Francisco se reunía por primera vez con seis personas abusadas por curas, tres hombres y tres mujeres que venían de países europeos: Alemania, Inglaterra e Irlanda. “Este hecho nos duele ya que usted debe saber de los casos aquí ocurridos, y por los cuales hace muchos años las victimas luchan; además de los nuevos casos que están saliendo a la luz”, escribieron.

    Esta segunda carta tampoco fue respondida.

    Recuerdo la historia de Añazco mientras estoy sentada en el auditorio de la UCA y el padre Ariel Busso –orador del curso- dice que la “asistencia espiritual a las víctimas es muy importante” y que la Iglesia “no puede permanecer pasiva ante este tema”.

    Busso repasa las “líneas guía” de la Conferencia Episcopal Argentina desde el atril de madera. En el lugar, hay un silencio de Iglesia. “Cristo muere por muchos, también por los que cometen delitos, como por los que son víctimas”, dice. Su cuerpo cabe en un espacio muy pequeño del lugar pero por su investidura parece ocuparlo todo.

    Como buen sacerdote, Busso, tiene dotes de pastor y un manejo de la palabra muy hábil. Su tono es convincente y para dar ejemplos de lo que habla recuerda escenas de películas o de canciones populares. De vez en cuando larga alguna humorada.

  •  Si un cura abusó de un niño debe ser castigado. No se lo puede enviar a un convento con monjas viejas- dice con una sonrisa a medias.
    Cada tanto, Busso también recuerda a los oyentes que habrá un “intervalo para tomar café” y que al final de su exposición dejará “algunos minutos para hacer unas preguntas”; dos expresiones que funcionan como promesas de distensión dentro de la atmósfera tensa que se respira en este auditorio. Yo también pienso en el café pero sobre todo en la pregunta que vine a hacer: ¿Por qué el Papa no responde las cartas de los argentinos abusados por curas?

    ***

    Cualquiera que empiece a investigar sobre los abusos eclesiales se encontrará con un concepto técnico: “Derecho Canónico”. Ocurre que la Iglesia tiene normas, tribunales y abogados autónomos, que funcionan de manera paralela a la Justicia civil estatal. Este proceso legal eclesiástico es posible gracias a que firma concordatos con los Estados y se forma un enclave jurídico en el que un sistema funciona dentro de otro: el ordenamiento jurídico público, al que estamos sometidos todos los ciudadanos, y el canónico, que funciona de manera paralela y es aplicable sólo a los bautizados.

    El clero es hoy la única institución con fuero propio, luego de que en 2006 el Congreso argentino derogara el Código de Justicia Militar y -las Fuerzas Armadas- perdieran los suyos.

    Así las cosas, cuando un fiel denuncia a un cura abusador puede hacerlo ante los tribunales públicos ordinarios y/o ante los eclesiales. O bien en ninguno de los dos, como sugiere el Padre Busso ante la pregunta de uno de los asistentes del curso en la UCA.

  •  ¿Qué le digo a la persona que me cuenta que fue abusada por un religioso? ¿Le sugiero que vaya a denunciar o no? -consulta un cura en el auditorio.

    –Se le aconseja que busque alguna forma de Justicia -responde Busso-. Puede hablar con el Obispo y decirle “mirá, un cura abusó de mí. Yo lo único que quisiera es que esta persona no siga haciendo mal. Si fue un hecho aislado, Dios lo perdone y yo también lo perdono”-.

    La sugerencia que hace Busso –hablar con el obispo sobre el delito en lugar de denunciar al atacante- resulta, como mínimo, extraña. Media hora antes se refirió a los abusadores como personas con una patología que las lleva a propasarse de manera “compulsiva”. Pero ahora dice que los abusos también pueden ser un “hecho aislado”. Estamos en la segunda hora del curso sobre pederastia en la Iglesia y las dudas son cada vez mayores. Quizá el intervalo que ahora empieza sea un buen momento para hablar con Busso.

  •  Hola, soy periodista, estoy investigando los abusos en la Iglesia y necesito hacerle algunas preguntas -me presento.
  •  No -responde Busso, que mueve la cabeza y el brazo en señal negativa y se va con el resto de sus compañeros. Me quedo sola, con el grabador y la libreta en las manos, rodeada de curas que toman café y charlan distendidamente.

    ***

    La historia de P. permite ver en qué medida los casos de abuso en la Iglesia Católica son sistemáticos. P. es un ex sacerdote de Entre Ríos, que denunció abusado por parte del cura Justo José Illaraz, quien también habría sido abusado durante su formación sacerdotal.

    P. comenzó a estudiar en el Seminario Menor de Paraná a los 12 años.

  •  En ese momento tenía tres opciones: hacerme militar, trabajar en el campo o ser cura -contó en una entrevista telefónica, semanas antes del curso sobre pederastia clerical que se hizo en la UCA. P. eligió la última de las opciones, sin saber lo que podría pasarle.
  •  Desde el primer año sufrí los abusos. Por la noche, Illaraz se sentaba en la cama y nos acariciaba y después nos hacía rezar delante de la Virgen -recordó el ex sacerdote, hoy docente y padre de familia.

    Justo José Illaraz fue denunciado en siete oportunidades por abuso de menores cometidos entre finales de los 80 ́ y principios de los 90 ́. Cuatro de esas víctimas, hoy adultos, le escribieron a Francisco.

  •  Mandamos mails, escribimos a la nunciatura y hasta por Twitter. Pero no tenemos ninguna vuelta. Nada de nada –contó P.

    Su relato no era único. Andrés –el nombre es ficticio- denuncia que también fue abusado por un cura. Tenía 16 años y los ataques sucedieron mientras participaba en un grupo de Acción Católica en Gálvez, Provincia de Santa Fe. Cuando se conocieron los supuestos abusos, el sacerdote Luis Brizzo, acusado de manosear al joven, fue trasladado de diócesis. Eso fue lo que Andrés le contó a Francisco en los mails que le mandó para pedirle que se separe a Brizzio del cargo de sacerdote. El correo fue enviado a todas las casillas del Vaticano y al Obispado de la provincia de Santa Fe.

    “Luis Brizzio, me manoseó y abusó sexualmente de mí, en reiteradas oportunidades, siendo yo menor de edad” relató Andrés en los correos enviados a Francisco. Jamás hubo respuesta.

    Contactar a Andrés es imposible: el joven sufre ataques de angustia y no puede hablar públicamente de su historia. La opción, entonces, es acceder a su relato a través del blog de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina, que publica los mails enviados por Andrés al Vaticano. La Red surgió primero en Estados Unidos bajo la sigla SNAP (Survivors Network of those Abused by Priests) y se fue replicando en varios países. En el nuestro, reúne a una decena de víctimas de varias provincias que decidieron organizarse impulsados por la necesidad de hablar con otros que hubieran pasado por lo mismo. Uno de ellos es Andrés, que a los pocos días de enviar un correo electrónico contando su historia al Vaticano, vio una foto de su supuesto abusador junto al Papa. El hombre que lo habría manoseado durante su infancia, no sólo no había sido castigado por la Iglesia, sino que visitaba ahora a la máxima autoridad Católica en Roma.

    A más de 400 kilómetros de Santa Fe, 20 años después de los abusos cometidos contra Andrés, en el auditorio de la UCA, se dice que el traslado del acusado –lo que sucedió con en el caso P. y el de Andrés- “no sirve como medida disciplinaria, porque no es justo para ninguna de las partes. Incluso podría incurrirse en el delito de negligencia”. Eso cuenta Ariel Busso, mientras se seca el sudor con pañuelo que guarda en el bolsillo.

    Otra de las “medidas disciplinarias” que solía tomar la Iglesia con los curas abusadores era enviarlos a la Domus Mariae -Casa de María en latín-. En su libro Secretos Sagrados. La verdad detrás de los casos de abuso sexual en la Iglesia, el periodista Mauro Szeta cuenta que la Domus Mariae es “una especie de casa de rehabilitación para los curas en crisis”. El libro de Szeta fue publicado durante el desarrollo de esta investigación y allí el periodista dice que bajo el rótulo de crisis´, hospedaban a los sacerdotes degenerados”, acusados de pederastia. Cuando el programa Punto Doc -uno de los pocos que investigaron los delitos de abuso dentro de la Iglesia- hizo una cámara oculta con el sacerdote Pedro Murano, a cargo de la Domus Mariae en ese momento, el sacerdote contó: “Trabajamos con curas alcohólicos, homosexuales o pedófilos. El tratamiento es una vida en familia”. Desde el auditorio de la UCA, de pié y delante de dos banderas –una Argentina otra del Vaticano- el padre Ariel Busso no hace referencia a la Domus Mariae, ni a la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico ni a las cartas enviadas a Francisco. Sólo habla de las “líneas guía” escritas por la Conferencia Episcopal Argentina. Y lo hace utilizando un lenguaje lleno de vocablos en italiano y latín. Frente a él, decenas de curas blancos, negros, con acento chileno e inglés asienten con la cabeza. -Esto que estamos tratando acá –los abusos eclesiales- pareciera que es el punctum del problema eclesiástico. Es simplemente un hecho y ninguna institución lo ha tomado tan en serio -dice Busso. En Argentina, la periodista Miriam Lewin fue una de las primeras en hablar sobre los abusos sexuales en la Iglesia Católica: sacó a la luz el caso Julio César Grassi, el cura condenado a quince años de prisión por abuso de menores. Días después del curso sobre pederastia religiosa de la UCA, Lewin dirá que Francisco dice una cosa pero hace otra. -Rechazó la pederastia de manera categórica pero lo real es que no respondió a ninguno de los pedidos de las víctimas argentinas para reunirse con él -. *** En 2009, el delegado del Vaticano, Silvano Tomassi, dijo ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que, según las estadísticas internas del Vaticano, entre el 1,5 y el 5% del clero católico estaba involucrado en casos de abusos sexuales a menores. Eso significa que hay entre 6 mil y 20 mil curas que habrían cometido delitos de pederastia en todo el mundo. Cuando Francisco era Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, muchos de quienes hoy integran la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico intentaron contactarse con él, pero no atendió a ninguno. La asunción de Francisco como máxima autoridad del clero, renovó las esperanzas de ser escuchados y muchas víctimas volvieron a escribirle: le pidieron ayuda para encontrar Justicia, ya que los sacerdotes acusados de abuso siguen libres y en muchos casos en contacto con menores. Otra vez la respuesta fue el silencio. Por eso, para quienes han estudiado el tema, la postura actual de Francisco sobre pederastia en la Iglesia es maquillaje. El escritor Julián Maradeo, por ejemplo, autor de La derecha católica: de la contrarrevolución a Francisco, dice que “los cambios no van a fondo, son para maquillar”. Y que Bergoglio está acuciado por el tema desde el minuto cero como Papa. “Francisco abrió la caja de pandora al decir que hay que investigar a los curas abusadores. Pero quiere mantener ordenado su rebaño” dice el escritor. La misma mirada tiene Mauro Szeta, que en su libro Secretos Sagrados analiza tres casos de pederastia religiosa en Argentina y asegura que “La Iglesia, cansada de pagar tantas demandas civiles, proclama que es hora de cambiar, pero no cambia”. Carlos Lombardi, abogado especialista en derecho canónico, está de acuerdo. Lombardi también participa del curso de la UCA sobre pederastia en la Iglesia. Pero su presencia en el auditorio, es bastante molesta: el abogado es defensor de varias víctimas y asesora a la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico. Durante el intervalo me acerco a él y le comento que quiero entrevistar a alguno de los curas presentes. -Entonces que no te vean cerca mío. En este lugar soy el Demonio -dice mientras salimos hacia el intervalo. Días después del encuentro en la UCA, Lombardi explicará que mientras no se modifiquen las leyes que regulan a la institución católica, cualquier cambio será de forma y no de fondo. “El derecho canónico es un sistema jurídico hecho por curas y para curas” dirá. Lombardi, al igual que los periodistas y escritores que han investigado sobre pederastia en la Iglesia, respondió con rapidez y dedicación ante cada pregunta. Como cuando fue consultado sobre qué tipo de ayuda reciben las víctimas de curas abusadores. “En la Iglesia, el abuso no es sólo una perturbación del orden jurídico, sino también una ruina espiritual del delincuente. Esta doble consideración -delito y pecado- prioriza lasalvación ́ de quien ha delinquido. Y se deja de lado la reparación del daño provocado a la víctima”.

    ***

    Las primeras historias de católicos abusados por religiosos salieron a la luz a fines de 2000 en Estados Unidos. Pero durante el papado de Joseph Ratzinger, se fueron conociendo otros casos en países europeos, en especial en Irlanda y en Alemania. Cuando el Papa argentino repudió desde el Vaticano a los curas abusadores parecía que algo comenzaba a cambiar. El 11 de abril de 2014, se convirtió en el primer Papa en pedir perdón por los ultrajes cometidos por sacerdotes. "Con los chicos no se juega", dijo. Ese pronunciamiento, aparentemente, corría el velo de complicidad que la Iglesia había tenido desde siempre.

    En Argentina fue a partir del caso Grassi que se comenzó a hablar de abusos clericales. El titular de la Fundación Felices los Niños fue condenado en 2009 a 15 años de cárcel por abuso sexual de menores. Uno de los abogados de las víctimas, Juan Pablo Gallego, contó unas semanas antes del curso en la UCA sobre pederastia, que hicieron varios pedidos al Vaticano para que Francisco los reciba.

  •  Nunca tuvimos repuesta- dijo Gallego.

    Esta semana se supo que Gabriel, víctima de los abusos de Grassi, le envió una carta al presidente de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti antes de que el Tribunal analice la pena. En el escrito le pide que confirme la condena al sacerdote. Esta noticia se replicó en varios medios de comunicación y una pregunto sobrevoló el tema: ¿Quién protege a Grassi?

    ***

    La mudez postal de Francisco ante las cartas y mails es, cuanto menos, extraña. Sobre todo si se tiene en cuenta que el Papa intercambió correspondencia con varios argentinos. Por ejemplo, con los familiares de víctimas de Cromañón o con el periodista Alfredo Leuco, quien le pidió a Bergoglio, que no se reuniera con la entonces presidenta Cristina Kirchner. En cinco días Francisco enviaba una respuesta en agradecimiento a la misiva del periodista. El Papa también se escribió con el legislador y titular de la organización La Alameda, Gustavo Vera, activista en contra del trabajo esclavo y amigo personal de Francisco (ya que compartían tareas en el mismo barrio de Buenos Aires). Incluso, Bergoglio respondió con un llamado a un joven de Granada –España- abusado por curas en su infancia, que le había enviado una carta al Vaticano contando su historia. “En nombre de la Iglesia de Cristo te pido perdón” le dijo Francisco en una comunicación telefónica.

    Repaso mentalmente todos esos antecedentes antes de acercarme a Carlos Olguin Reguera, Presidente de la Comisión Judicial del Obispado de Mercedes, quien conversa con otros religiosos en el intervalo del curso sobre pederastia católica en la UCA. A Reguera le hago, por fin, la pregunta.

  •  ¿Por qué Francisco no respondió las cartas de ninguno de los argentinos abusados por curas?

    El hombre tiene un vaso descartable con café en la mano izquierda. El pulso le tiembla y se lo oye un poco agitado. Esfuerza su voz para que pueda escucharlo en medio del murmullo de curas que charlan como en un recreo escolar.

  •  Se habrán traspapelado –dice y da por finalizada la entrevista mientras sus compañeros regresan, con sus sotanas, al auditorio. Olguin Reguera va detrás de ellos: es momento de seguir escuchando los consejos sobre pederastia en la Iglesia.