lid bot

Mundo Obrero. Los accidentes de trabajo crecen en Aragón

Según un reciente informe de UGT y CCOO, la siniestralidad laboral en esta comunidad autonomía ha aumentado un 3,08% con respecto al mismo trimestre de 2018.

Jorge Calderón

Jorge Calderón Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza

Miércoles 8 de mayo de 2019

Coincidiendo con el pasado primero de mayo, estos dos sindicatos presentaron los resultados de un exhaustivo estudio sobre los accidentes laborales en este primer trimestre de 2019. El mismo refleja como el número de accidentes laborales con baja ascendió a 3.911, un 3,08% más que en el primer trimestre de 2018, de los cuales 3.881 fueron leves, 26 graves y 4 mortales. A ellos deben añadirse 546 accidentes “in-itinere” –uno de ellos mortal– que afectan a más mujeres que hombres.

En palabras de Luis Clarimón, secretario de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO Aragón, aunque evidentemente es una “buena noticia que desciendan los accidentes graves y mortales, si miramos la evolución de los últimos años, el número de accidentes en su conjunto continúa en aumento desde 2014”. Además, denuncia que “son muchos los accidentes y enfermedades profesionales que pasan desapercibidos”.

Se refiere a que hay algunos accidentes que son declarados leves en principio pero que luego pasan a confirmarse como graves. Incluso muchos accidentes laborales que se producen ni siquiera se llegan a denunciar como tales debido a la alta precariedad laboral y pérdida de derechos que impide a estos trabajadores denunciar su accidente.

La muerte camino del trabajo

No solo los datos globales son malos, sino que si los analizamos con más detalle, la conclusión aun es más alarmante. A pesar de reducirse los accidentes mortales a la mitad con respecto al mismo trimestre del año pasado, la mayor parte han tenido su origen en causas relacionadas con el tráfico, accidentes in-misión o accidentes in-itinere. Así, 3 de los 5 accidentes mortales, un 60 %, se han producido por estos motivos.

El número de enfermedades laborales declaradas han sido en este periodo 178, once más que en 2018. Según los responsables del informe, esto “representa una cifra mínima respecto del global de siniestros laborales, lo que indica que no se declaran todas las que se debieran declarar”.

Por último, denuncian que el 70 % de los accidentes laborales se producen en las pequeñas empresas, que con la legislación actual carecen de delegado de prevención.

Desde estos sindicatos insisten en adoptar medidas que eviten estas muertes camino del trabajo, como obligar a las empresas a poner un transporte colectivo o autobuses lanzadera en los polígonos. Reclaman que “se considere la salud laboral como un objetivo social, económico y político prioritario para los próximos años”.

Para ello proponen medidas como un mayor control sobre empresas con altas tasas de siniestralidad, dotar a los técnicos del Instituto Aragonés de Seguridad y Salud Laboral con capacidad sancionadora y no solo técnica como tienen ahora, mejorar el control de las empresas para el cumplimiento de la normativa, así como la calidad de los servicios de prevención.

Evitemos que trabajar nos cueste la vida

Las cifras demuestran claramente como los efectos de la crisis económica que llevamos arrastrando desde 2008, y la actual endeble recuperación basada en un pobre crecimiento, no ha hecho más que aumentan la precariedad laboral.

Actualmente 92% de los nuevos contratos son precarios. Esto hace que estos trabajadores, carezcan tanto de una estabilidad laboral, como de unas leyes que lo protejan frente a los frecuentes abusos de sus patronos. Eso sin contar los trabajadores y trabajadoras en negro, sin contrato, que a su vez aumenta los números.

Estas circunstancias hacen casi imposible que puedan exigir que se cumplan en su entorno laboral las normas de seguridad o que se les entreguen las prendas de protección personal.

Como denuncian los sindicatos, no sólo son los accidentes laborales el único riesgo que corremos los trabajadores. Seguimos sometidos a graves riesgos de contraer enfermedades profesionales. Muchas de estas dolencias no están todavía reconocidas como tales, aunque su origen tenga un claro detonante relacionado con el ambiente y las condiciones en que se desarrolla el trabajo.

En esa situación se encuentran muchas dolencias cardiovasculares, digestivas, mentales o respiratorias cuya relación con la vida laboral no siempre es reconocida por la seguridad social o los tribunales.

Un claro ejemplo es el del amianto. La peligrosidad de este material ya se conocía desde 1940, pero a pesar de ello se ha seguido utilizando –sin informar ni proteger a los trabajadores- durante décadas y en numerosos sectores.

Esto ha provocado cientos de muertes de trabajadores, por tumores y otras enfermedades, cuyas reparaciones todavía no se han concedido en su totalidad a las familias afectadas. A pesar de ello hoy en día, como ha denunciado CGT y otras organizaciones, sigue estando presente en instalaciones escolares, deportivas, industriales, etc.

Nada podemos esperar ni del gobierno ni de la patronal para frenar esta trágica realidad. A la actitud ya explicada de los empresarios, que solo buscan aumentar sus benéficos a costa de lo que sea, se suma la colaboración cómplice del gobierno. Tanto el PP como el PSOE, no han hecho prácticamente nada para evitar esta lacra laboral.

El ejemplo claro de esto, es que el Estado español está a la cabeza en muertes laborales en la UE. Mueren 6,6 por cada 100.000, mientras que la media en la UE, la cifra baja a 4,8. Sin embargo a pesar de ello, sólo hay un inspector de trabajo por cada 23.300 trabajadores, casi la mitad que en la UE.

Toda esta precariedad laboral que aumenta notablemente los accidentes laborales lleva siendo permitida, desde hace años, por la burocracia sindical en la dirección de UGT y CCOO. Esto les hace ser cómplices directos, por omisión, de este aumento de la siniestralidad laboral.

Por todo ello, los sindicatos no pueden quedarse en meros informes o denuncias. Deben luchar contra la precariedad laboral una de las causas de los accidentes y las enfermedades laborales, exigiendo en los centros de trabajo el cumplimiento de todas las normas en materia de seguridad y prevención.

Debemos dejar claro a los empresarios y a la administración que la vida y la salud de las personas están muy por encima de la producción y los beneficios. No podemos seguir dejando que los efectos de la crisis, y la voracidad sin escrúpulos de los empresarios, nos cuesten diariamente nuestra salud e incluso nuestra vida. Solo la organización y la lucha podrán frenar esta trágica realidad.