No. Las mujeres dedicadas a la venta por redes sociales y otras aplicaciones, son un sector precarizado de la economía. No son una “tribu urbana” son trabajadoras buscando una salida a la crisis.

Diana Valdez México D.F. / @yellikann
Viernes 26 de febrero de 2021
Aunque muchos lo quieran negar, no es un secreto para nadie lo que se esconde tras el fenómeno —visibilizado recientemente en redes sociales—, “las nenis”: la profunda precarización a la que somos sometidas millones de mujeres, que con la pandemia no ha hecho más que encrudecerse.
El año pasado, producto de los despidos masivos, un millón 141 mil 780 mujeres perdieron su empleo, a esto hay que sumarle que en enero 800 mil personas perdieron su trabajo en el sector formal y 600 mil en el informal, un total de 1.4 millones de personas.
Además, según un informe del INEGI, el trabajo informal aumentó a un 55.6% (28.9 millones de personas) para enero, es decir un 0.6% más que en el mismo mes del año pasado. No hay cifras de cuántas fueron mujeres y cuántos hombres.
Hoy, 14 millones de hogares en nuestro país son sostenidos por mujeres, que muchas veces cumplen dobles o triples jornadas laborales para lograr el sustento de las familias.
A esto se suma que muchas mujeres madres de familia, no podemos acceder a trabajos de jornadas completas por tener responsabilidades en el hogar y de cuidados, o terminar nuestros estudios.
En los últimos días los memes y publicaciones sobre “las nenis” han llenado las redes sociales, con estos se ha desatado también una polémica que podríamos sintetizar entre aquellos que ocupan la palabra “neni” de manera despectiva con memes donde las representan con animales y cuestionan que no aportan a la economía pues “no pagan impuestos” y aquellas que lo hacen de manera reivindicativa, romantizando a las mujeres que frente a la precariedad optan por el autoempleo.
¿Qué hay detrás de la polémica en redes?
La realidad, orilla a millones de mujeres a optar por la informalidad, que puede presentar algunas ventajas, como no pagarle al SAT, definir tus propios horarios o no tener que responder a un patrón. Algunos de los ataques en redes a “las nenis” son precisamente que “evaden impuestos” -lo cual es falso porque los productos que compran llevan impuestos-, pero esto está lejos de ser el paraíso fiscal de los grandes empresarios.
En realidad, como el casi 57% de la población que labora de manera informal, ellas están sometidas a una total desprotección laboral, sin derecho a vacaciones ni descansos pagados, a defender sus derechos laborales de manera colectiva mediante un sindicato, seguro médico -lo cual es criminal en plena pandemia-, ni demás prestaciones.
Esto obliga también a cuestionar el otro polo de opinión, que festeja el emprendedurismo de las mujeres que salen a vender sus productos y quedan en entregar en “puntos intermedios”. No hay nada de bello ni romántico en la precariedad y la desprotección laboral.
El “sueño del emprededurismo” termina por convertirse en larguísimas jornadas laborales que en algunos casos incluye el trabajo del total de los miembros de la familia, caminatas interminables por conseguir materiales, trato con clientes, intermediarios y proveedores, traslados…
Anclado en la vieja idea de que “los pobres, son pobres porque no trabajan”, es decir, modelado en la meritocracia, este “sueño” se convierte en pesadilla a la hora de las cuentas, pues aun con todo ese trabajo, los ingresos muchas veces no alcanzan, se trabaja sin ningún tipo de prestaciones, y muchas veces termina por desembocar en problemas de salud.
Se visibilizó la existencia de un sector de trabajadoras que sufren la precarización y le hacen frente, sin embargo, este esfuerzo podría pasar de lo individual a lo colectivo, porque todas merecemos trabajos dignos en los que tengamos un ingreso que alcance para sostener a nuestras familias, la precarización laboral también es una forma de violencia hacia las mujeres, y hay que pelear juntas por acabar con ella. Las “nenis” no son una tribu urbana, son trabajadoras precarizadas.