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Red Internacional
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Las encrucijadas geopolíticas de la Casa Blanca

Mientras el gobierno de Estados Unidos estrena su “coalición de los dispuestos” en los primeros bombardeos contra el Estado Islámico, Martin Wolf, uno de los más lúcidos columnista de Financial Times para oler las amenazas que enfrenta el imperialismo, reafirma que el EI no es el peor enemigo de la principal potencia mundial ni de occidente, sino que el mayor peligro sigue viniendo de la vecina Rusia. Y que por lo tanto, el principal problema geopolítico que tienen Obama y los líderes europeos es cómo tratar a Rusia.

Miércoles 17 de septiembre de 2014

En una nota titulada Rusia es nuestro vecino más peligroso, (FT, 16-9-14) Wolf señala, con razón, que no hay comparación entre un grupo de mercenarios, clientes de diversos estados, y los restos de la segunda superpotencia nuclear, la exURSS.
Como otros analistas que abrevan en la corriente “realista” de la política exterior norteamericana, señala la responsabilidad que tiene occidente en que se haya consolidado el régimen bonapartista de Putin, sobre todo su arrogancia y su triunfalismo, surgidos de la victoria del bando capitalista en la guerra fría.
Según su análisis, Putin, que definió la disolución de la exURSS como la “peor catástrofe geopolítica” del siglo XX, percibe con razón la hostilidad de las potencias occidentales para cercar a Rusia y cercenar su antigua esfera de influencia, considerada vital para sus intereses. Y también la debilidad de estas mismas potencias, y en particular de Estados Unidos, para imponer esta política. De ahí también su capacidad de actuar, aunque sea en la defensiva.

La crisis de Ucrania puso de relieve los límites de todos los actores. Los de Putin son claros: a pesar de conservar gravitación en los problemas de la política mundial, Rusia ha perdido la base material sobre la que se basaba la expotencia soviética. Putin lidera una potencia regional, basada sobre todo en la renta petrolera y en las relaciones políticas y económicas derivadas, que intenta que no lo surjan bastiones del enemigo en su vecindad próxima.

Para Estados Unidos y la UE es la segunda vez que Putin altera las fronteras –primero en Georgia y ahora en Ucrania con la anexión de Crimea- sin poder evitarlo ni revertirlo.

Obama asumió como el presidente que iba a terminar con las guerras ruinosas de Bush. Sin embargo, dejará como herencia para el próximo presidente los mismos conflictos: Afganistán, Irak y sus repercusiones regionales. Por ahora el ambicioso plan imperial del “pivote” hacia la región de Asia Pacífico para apuntar a la expansión de China, donde se percibe están gestándose los conflictos del futuro, tendrá que esperar a que la principal potencia mundial emerja de alguna manera del caos de su “guerra contra el terrorismo”.

La crisis entre Rusia y Ucrania y la descomposición de estados y regímenes del Medio Oriente, y el surgimiento de nuevos enemigos, como el EI, que obligan a Estados Unidos a volver la escena del crimen de las guerras y ocupaciones desastrosas de Irak y Afganistán, son muestras elocuentes de la decadencia del poderío norteamericano.


Claudia Cinatti

Staff de la revista Estrategia Internacional, escribe en la sección Internacional de La Izquierda Diario.