×
×
Red Internacional
lid bot

ANÁLISIS 10N. Lo que el debate a 5 dijo del régimen, sus partidos y el post 10N

Las tres principales claves que el debate dejó claras: el régimen encuentra dificultades para cerrar la crisis de gobernabilidad, la represión contra Catalunya se eleva a nuevo consenso restaurador y el siguiente gobierno, sea el que sea, aplicará el ajuste pendiente en tiempos de una nueva crisis.

Santiago Lupe

Santiago Lupe @SantiagoLupeBCN

Martes 5 de noviembre de 2019

El debate a cinco televisado este lunes dejó algunas claves importantes sobre el estado de salud del Régimen del 78, sus partidos -viejos y nuevos- y las perspectivas que se abren después de las elecciones del 10N. Repasamos a continuación las tres principales que ilustran las dificultades del régimen para recomponerse por arriba, la profundización del curso autoritario y una nueva tanda de ajustes que tenemos por delante y como la nueva “izquierda” se muestra totalmente impotente y funcional a este curso.

Uno: el Régimen del 78 no encuentra un nuevo sistema de partidos que garantice la gobernabilidad

La apuesta de la repetición electoral para recuperar algo similar al viejo bipartidismo tiene dificultades para materializarse. El 11N podemos estar “en las mismas” que el 29A.

El bloque autodenominado “progresista” parece que quedará bastante igual a sí mismo. A esto se le añade el problema de que Sánchez viene “volando puentes” que sirvieran para reeditar un gobierno sostenido por los socios de la moción de censura. Tanto con Unidas Podemos como con ERC de quien de momento parece que seguirían dependiendo.

Por la derecha el PP se ve cómodo por la recuperación de votos y escaños a costa de Cs, los naranjas se hunden y Vox mantiene según las encuestas un ascenso que podría llevarlo a ser la tercera fuerza. A pesar de los ataques que por momentos se cruzaron Casado, Rivera y Abascal, han demostrado que no tendrían ningún problema en acordar un gobierno del llamado “trifachito”. Sin embargo, por el momento no hay encuesta que les de esa suma.

La tercera hipótesis, y por la que apuesta gran parte del establisment, es la de un acuerdo entre los viejos partidos del bipartidismo en forma de abstención, pero tiene también grandes problemas. Con un Vox en ascenso y por lo tanto con la guerra de las derechas abiertas ¿estará dispuesto Casado a darle ese apoyo a Sánchez por “responsabilidad de Estado”?

En definitiva, el Estado español parece haber entrado en un periodo largo de inestabilidad política que dificultará la conformación de ejecutivos estables. Un problema para conseguir cerrar la crisis del régimen y hasta para poder aborda la agenda de contrarreformas económicas con la que todos los grandes partidos concuerdan.

Dos: Catalunya, nadie saca los pies del plato del “a por ellos”

El nuevo consenso sobre la resolución de la crisis catalana quedó asentado en el mismo debate. Las tres derechas mantuvieron su carrera por ver quien hacía la propuesta más ultras, cuestionando al PSOE por no haber llevado aún más allá la escalada represiva y entre sí -sobre todo de parte de Cs y Vox al PP- por sus supuestas tibiezas con los independentistas.

Pero el PSOE no se quedó atrás. Arrancó explicando que su propuesta se basaba en tres grandes ejes copiados de los lugares comunes y el programa de la derecha más reaccionaria: una ley nacional que obligue a estudiar en las escuelas catalanas los “valores constitucionales”, una ley audiovisual para recuperar TV3 y volver a incluir en el Código Penal el delito de convocatoria ilegal de referéndum. Y terminó prometiendo que él, casi personalmente, metería en la cárcel a Puigdemont.

Unidas Podemos se separó de toda esta catarata de propuestas reaccionarias con una tibia defensa de una “salida negociada”. Una posición que en ningún caso planteó ni la defensa del derecho a decidir, ni la denuncia de la ofensiva judicial o la represión policial que hemos visto en estas semanas en Catalunya. A su manera, una izquierda que quiere ser sostén del régimen, asume “críticamente” este nuevo marco represivo. Algo que ya adelantó Iglesias en plenas negociaciones para formar gobierno cuando dijo que aceptaría el “liderazgo” del PSOE si había que volver a aplicar un 155.

Tres: el siguiente gobierno será el del ajuste pendiente

El bloque de las políticas sociales fue el que más recordaba a pasados debates de estos cuatro años. Entre el PP y el PSOE se echaron en cara la parte del ajuste y las consecuencias de la crisis que correspondía a los gobiernos del otro, como si durante los propios no hubieran aplicado exactamente las mismas políticas. Cs aprovechaba para atacar a unos y otros, aunque proponiendo reformas aún más neoliberales. Así, ante la precariedad laboral galopante, Rivera volvió a la carga con su contrato único, que propone acabar con la dualidad entre precarios y fijos haciéndonos a todos “fijos precarizados”.

En este punto Vox desplegó con fuerza su discurso y propuestas reaccionarias. Acabar con el desempleo y los problemas sociales a costa de expulsar inmigrantes o acabar con las comunidades autónomas. El desparpajo racista de Abascal, en la línea de las derechas populistas europeas, no encontró respuesta contundente de ninguno de los participantes, ni de la derecha, ni de la “izquierda”.

Pedro Sánchez llegó a reivindicar la labor de su gobierno por expulsar un 50% más de inmigrantes ilegales, aunque eso sí, como él mismo dijo, a diferencia de Voz ellos lo hacen con un “discurso progresista”. No podía haber mejor mejor metáfora que ésta para lo que supone la agenda del “mal menor” en las políticas sociales y económicas: hacemos lo mismo que la derecha -reformas laborales, pensionazo, ajustes y racismo institucional- pero lo sabemos vender mejor con algo de marketing multicultural. De hecho el candidato del PSOE se cuidó mucho de lanzar alguna propuesta concreta en este bloque, consciente de que lo que le tocará, como a Zapatero en su segunda legislatura, es aplicar políticas de ajuste ante la crisis que se avecina.

Iglesias quiso convertir este bloque en el momento estrella de su intervención, hablando de muchas de las propuestas de reformas sociales que contiene el programa de Unidas Podemos. El problema de éstas, además de su propio alcance limitado a los marcos de cumplimiento del déficit y los acuerdos con la Troika, es que solo se acuerda de ellas en campaña electoral. Volvió a hablar de derogar la reforma laboral, imponer un impuesto a la banco o intervenir el mercado de alquiler. Pero se olvidó de decirnos que durante todos los meses de gobierno ninguna de estas medidas fue condición para apoyar o no la investidura de Sánchez.


Santiago Lupe

Nació en Zaragoza, Estado español, en 1983. Es director de la edición española de Izquierda Diario. Historiador especializado en la guerra civil española, el franquismo y la Transición. Actualmente reside en Barcelona y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.

X