A partir de la visita a México de Donald Trump, candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Republicano, se vieron distintas posiciones. Sin embargo, los sindicatos opositores brillaron por su ausencia y deja una incógnita en el aire: ¿qué política deberían tener los sindicatos frente a las declaraciones de Trump?
Camilo Cruz México
Jueves 15 de septiembre de 2016
El candidato republicano ha cobrado relevancia desde hace ya meses, no sólo por su candidatura a la presidencia, sino por su discurso, enormemente xenófobo y su insistencia en la construcción de un muro en la frontera con México. Además de asegurar que, de llegar a la presidencia, endurecería las políticas migratorias e incluso exigiría a las empresas norteamericanas regresar las fuentes de trabajo a Estados Unidos, y el endurecimiento en políticas arancelarias.
A raíz de su visita a México, el 31 de agosto pasado y su posterior discurso ese mismo día en Arizona, dónde aseguro que el muro lo pagaría México y reafirmo su mano dura en políticas migratorias, se abrió un abanico de posiciones al respecto.
Desde la derecha panista haciendo bloque con el PRD, hasta las propias cámaras patronales como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) en voz de Juan Pablo Castañón, su presidente, han mostrado su repudio a las declaraciones de Trump, comentando que los empresarios quieren “puentes, no muros”.
Sin embargo, pese a las declaraciones que han hecho los diversos partidos y los empresarios, cabe destacar que los primeros lo hacen para golpear al PRI y aprovechar su craso error para poder capitalizar el descredito de la presidencia y los segundos se muestran incomodos frente a las palabras de Trump, no por xenófobas, sino por su discurso contra tratados claves para la burguesía como el TLC.
Hasta el final la propia CCE ha declarado que pese al escenario electoral estadounidense y las declaraciones de Trump, ellos siguen sosteniendo una gran relación con los empresarios estadounidenses, que al final del día es lo que les interesa.
Lo que nos llama la atención es la actitud de los gremios que se reclaman opositores al régimen. Hablamos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y la Nueva Central de Trabajadores (NCT), que pese al golpeteo incesante del candidato republicano frente a los migrantes y el muro, esto no ha sido suficiente para que dichas centrales mínimamente se pronuncien en contra.
¿Por qué las centrales deben pronunciarse?
La política nacional es completamente dependiente de los designios de imperialismo estadounidense. Los ataques a las conquistas de la clase trabajadora han avanzado paulatinamente y dan un salto a la par de la subordinación política y económica a los Estados Unidos.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) significó un gran salto en la subordinación a Estados Unidos e implicó la penetración de capitales privados, en industrias como la automotriz lo que, si bien creó nuevos empleos, estos fueron precarios y con salarios de miseria.
La precarización laboral avanzó a paso veloz hasta el sexenio de Felipe Calderón, en el que, de la mano de la reforma laboral, se legalizara el “outsourcing” lo que implicó un duro golpe no sólo a las condiciones laborales sino a las posibilidades de organización básicas de los trabajadores como la posibilidad de aspirar a un sindicato.
En el sexenio actual, no sólo bastó con las reformas estructurales, que entregan en bandeja de plata la mano de obra barata (con salarios más bajos que en China) y una clase trabajadora con una aplastante mayoría precarizada, sin posibilidad de sindicalización o con un sindicato charro, sino que hoy la subordinación se profundiza aún más con la firma del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).
Frente a este panorama, los sindicatos que hoy pelean contra las reformas estructurales, que en los hechos son los planes de las grandes empresas estadounidenses, como la CNTE contra la reforma educativa, no pueden disociar su lucha del repudio a las declaraciones xenófobas de Donald Trump.
La necesidad de una declaración de las centrales sindicales se hace urgente, ya que los partidos patronales y la burguesía nacional, solamente “repudian” los aspectos más podridos del discurso de Trump, pero no cuestionan ni de lejos cualquier política económica o social que la Casa Blanca y sus organismos internacionales “recomiendan a México”. Muy por el contrario, el conjunto de los partidos intentan garantizar el “estado de derecho” y “paz social” frente a políticas cada vez más rapaces del imperialismo.
Ni siquiera Andrés Manuel López Obrador cuestiona una sola línea de lo que dicta el imperialismo y por el contario modera más su discurso declarando que no conviene a nadie la caída de Enrique Peña Nieto y deja ver su accionar en su último spot: “una rebelión en la granja… pacifica”.
Las centrales sindicales tienen que declarar su repudio abierto a las declaraciones xenófobas de Trump, tienen que decir ¡Abajo el muro! y pronunciarse en total solidaridad con sus hermanos migrantes y exigir la solidaridad de las centrales sindicales estadounidenses.
Contra los planes de la Casa Blanca
La precarización laboral, los salarios de miseria, la explotación irracional de los recursos naturales y políticas de militarización a raíz de la guerra contra el narcotráfico, no se pueden disociar de los planes que impone la burguesía imperialista a nuestro país.
Pese a que Trump tiene un discurso xénofobo enfocado a los latinos, Hillary Clinton ostenta posiciones belicistas y dureza para llevar hasta el final los planes empresariales; ambos candidatos sostendrán una dura política antiinmigrante y subordinación para México.
Para enfrentar sus planes, las centrales sindicales tienen que apostarse por la organización de la enorme mayoría de la clase trabajadora que no cuenta ni con sindicatos o que están en manos de centrales charras como la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y que en gran medida forman parte del proletariado que trabaja para las trasnacionales. Las mismas deben adoptar una posición de repudio frente a los discursos xenófobos de Trump y abogar por la unidad de la clase trabajadora de ambos países, por encima de las fronteras nacionales, que son impuestas por los patrones.
Avanzar en un plan de ruptura con los mandatos de Washington implica el no pago de la deuda externa, la nacionalización de la banca y la conformación de una banca estatal única bajo control de los trabajadores; y el monopolio estatal del comercio exterior, la nacionalización sin indemnización de todos los sectores industriales bajo control de sus trabajadores, entre otras medidas.
Junto al rechazo al muro fronterizo, éstas deben ser las consignas de aquellas centrales obreras que verdaderamente estén al servicio de los intereses de los trabajadores.