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Red Internacional
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TRIBUNA ABIERTA. Los hijos de la periferia: las víctimas del negocio de los desarrollos habitacionales

Mientras se avanza en la privatización de los espacios públicos urbanos, se opera el desplazamiento de las familias trabajadoras de las ciudades a zonas periféricas marginales. Se trata de la “gentrificación”, la elitización de zonas urbanas en detrimento de la mayoría de la población.

Viernes 17 de febrero de 2017

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En un artículo llamado “Planeta de ciudades miseria; involución urbana y proletariado informal” escrito por Mike Davis se plantean, una serie de datos sobre las crecientes zonas urbanas hiperdegradadas alrededor del mundo.

Sin embargo, la mayoría de los adultos contemporáneos crecimos mientras se daba este fenómeno por lo que no fuimos enteramente conscientes de la forma en que, por ejemplo, la Ciudad de México creció y se extendió por amplias zonas del Estado de México creando un paisaje urbano continuo poco planeado, con carencias de servicios básicos, pobreza e inseguridad por mencionar solo algunos. Pero en México este proceso y actual reordenamiento (violento por cierto) de la Ciudad de México y su zona conurbada no es privativo de la capital.

Actualmente por todo el país están surgiendo de forma acelerada asentamientos urbanos en las periferias, solo que esta vez no están siendo creados por las masas migrantes del campo, que antaño se apropiaban de terrenos y eran tolerados por los gobiernos municipales a cambio de las respectivas lealtades y control político.

Un rápido recorrido por las principales ciudades del norte del país muestra un panorama que esta vez es distinto e incluye la expulsión de las zonas centrales de la ciudad (gentrificación) de sus antiguos habitantes.

Este proceso está orquestado por la alianza de las dos dependencias gubernamentales encargadas del desarrollo de vivienda para los trabajadores (INFONAVIT y FOVISSSTE) y las cada vez más numerosas empresas inmobiliarias que existen en nuestro país (ARA, GEO, URBI, etc.). El negocio de la vivienda precaria se ha vuelto uno de los motores de la corrupción gubernamental, de la generación de riqueza para los dueños de las inmobiliarias y de la explosión de zonas hiperdegradadas.

El eufemismo que se utiliza para dichas zonas periféricas es el de “desarrollo habitacional”. Enmascara un verdadero crimen en contra de las masas trabajadoras que con mucho esfuerzo buscan obtener una vivienda y reciben, literalmente, cubos de cartón, alambre y yeso de no más de 30 metros cuadrados. Con el agravante de la muy baja calidad en los materiales que se utilizan y que lleva al deterioro de forma alarmante.

Estas viviendas se agrietan en el mejor de los casos a las pocas semanas de ser habitadas, pero de forma común, con filtraciones de agua a la llegada de la primera temporada de lluvias. Se deshacen las paredes de baños por tuberías de PVC en mal estado (hace tiempo que las tuberías de cobre no figuran en estas construcciones), drenajes tapados por tuberías de desagüe cada vez más pequeñas e incluso a punto del colapso por la ruptura de las losas de cimentación superficial sobre las que se monta el cubo en terrenos que muchas veces son inestables y se deslavan con facilidad.

Atrás quedó la época en que se entregaban pies de casa que se podían agrandar. Actualmente es imposible montar otro piso sobre estas chabolas en las que es común ver que habitan por lo menos dos núcleos familiares distintos (padres, hijos, esposas de los hijos y nietos), es decir, de 6 a 8 habitantes por vivienda.

Hacinamiento y marginación

Evidentemente el hacinamiento conlleva también problemas asociados a la falta de privacidad como violaciones intrafamiliares y constantes reyertas familiares que van desgastando el frágil tejido, primero familiar y también social. Como en el caso de Culiacán, Guasave y Mazatlán, estos “desarrollos habitacionales” son el perfecto caldo de cultivo de los ejércitos de jóvenes que se integran a las redes del narcotráfico debido, entre otras cosas a la pobreza y la marginación.

El caso no es privativo de estas ciudades, de Nogales a Guadalajara las cosas no son muy diferentes, como en el caso de las zonas periféricas de Guadalajara. Hace poco tuve oportunidad de platicar con los vecinos de uno de estos “desarrollos” en Juanacatlán, Jalisco, quienes para su mala fortuna obtuvieron su vivienda justo pegados a otro desarrollo, sin comillas, de asentamiento clasemediero aburguesado.

La peor de las fortunas no es esta, sino que absolutamente todas las escuelas de educación básica se encuentren del lado “bonito” y ningún niño de la zona precaria está inscrito en estas escuelas por lo que los administradores llamaron “falta de cupo” pero que los vecinos entienden como abierta discriminación. ¿En verdad ni un solo niño pobre cabe en esas escuelas? ¿Ni uno? Todos acuden a escuelas ubicadas en poblaciones a no menos de una hora de camino en transporte público.

Cabe mencionar que los niños no son los únicos que sufren. Las conversaciones con vecinos de este tipo de asentamientos consentidos por el gobierno hacen referencia constante a los cambios que sufrió su vida desde que se mudaron. La mayoría dobló o triplicó sus tiempos de traslado de su casa a al trabajo. Obviamente también dobló o triplicó sus gastos en transporte público, el cual sigue siendo deficiente e insuficiente para la cantidad de personas que ya habitan y siguen llegando a estas zonas.

La mayoría de las personas también coinciden en la constante preocupación por la seguridad ya que las bandas delictivas ejercen un control importante en estas nuevas colonias y por supuesto por la falta de servicios básicos de agua potable e incluso señal de teléfono celular, instalaciones de teléfono fijo, mercados e incluso tiendas de abarrotes. No es exagerado decir que son pequeños asentamientos aislados.

Los engaños de las constructoras

Estos desarrollos habitacionales tienen, en el mejor de los casos un Oxxo, pero como ya se mencionó, muchos de ellos no cuentan ni con tienda de abarrotes debido a que en el contrato que establecen con las constructoras se prohíben terminantemente establecer negocios de este tipo.

Todo esto surge de una mentira más de las constructoras ya que entrar en una “casa de exhibición” o en la oficina de ventas constituye otro insulto a la clase obrera. Habitualmente, ponen maquetas con el modelo de la construcción que nunca concuerda con la realidad. En la maqueta hay casas, áreas verdes, parques para la recreación de los niños, escuelas y centros comerciales. Todos los espacios que en el diseño estaban destinados a ello, generalmente son usados para hacer más casas una vez que han sido vendidas todas las planeadas originalmente. El timo no puede más que generar molestia entre los residentes.

Sin embargo, no existen, por lo menos entre los desarrollos que visité, organizaciones vecinales que hagan frente a los abusos de las constructoras y la complicidad del INFONAVIT. Todos los residentes se sienten atados de manos y muchas veces hasta conformes porque “por lo menos tenemos una casa propia” .

La precariedad en la que vive la clase obrera es compleja y está llena de mentiras y manipulaciones. Las constructoras ofrecen, habitualmente, de tres meses a un año de garantía por las viviendas. Sin embargo, en gran parte de los casos se documentó el hecho de que las constructoras habitualmente dan largas a los residentes que solicitan reparaciones dentro del plazo de garantía diciéndoles una y otra vez que acudirán a reparar los daños hasta que la garantía venza, una vez pasado el lapso la respuesta simplemente es “su garantía expiró” y al final de casi todas las historias es el ´propio residente quien tiene que hacer frente a los daños que rápidamente surgen en las “viviendas”.

Las conclusiones a obtener de esta experiencia, que abarcó una veintena de ciudades desde Nogales (Sonora), hasta Guadalajara (Jalisco) deben entenderse dentro del contexto del neoliberalismo y las políticas de ajuste y reordenamiento urbano dictadas por el FMI y el Banco Mundial a los países “en vías de desarrollo”.

De acuerdo con los planes de los organismos internacionales, la elitización de las zonas centrales de las ciudades obligan a desplazarse a las masas trabajadoras a zonas periféricas carentes de servicios en aras de un desarrollo económico que no es más que palabrería vacía y que solo representa la precarización aún mayor de los trabajadores en sus condiciones generales de vida.

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