Se termina la cuenta regresiva para regular el uso de la marihuana en México, la Suprema Corte de Justicia (SCJ) sentó jurisprudencia al resolver en varios casos como inconstitucional la prohibición del uso lúdico de la marihuana por considerar que viola el derecho al libre desarrollo de la personalidad.
Martes 15 de octubre de 2019
En la última semana de octubre el Congreso está obligado a presentar una iniciativa de ley en el sentido de la resolución de la SCJ, para regular el uso lúdico de la marihuana. De no ser así la legislación en torno al uso del cannabis queda en manos de la Corte.
Así que habrá iniciativa de ley pase lo que pase, México está en la antesala de unirse a los países que han legalizado el uso de la marihuana y no parece haber una propuesta seria que permita que todos los beneficios que puede traer la legalización de esta planta lleguen a todos los sectores de la sociedad.
En la democracia “de arriba” los símbolos son muy importantes. Llevar un cigarro de marihuana al Congreso y dárselo frente a las cámaras a la Secretaria de Gobernación puso en la nota hasta la ahora desconocida Lucía Riojas, diputada autonombrada “sin partido” (aunque el PAN la registró como plurinominal).
La aceptación actual a nivel general de la marihuana y lo absurdo de su prohibición hacen que sea un tema fácil para posicionarse como democrático ante la opinión pública, los políticos de la burguesía han utilizado el tema de la legalización para aparecer en la agenda política y poder negociar con distintos grupos y ONGs para utilizarlos como capital político.
Seguridad para el usuario
La mayoría de las personas pensamos en primera instancia en el tema de la seguridad al hablar de legalización. La descomposición social ha generado un miedo permanente en todos los sectores de la población. La demanda general es sentirse más seguro haciendo lo que uno quiera sin afectar a nadie más, y una de esas cosas puede ser consumir marihuana sin el temor de ser privado de la libertad.
Para que esto pueda ser efectivo las leyes tienen que establecer de qué modo se va a producir, transportar, distribuir, comercializar y consumir la planta junto con todos sus derivados en las distintas ramas en las que se puede utilizar, como la médica y la industrial.
Bluff de propuesta
Mario Delgado (diputado de Morena) en declaración a la prensa habló de una empresa paraestatal que se encargue de la producción y distribuya a franquicias de capital privado para su comercialización al menudeo. Sin embargo, López Obrador desestimó lo dicho en su mañanera argumentando que las prioridades de su gobierno son otras.
No hay indicios de que las declaraciones de Mario Delgado sean posibles. La planeación de una empresa estatal del cannabis tendría que concentrar a especialistas en distintas áreas, con presupuesto para desarrollar la infraestructura necesaria para producir de manera industrial marihuana, crear una empresa estatal que produzca ganancias a corto y largo plazo.
Capital privado el gran ganador
Al hablar de la legalización hay personas que se dejan llevar por la idea romántica del autocultivo. No obstante, la legalización tiene que determinar de qué forma se va a comercializar la marihuana, cómo se va a vender, quién la va a cosechar para satisfacer la demanda creciente a nivel global.
Los grandes empresarios están muy interesados en la legalización debido a que se abre la posibilidad de participar abiertamente en un negocio de cientos de millones de dólares, tomando en cuenta las condiciones favorables de México para la producción como el clima, el agua y la mano de obra barata.
Disfrazadas de asociaciones, empresas “verdes” están planeando cómo explotar la mano de obra agrícola del país a cambio de muy poco, imponiendo condiciones a los agricultores que por su cuenta no pueden competir contra ellos, siguiendo el mismo modo de sometimiento como Nestlé hace con quienes cultivan café o Bachoco con los criadores de pollos.
Legalización para los de arriba
Ni el Estado, ni ninguno de los grupos parlamentarios tiene la intención de aprobar una ley para beneficio de las masas trabajadoras, campesinas y pobres. Lo que van a aprobar diputados y senadores es la apertura del mercado para el capital privado, para beneficiar a los más ricos que estén interesados en invertir en la industria de la marihuana. Los “emprendedores” que no son otra cosa que patrones.
Una legalización que tenga una prospectiva para beneficio popular a corto y mediano plazo tendría que estar acompañada de un fortalecimiento de las instituciones de salud pública para atender de manera científica a los enfermos de adicción, campañas educativas en todos los niveles escolares para informar sobre el uso de las distintas sustancias sin la carga moral de la estigmatización, trabajos bien remunerados para que el crimen organizado no sea un polo de atracción para los jóvenes que quieren escapar de la miseria.
El Estado mantiene un sistema de salud en quiebra, una educación deficiente, militares patrullando las calles y un sistema de explotación que mantiene el salario mínimo muy por debajo de la canasta básica. Con estas condiciones es imposible que con la legalización por sí misma se pueda cesar la violencia que azota el país desde hace 13 años que fue declarada la guerra contra las drogas.
Evitar la privatización de la marihuana
La marihuana va a incursionar en la legalidad como un producto privatizado, que va rendir ganancias millonarias al gran capital y a los trabajadores de la industria les tocarán migajas.
Es importante que la discusión sobre el tema suba de nivel y se despoje de la visión individual y romántica del autocultivo, la legalización va a abrir una industria que va a emplear a decenas de miles de personas en la cadena productiva, habría que pensar de qué manera se va a garantizar la seguridad laboral de quienes trabajen en este ramo y cómo se va a garantizar que los beneficios médicos en primera instancia lleguen a los rincones más pobres del país.
La única manera en que la marihuana no se privatice es que sea creada una industria estatal que tenga el monopolio de la producción, distribución y comercialización de la marihuana y sus derivados, que sea controlada por sus trabajadores y regulada por comisiones electas de científicos, agricultores, productores y usuarios. Una empresa que garantice la distribución a bajo costo de marihuana y sus derivados de la más alta calidad para los distintos usos, médico, industrial y lúdico.