Datos oficiales que muestran una mejora en el empleo y en la industria auxiliaron a último momento a las bolsas del mundo en su segundo día de caída consecutiva. Los vaivenes de las estadísticas norteamericanas retroalimentan la paranoia de los mercados.
Sábado 18 de octubre de 2014
El Jueves pasado mientras las bolsas del mundo se derrumbaban el Departamento de Trabajo de Estados Unidos anunciaba una reducción de las solicitudes de subsidios por desempleo. Las mismas cayeron a su menor nivel en 14 años, mientras que la producción industrial subió con fuerza en septiembre, en señales positivas que podrían ayudar a reducir los recientes temores sobre el panorama económico.
Los pedidos iniciales de beneficios por desempleo en Estados Unidos bajaron en 23.000 a 264.000, el menor nivel desde el 2000.
Un reporte por separado de la Reserva Federal indicó que la producción de las fábricas, minas y empresas de servicios públicos del país avanzó un 1 por ciento en setiembre, una cifra superior a la esperada y que también representa la mayor alza desde noviembre del 2012.
Los datos de una mejora en algunos indicadores de la economía norteamericana fueron como un bálsamo cuando los mercados financieros se venían a pique. Aunque las caídas no se detuvieron, esta información fue capaz de aminorar las bajas de Wall Street y de Europa.
Los datos son mostrados como evidencia de que la economía seguiría sobre terreno sólido y que el mercado laboral estaría tomando impulso. Sin embargo, en los últimos días los inversores consideraron que el lento crecimiento en otras partes del mundo podría afectar a la economía estadounidense y forzar la Fed a retrasar una planeada alza de las tasas de interés. Incluso hay quienes hablan de un nuevo plan de estímulos, el QE4.
Justamente, el mal humor de los mercados, tuvo unos días antes fundamentos en los débiles datos sobre ventas minoristas en Estados Unidos publicados el miércoles. Algo que mermó la confianza de los inversores y alentó una ola liquidadora en los mercados bursátiles. Las acciones estadounidenses operaron con fuertes bajas.
Hay mucha incertidumbre sobre los datos. Economistas de RBS llegaron a decir que es posible que parte de la caída en los pedidos de ayuda por desempleo estuvieran relacionados con un feriado reciente, lo que podría haber afectado la manera en que el Departamento de Trabajo ajusta los datos por cambios estacionales.
El Gobierno, sin embargo, dijo que no había factores inusuales en el reporte, ya que el promedio móvil de cuatro semanas, que elimina la volatilidad semana a semana, también descendió a su menor nivel desde el 2000.
Desde que la FED anunciara el retiro definitivo de los estímulos monetarios hay un especie de guerra de baja intensidad con el uso de las estadísticas. No pasa un día que datos “positivos” tratan de minimizar los datos “negativos” anunciados previamente. Si son “positivos” se inclina la balanza hacia aquellos que pretenden una suba de tasas de la FED, en caso contrario, los datos “negativos” son aprovechados para alentar el sostenimiento de las tasas sin cambios. Es tal la pelea que hasta la propia FED empezó a elaborar sus propias estadísticas.
Parafraseando a Groucho Marx, los funcionarios podrían afirmar: “Estas son nuestras estadísticas, sino les gustan a los mercados… tenemos otras”.