El martes Trump dio el tradicional discurso del “Estado de la Unión” con una tónica de unidad bipartidista que quedó opacada por ataques al partido opositor.
Miércoles 6 de febrero de 2019 15:09
Los ojos del mundo estuvieron posados este martes sobre el presidente de los Estados Unidos durante el tradicional discurso del “Estado de la Unión”. El comienzo con aires de unidad bipartidista levantó sospechas que más tarde fueron confirmadas a medida que Trump atacó puntos claves de la política demócrata. Lanzó frases inflamatorias dirigidas directamente a su núcleo duro de votantes y realizó alguna que otra afirmación que incomodó a más de uno de sus aliados. Minutos después de finalizado el discurso, Stacey Abrams, una naciente estrella Demócrata, ofreció la respuesta oficial del partido opositor.
La imagen de Donald Trump subiendo al estrado de la Cámara de Representantes y saludando Nancy Pelosi, su presidenta o Speaker es más que simbólica. Pelosi es la responsable de haber mantenido al partido Demócrata unido durante el cierre del gobierno, que marcó un récord de 35 días, asestando una derrota al presidente. Luego de lanzar frases como “gobernar no como dos partidos sino como una nación” y “La victoria no es ganar para nuestro partido.
La victoria es ganar para nuestra nación” repasó lo que él considera logros de su administración. Se refirió a la economía estadounidense que “está creciendo casi el doble de rápido que cuando asumió” y a los salarios que “están subiendo al ritmo más rápido en décadas” especialmente para los trabajadores de cuello azul “a quienes les prometí que lucharía por ellos”. También se refirió al mayor logro legislativo de su gestión, la reforma impositiva, una masiva transferencia de recurso del trabajo al capital, que Trump dijo que era una reforma para las familias trabajadoras.
Pero poco duró la ilusión dialoguista. Luego de decir que “está ocurriendo un milagro económico en los Estados Unidos” disparó contra el partido Demócrata diciendo que “lo único que puede detenerlo son las guerras estúpidas, la política o las ridículas investigaciones partidarias” en una clara referencia a la agenda de investigaciones contra el presidente y sus allegados que impulsa la cámara de Diputados con mayoría del partido azul. Matando dos pájaros de un tiro, el magnate apuntó también contra el fiscal especial Mueller, que investiga la posible interferencia rusa en las elecciones de 2016.
Mano dura para la inmigración
Trump volvió a la carga con uno de sus pilares de campaña, la inmigración ilegal. A menos de 10 días de un posible nuevo cierre del gobierno, el presidente llamó al Congreso a aprobar una ley que “financie el gobierno, proteja nuestra patria y de seguridad a nuestra frontera sur”.
En una clara apelación a su base de votantes disparó “Los políticos ricos hablan de fronteras abiertas mientras viven detrás de muros, rejas y seguridad privada. Mientras tanto, la clase trabajadora estadounidense paga el precio de la inmigración ilegal masiva”. Y continuó con una andanada de lugares comunes de la derecha sobre la inmigración, hablando de los asesinatos, el tráfico de drogas y dudosas estadísticas sobre los crímenes cometidos por inmigrantes ilegales. En un exceso de demagogia, Trump se refirió a un agente del ICE, la agencia de control de la frontera, cuya familia “inmigró legalmente” al país y ahora se dedica a cazar a los que, expulsados de sus países por la situación desesperante muchas veces causada por la opresión imperialista de Estados Unidos, buscan un futuro mejor en ese país.
Trump habló de una ley que mandó al Congreso para terminar con la “crisis en la frontera sur”. Incluiría una supuesta ayuda humanitaria, más militarización y una barrera física, “lo voy a hacer construir” dijo en referencia a su muro, otra de las grandes promesas de campaña, el eje de la disputa que llevó al cierre anterior del gobierno y que puede ser la causa de uno próximo si en 10 días no se llega a un acuerdo.
El frente externo
China fue uno de los blancos de Trump en lo que hace a política exterior. Si bien el presidente dijo tener “mucho respeto por el presidente Xi” dijo que “el robo [por parte de China] de trabajos y riqueza norteamericana ha llegado a su fin”. Según el magnate se está trabajando en un nuevo acuerdo comercial con el país asiático, aunque estas declaraciones hacen poco por frenar la guerra comercial después de haber impuesto unos $250 mil millones de dólares en tasas de importación.
Medio Oriente fue otro tema candente. Trump aseguró que “las grandes naciones no pelean guerras interminables” en referencia a sus intervenciones tanto en Afganistán como en Siria, dos de los mayores fracasos de la política exterior yanqui de los últimos años. Sin hacerlo abiertamente, el magnate reconoció la decadencia de Estados Unidos como potencia imperialista hegemónica y reafirmó su idea de retirarse de Siria y llegar a un acuerdo negociado con los Talibán en Afganistán. También agitó consignas contra el “régimen radical de Irán” y celebró su decisión de reconocer “la verdadera capital de Israel” al abrir la embajada en Jerusalén, un ataque directo al pueblo Palestino que resiste la opresión del estado sionista.
Si bien estos dos temas son bastante escabrosos para el partido Republicano, que está mayormente en contra de la imposición de aranceles a la importación y de retirarse de Siria, donde no se mostraron fisuras fue en las declaraciones sobre Venezuela. Demás está decir que los Demócratas tampoco hicieron crítica alguna a la avanzada imperialista encabezada por Trump, el vicepresidente Mike Pence y el Senador Marco Rubio, representante de la derecha cubana más recalcitrante. El presidente aseguró que “estamos con el pueblo venezolano en su noble búsqueda de la libertad” y aprovechó para tirarse contra el “socialismo”, utilizando las miserias en las que el régimen de Maduro hundió a su pueblo, que no son causadas por el socialismo sino por los intentos de administrar el decadente capitalismo del país caribeño.
Los derechos de las mujeres
Durante el discurso se suscitó una escena peculiar. Trump celebró que “tenemos más mujeres que nunca en el congreso”, a lo que la bancada demócrata respondió con un cerrado aplauso del que incluso participaron las que más duramente critican al gobierno Republicano como Alexandría Ocasio-Cortez. Minutos más tarde, el presidente les dio una nueva bofetada al abogar por una legislación más restrictiva que la actual en cuestiones de aborto, asegurando “una verdad fundamental: todos los niños (nacidos y por nacer) son hechos a imagen de Dios”.
La afirmación fue aplaudida a rabiar por Mike Pence, católico ultra conservador y representante del lobby anti derechos, y por el recientemente nombrado juez de la suprema corte Brett Kavanaugh. Recordemos que Kavanaugh es uno de los históricos críticos del fallo de 1973 conocido como “Roe v. Wade” que permite la práctica del aborto en el país, que en los estados más conservadores ha sido severamente limitada mediante leyes locales. Esto causó escándalo en una parte de los opositores pero no todos los diputados demócratas rechazaron la afirmación, sobre todos aquellos que representan a los distritos más conservadores del país, demostrando una vez más que no alcanza con que haya más diputadas en la cámara para defender los derechos fundamentales de las mujeres, sino que estos se deben pelear en las calles.