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Crisis Medioambiental. Les guste o no: llegó la generación que no se resigna a este futuro basura

La voz de millones de personas, sobre todo jóvenes se escucha en todo el mundo, exigiendo a los Gobiernos y organismos internacionales, actuar ante la crisis medioambiental que atraviesa el planeta. Greta Thunberg se alza como figura de una generación que se está cansando de vivir en un sistema irracional, que nos enferma y depreda la naturaleza para ensanchar los bolsillos de un puñado de empresarios. La ONU y los líderes mundiales no pueden mirar hacia otro lado, tienen que posicionarse, pero sus respuestas, son una burla, al lado de el saqueo y la contaminación que han asegurado y profundizado por años.

Romina Fuentes

Romina Fuentes Licenciada en Medicina Veterinaria de la U. de Chile y militante de Pan y Rosas y Vencer

Catalina Parra

Catalina Parra Militante de Pan y Rosas y el Partido de Trabajadores Revolucionarios

Jueves 26 de septiembre de 2019

Una joven de 16 años que se enfrenta a los principales presidentes del mundo y los increpa por su responsabilidad en el cambio climático. La imagen de Greta Thunberg no es indiferente para nadie. Su rostro, luego de encontrarse con Trump en la Cumbre para la Acción Climática de la ONU se hizo viral y dio paso a una serie de gif y memes, que hablan de la simpatía que despierta Greta, al decirle a viva voz a empresarios y jefes de Gobierno: “¿Cómo se atreven?”.

Greta Thunberg sin duda expresa la rabia de toda una generación, que preocupada por los efectos del cambio climático y la indiferencia de los gobiernos, se rebela. Esa generación que el pasado 20 de septiembre se mostró con fuerza en las calles a nivel mundial con millones de personas alrededor del mundo. Siendo el rostro de la juventud del “Friday por Future”, ha instalado la urgencia de que los gobiernos tomen cartas en el asunto sobre uno de los principales problemas a nivel global: el cambio climático.

Aun así, el discurso de Greta -que invita a tomar conciencia sobre la catástrofe ambiental y que interpela a los gobiernos a tomar medidas ya-, no se condice con soluciones que enfrenten la depredación del cambio climático de raíz. Al contrario, expresa la confianza en que los mismos responsables de la emergencia ambiental puedan dar salida a la crisis que ellos generaron.

Friday for Future, la organización que si bien es una de las caras visibles de una una juventud que se moviliza en contra de los efectos del cambio climático y que persigue la toma de medidas necesarias para mitigar los efectos del cambio (la reforestación, el término de las zonas de sacrificio, etc.), producido en su mayor medida por la megaminería, forestales, agronegocio, amparado además por los gobiernos a nivel mundial, propone una estrategia -que ha mostrado ser estéril- para terminar definitivamente con la crisis medioambiental.

Exigen a organismos internacionales, gobiernos y empresarios, que se han esforzado por garantizar la depredación del medioambiente para asegurar sus ganancias, en desmedro de millones de personas, que día a día enfrentamos las consecuencias de años de extractivismo y producción capitalista, que tomen medidas contra el cambio climático. Esta exigencia, tiene un ímpetu necesario y correcto. Sin embargo, no serán los discursos en la ONU, ni las movilizaciones aisladas por el clima, lo que permitirá arrebatarle nuestro futuro a los “dueños” del agua y las tierras. Sino la organización de quienes nos vemos afectados por las consecuencias de las grandes sequías y la contaminación, las y los trabajadores y los sectores populares, en contraposición con quienes además de ser sus responsables, buscarán la fórmula para lavar su imagen y seguir expandiendo sus mercados, a costa de la sobreexplotación de los recursos naturales. No podemos ser ilusas e ilusos, ¡ninguna confianza en la “buena voluntad” de empresarios y gobernantes!

La juventud que se ha levantado a nivel internacional en contra de los efectos del cambio climático puede ir más allá y construir un camino distinto. Quienes realmente creemos en que el destino de la humanidad está en nuestras manos, podemos enfrentar los líderes mundiales, como Trump que niega la enorme problemática o Piñera que se lava las manos con un discurso verde, pero que hace indicaciones a la Ley de Protección de Glaciares, para facilitar su destrucción por parte de las mineras.
Pero para enfrentar enemigos de este tamaño, es necesario oponer una fuerza organizada, que sea expresión en las calles, de una discusión que no puede encerrarse en las altas cumbres de la ONU.

Si logramos que sean las y los trabajadores de las empresas más contaminantes por ejemplo (no sus dueños), las comunidades, científicos, estudiantes, quienes nos reunamos en nuestros lugares de estudio, trabajo y en asambleas territoriales a nivel nacional para discutir un plan que tome como perspectiva, con el llamado de los principales organismos sindicales y estudiantiles, como la CUT, la Confech, etc, a movilizarnos por la emergencia climática y exigiendo la renacionalización de los recursos naturales bajo gestión de los trabajadores y comunidades, podemos ser capaces de poner a los gobiernos y a los empresarios contra la pared y no aspirar solamente a remover esa dudosa conciencia que les queda, sino poner de rodillas al sistema, que destruye todo a su paso.

Como jóvenes podemos ser una voz rebelde y disidente, pero esto no es suficiente. Si queremos poner a los gobiernos de rodillas frente a la crisis climática, necesitamos unirnos con las y los trabajadores. Ya que son elles quienes día a día ponen en marcha la minería, la agroindustria y todas las empresas (contaminantes o no) que generando riquezas para los grandes dueños, son la fuerza motora de un sistema irracional de producción. Por lo tanto, son las y los trabajadores, las y los únicos que pueden detener en los hechos, la depredación medioambiental, exigiendo e imponiendo, la utilización de los recursos naturales de forma armónica con la naturaleza y ponerlos a disposición de las necesidades reales de la población y no del despilfarro, que asegura las ganancias de unos pocos.