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Red Internacional
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JUICIO LA ESCUELITA IV. Las huellas de la impunidad en Neuquén

Esta semana continuó el juicio contra 22 miembros de las fuerzas represivas que actuaron en la región del Alto Valle durante la última dictadura cívico militar, tramo llamado La “Escuelita IV”.

Sábado 7 de mayo de 2016 19:51

Los días 4 y 5 de mayo las audiencisa se dieron en momentos en que personalidades y organismos de derechos humanos de todo el país manifestaban el repudio frente a las brutales detenciones a trabajadores de Tierra del Fuego.

Como debía ser, los organismos presentes en el juicio, Madres de Plaza de Mayo Filial Neuquén y Alto Valle, Corriente Militante por los Derechos Humanos y CeProDH, se fotografiaron exigiendo la libertad inmediata de todos los detenidos, para que ese gesto llegara hasta la isla de Ushuaia.

Las declaraciones

Nuevamente declararon miembros de las fuerzas de rangos inferiores, en este caso de Gendarmería, particularmente en relación al caso de Felipe Lara, una de las víctimas en este juicio. Si bien negaron haber conocido algo acerca de los hechos -a pesar de haber cumplido funciones en algunas de las dependencias por donde pasaron los detenidos- mostraron, como siempre lo hacen, el pacto de impunidad que sostienen hasta hoy y dejaron en evidencia la actuación de esta fuerza represiva en Neuquén, que muchas veces las defensas se esmeran en querer eludir.

La Gendarmería, como ya se ha probado en otros juicios, fue tan parte y culpable como el resto de las fuerzas represivas en el plan genocida.

Por otro lado resultó odioso tener que escuchar a genocidas durante horas. A Héctor Camarelli -jefe de la comisaría de Cipoletti por entonces- y a Jorge Huircaín -quien también cumplía funciones en la Comisaría de Cipoletti-, quienes con relatos contradictorios y queriendo ubicarse como víctimas, criminalizando y estigmatizando a los detenidos desaparecidos por cuyos casos se los está juzgando, negando las torturas en las comisarías e incluso exaltando su buena relación con la justicia y el poder político no solo durante aquellos años sino también hasta la actualidad.

Un intento absurdo de instalar la teoría de los dos demonios también por esta vía.

Lentitud y fragmentación no es Justicia

Las consecuencias de la lentitud y la fragmentación con la que se vienen llevando adelante estos juicios y la negativa constante de todos los gobiernos a querer abrir los archivos del Estado de los años 70 hizo que desde las querellas se tuviera que pedir la incorporación al debate por lectura de la declaración de varias víctimas ya que después de más de 40 años muchas se encuentran fallecidas.

El caso de Milton Gómez es uno de ellos, quien fuera militante de la Juventud Peronista por aquellos años y fuera perseguido hasta ser detenido desaparecido, llevado a La Escuelita y torturado durante meses.

Muy emotiva resultó la declaración testimonial de su hermano, Ernesto Blas Cuevas, quien relató la persecución que tuvieron los militares con su familia y su hermano, acribillándole la casa, amenazando a su madre, hasta que lograron detenerlo a Milton, a quien liberaran luego de muchísimas gestiones y hasta intervención del cura Jaime De Nevares.

Ernesto Cuevas, con un relato conmovedor personificó a su hermano para quienes no lo concocieron, describiendo sus características, su personalidad antes de que lo desaparecieran y que después de lo que le hicieron nunca ya pudo ser el mismo. Contó que su hermano falleció en 2006 a consecuencia de una cirrosis que sufría por las secuelas psicológicas que le habían quedado.

Al mismo tiempo denunció, como lo había hecho Milton en las denuncias policiales y judiciales, que seguía siendo amenazado por las fuerzas y servicio de inteligencia hasta el mismo año de su muerte.

Fue contundente al afirmar ante una pregunta de la querella del CeProDH, que al pasar los años entendió que a su hermano lo desaparecieron, como a miles de jóvenes y trabajadores, porque eran parte de una fracción de la sociedad que molestaba para los planes económicos que querían aplicar, y que por ello había que eliminarla. Puso en palabras lo que muchas veces escuchamos de los familiares de las víctimas; que estos juicios, como se están llevando adelante, no significan justicia 40 años después.

Milton se murió como consecuencia de lo que se pretende juzgar ahora mientras muchos represores mueren sin condena, muchísimos siguen impunes caminando por las calles y muchos de ellos disfrutan de prisión domiciliaria, mientras siguen reclamando mayor impunidad. Seguiremos peleando en este juicio, como en las calles, por cárcel común, perpetua y efectiva por lo que realmente hicieron, un genocidio dirigido a la clase trabajadora y los sectores populares organizados.