El colectivo MENA’s forma parte del debate político en las elecciones municipales, mientras el panorama sigue estancado y el colectivo no deja de malvivir en unas condiciones marcadas por la persecución y la violencia institucional.
Marc Ferrer Barcelona
Viernes 24 de mayo de 2019
Este año 2019 se ha recrudecido la problemática con la gestión del colectivo, conocidos técnicamente como MENA’s, se trata de niños y adolescentes, menores de 18 años, de origen extranjero no acompañados por sus familias.
Durante los últimos meses hemos escuchado un repertorio de noticias que aluden a este colectivo desde muchos ángulos. El centro de acogida de Catelldefels en Catalunya fue asaltado por un grupo racista, dejando consecuencias tan graves como uno de los menores hospitalizado y dos educadores heridos, según la Generalitat.
Esta noticia vino seguida en muy poco tiempo por otro suceso en Canet de Mar, donde un grupo de jóvenes migrantes alojados en una casa de colonias protagonizó asaltos a viviendas, hurtos y acoso a los jóvenes adolescentes de la localidad.
Todas estas noticias sumamente tendenciosas, han creado un clima perfecto para que el racismo aflore. Estos hechos y muchos otros, han marcado la agenda política de estas elecciones municipales, donde los partidos de la oposición no dudan en servirse de este colectivo sumamente estigmatizado como arma política en los ayuntamientos del cambio.
Un claro ejemplo de como se utiliza la situación de estos menores fue el reciente caso de Rubí, donde la alcaldesa, Ana María Martínez (PSC), realizó un discurso racista para oponerse a la instalación de un centro de menores en un antiguo hotel. Sembrando el racismo más reaccionario en el pueblo y creando el rechazo de este centro mediante manifestaciones vecinales.
En #Rubi la alcaldesa en lugar de defender a los menores inmigrantes no acompañados chicos pacíficos ataca a la responsable de defenderlos!
La xenofobia y el racismo se combate defendiendo los #DDHH de las personas lo otro es la via al fascismo! Vergüenza!pic.twitter.com/dUeArwwnFK— Manel Márquez (@manelmarquez) 16 de mayo de 2019
Los sectores progresistas no tardaron en denunciar el sentimiento racista del pueblo, sin embargo, no han apelado, ni siquiera han cuestionado que el hecho de abrir un centro donde alojar 80 menores hacinados es la muestra más clara del racismo institucional.
Esta lógica en la que se basan las instituciones, que no plantea referentes educativos que den apoyo a los menores para crear un proyecto de vida sólido, y que simplemente se ocupa de acumularlos en malas condiciones, es la que provoca la agitación y el clima de pánico entre los vecinos.
Otro político que se sirve para su campaña del conflicto de los MENA, ha sido Ernest Maragall (ERC). El aspirante a alcalde, se dejó grabar el pasado sábado jugando a fútbol junto a jóvenes de centros de inmigrantes. La Asociación Ex-menas, critica que el republicano “sólo buscaba la fotografía”. Una fotografía llena de hipocresía ya que se trata del candidato de un partido que lleva aprobando presupuestos “sociales” donde únicamente tienen cabida centros gestionados por fundaciones privadas, que actúan como meros contenedores de menores, que al cumplir la mayoría de edad quedan en una situación de desprotección total. Se trata de entidades, que además de todo eso, precarizan los puestos de los trabajadores, que sufren unas condiciones laborales pésimas que les impiden realizar una buena tarea educativa.
Tras los incidentes citados, los ex menores tutelados se han ofrecido a dialogar con los ayuntamientos y los vecinos. La Asociación Ex-menas remarcó que el 82% de los menores que viven en centros de acogida no ha cometido ningún delito.
Uno de los partidos, que no ha tardado en subirse al carro del oportunismo, pero en este caso por derecha, es VOX, el cual aprovecha la situación precaria de estos centros para impulsar su política racista y calar en las localidades donde existe un caldo de cultivo ideal para el repudio contra estos jóvenes. El ejemplo fue el centro de Hortaleza de Madrid, donde Ortega Smith fue a “solidarizarse” con los trabajadores, pero fue rechazado por los vecinos de Hortaleza a grito de “facista” y “racista”.
Además, éste partido de extrema derecha se ha posicionado en Ceuta, planteando devolver a estos menores a su país de origen y planteando que los menores que delincan sean castigados como adultos.
🔴🔴🔴 Podemitas obligan a la Policía a escoltar a @Ortega_Smith del barrio de Hortaleza tras mostrar su apoyo a los trabajadores de los Centros de Menores de la Comunidad de Madrid que tienen que soportar la violencia de los menas: pic.twitter.com/6GT8COP1ck
— VOX 🇪🇸 (@vox_es) 10 de mayo de 2019
Los medios de comunicación no dudan tampoco en usar los MENA’s como artillería electoral en contra del ayuntamiento de Ada Colau en Barcelona, haciendo un reportaje con el siguiente titular: ”La Barcelona que Ada Colau no quiere que veas”.
El reportaje no deja de ser una radiografía sensacionalista, donde se relaciona al colectivo con la delincuencia y la inseguridad en las calles de la ciudad, y destaca también, el desamparo de muchos adolescentes que van parar a la calle al cumplir 18 años y cometen actos delictivos para su supervivencia.
A pesar de lo tendencioso, el reportaje no deja de tener una parte real, y es que el supuesto "ayuntamiento del cambio" en Barcelona, no ha proporcionado durante el mandato de Colau, ninguna solución efectiva para esta población, sino que ha optado por tratar esta problemática de forma incoherente. Nos encontramos ante una de las múltiples contradicciones de este ayuntamiento, que por un lado se posiciona de cara a la galería con el discurso de querer ayudar y crear referentes educativos para este colectivo y en la práctica delega las tareas de reubicar e ingresar a los menores en centros a la Guardia Urbana, la cual actúa sin ningún tipo de rigor profesional, y es la misma que acosa de forma sistemática con medidas de persecución a este colectivo.
En definitiva, en este panorama electoral mientras unos se llenan la boca con campañas que apuestan por la acogida de refugiados y después los trata con políticas basadas en la persecución policial y en la violencia institucional, otros partidos, afilan los discursos racistas para tumbar los ayuntamientos del cambio.
Mientras en el eje del problema, los centenares de menores que malviven en las ciudades continúan sin amparo alguno.