“Todos unidos militarizaremos” es el nuevo lema que recorre Rosario. La mal llamada crisis de “inseguridad” hizo nuevamente su milagro: encolumnar socialistas, radicales, peronistas y al PRO tras el reclamo de mano dura. Incluso a sectores de la izquierda.
Jueves 25 de agosto de 2016
Foto: La Capital
La crisis de seguridad, que algunos medios se empecinan en llamar “inseguridad”, volvió a ocupar la agenda del debate político en Rosario. El bombardeo cotidiano de los medios de comunicación fue acompañado de una serie de reuniones entre diferentes niveles del Estado que pusieron en marcha sus engranajes en un plan de mano dura.
Representantes de la Municipalidad de Rosario y del Ministerio de Seguridad provincial, concejales de distintos bloques y, por supuesto, la propia intendenta Mónica Fein, mantuvieron una reunión en el día de ayer para acordar en un conjunto de políticas.
Mónica Fein anunció en conferencia de prensa un paquete de medidas que apuntan a fortalecer una agenda de políticas de seguridad a lo Blumberg, fortaleciendo el aparato represivo. No obstante las miradas nuevamente evadieron apuntar al meollo del problema: la crisis permanente y la descomposición de la Policía, por un lado, y, por el otro, la crisis social que atraviesa la región, que volvió a colocar a Rosario como la ciudad con mayores índices de desocupación en todo el país.
La otra cara de esta campaña es una Justicia cada vez más agresiva contra las causas de violencia institucional. El ejemplo más resonante de eso es la liberación de los cinco imputados por el caso de Gerardo Escobar. Son diferentes aristas de un mismo clima político que se quiere instalar en el marco de una profunda crisis policial en donde el gobierno provincial pierde margen de control.
A partir de las reuniones encabezadas por Fein, con los jefes de una Policía corrompida y cuestionada, ahora en más dos personas que viajen en una misma moto serán objeto de controles y chequeos por parte de la fuerzas de seguridad, además de que deberán tener identificación obligatoria en el casco y se instalarán operativos de controles en determinadas franjas horarias, que prometen ser más exhaustivos. Parafraseando a Macri, “Va a estar bueno Rosario”.
El paquete de medidas también incluye la “intervención urbana en zonas calientes” a través de la instalación de retardadores de velocidad y barreras físicas en aquellos puntos identificados con circuitos delictivos.
El reclamo de mayor presencia de fuerzas de seguridad federales se convirtió en la apuesta mayor. Al igual que durante el kichnerismo, Rosario se convertiría nuevamente en el escenario de desembarco de la Gendarmería Nacional para ocupar lo que ya durante la gestión de Sergio Berni se denominaron “zonas calientes”: 70 puntos de la ciudad donde se concentraría el delito. Casualmente son los barrios obreros y populares los que delimitan geográficamente esas zonas. La estigmatización y la criminalización son patrimonio de todos: peronistas, radicales, socialistas y del PRO.
Los vínculos entre el ministro de seguridad provincial, Maximiliano Pullaro, con su par nacional, Patricia Bullrich, recompuestos luego del affaire de la Triple Fuga, son claves para instrumentar esta decisión.
El socialismo intenta sortear de esta manera varios de los frentes abiertos y pretende retomar iniciativa. Si hacia las elecciones del 2017 el PRO y el socialismo parecen rivales irreconciliables, con el radicalismo pasándose en masa hacia Cambiemos, a la hora de de la realpolitik, el PRO marca agenda, impone políticas y el Frente Progresista las ejecuta.

Rodrigo López
Nació en Rosario en 1989. Es licenciado en Historia de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.