La moda de las precuelas parece instalarse en la literatura también. ¿Escritores y lectores nostálgicos o empresarios en busca de un mercado cautivo?

Ariane Díaz @arianediaztwt
Viernes 19 de septiembre de 2014
Cuando la saga de secuelas llegó al punto de acuñar un refrán –“las segundas partes nunca fueron buenas”–, la industria del cine avanzó con las precuelas, la reconstrucción de los “orígenes” de historias y personajes populares. Los resultados son dispares, sin duda, pero como recurso de la industria cinematográfica, el objetivo es el mismo: atraer hacia un nuevo producto la simpatía (y los billetes) de un piso de público que se supone asegurado. Porque, ¿quién no querría descubrir nuevas facetas de un personaje entrañable, que marcó alguna etapa su vida?
Algún CEO editorial habrá reflexionado: "si tanta ganancia sacó la industria cinematográfica de la literatura, por qué no va la industria editorial a aprovechar los recursos del cine" (no esperará el lector que un CEO distinga la industria de la literatura, el cine u otro género, a los que considera todos por igual buenas fuentes para el arte de hacer ganancias).
Ya desde los ‘90 la literatura ha incursionado en precuelas. Dune, de Herbert, las tuvo a manos de su hijo; la viuda de Asimov mandó a estudiar la obra del escritor para desarrollar una nueva trilogía que retomaría precuelas escritas por el mismo autor.
Pero el recurso parece tomar hoy nuevos bríos y se entretejen con versiones en cine o TV. Welsh, autor de Trainspotting, que sin mucho éxito había probado con una secuela, decidió en 2012 escarbar en el pasado de los protagonistas; más recientemente, los herederos de Michell ya autorizaron una precuela de Lo que el viento se llevó.
Un nuevo caso involucra a Hércules Poirot, el famoso detective creado por Agatha Christie, reversionado en una novela que para septiembre tendrá su un lanzamiento simultáneo en más de 50 países –en castellano en Espasa, de uno de los grupos editoriales más grandes, Planeta–. Con el aval del nieto de Agatha, Los crímenes del monograma, escrita por Sophie Hannah, ubica al detective en el Londres de 1929, joven, envuelto una vez más en una serie de crímenes. El libro fue anunciado un año antes de ser escrito, y la autora cuenta en el video promocional que fue la familia de Christie la promotora del “proyecto”, y su agente quien le insistió en sumarse.
Declarada fan de las novelas de una de las escritoras más prolíficas del policial de enigma, y con una basta obra narrativa y poética en su haber, podemos guardar expectativas de que el resultado de Hannah sea un libro que merezca ser leído, pero es difícil no ver en semejante campaña la trama tejida por la industria editorial, que se apoya también en una popular serie televisiva dedicada al personaje.
En suma, el caso que presenta la novela podrá estar bien o mal logrado, para lo cual habrá que esperar leer el libro –si es que Planeta lo trae a estos pagos–; para conocer las motivaciones de la alianza herederos-industria editorial, no se requiere la sagacidad de un Poirot: asegurarse unos morlacos; si es a la cotización de la libra, mejor.

Ariane Díaz
Nació en Pcia. de Buenos Aires en 1977. Es licenciada y profesora en Letras y militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Compiló y prologó los libros Escritos filosóficos, de León Trotsky (2004) y El encuentro de Breton y Trotsky en México (2016). Es autora, con José Montes y Matías Maiello de ¿De qué hablamos cuando decimos socialismo? (2024) y escribe sobre teoría marxista y cultura.