La crisis ha traído a flote esa especie de “conciencia nacional” sobre la necesidad de “producir”, donde se cuela una insinuada “culpabilidad del venezolano”. Una abstracción muy conveniente a la clase dominante.

Ángel Arias Sociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts
Martes 13 de diciembre de 2016
El imperialismo y la dependencia de la renta petrolera
Después de década y media de gobiernos chavistas, 96 cada 100 dólares que entran al país son por concepto de venta de petróleo, antes era menos, aunque no mucho mejor. Nuestro país importa buena parte de lo que se consume y casi todo lo que se necesita para producir (fundamentalmente bienes intermedios y de capital).
Desde los inicios de la explotación del petróleo en el país las compañías imperialistas pusieron sus garras en él, atornillando más el control del capital trasnacional sobre nuestra economía. El saqueo de recursos naturales y energía se hizo mayor y sistemático: por 1936 se denunciaba que de cada 12 bolívares que se exportaban, 11 iban a manos extranjeras. También ya por entonces las exportaciones de hidrocarburos eran el 92% del total. En la división mundial del trabajo impuesta de acuerdo a los intereses imperialistas, el papel asignado al país fue ese: proveedor de materias primas y energía.
Es así que la condición monoproductora, nuestro rentismo, no puede entenderse sin señalar las imposiciones históricas de la dominación imperialista, sin dar cuenta del saqueo durante décadas –y aún–, sin la sangría de la deuda externa. Sin embargo, esto no ha sido sin el concurso de la clase dominante nacional y sus gobiernos, ni tampoco ha estado la burguesía nacional (el “ladrón nacional”, decía, Mella, para diferenciarla del “ladrón extranjero”, el imperialismo) al margen del “hábito” de vivir de la renta en provecho propio, que no del país.
En los años 30’s se habló de “sembrar el petróleo”, en el sentido de invertir la renta en “ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales”. En los 70’s fue la “nacionalización” y creación de PDVSA, a inicios de este siglo Chávez reeditó políticas de “nacionalización” y “plena soberanía petrolera”, retomó el lema de la siembra petrolera, prometiendo el “desarrollo nacional”.
Década y media después el rentismo no solo se mantuvo sino que se acentuó, el lema “De la Venezuela rentista a la Venezuela productiva” quedó en eso, una frase. Como promesa de “desarrollo nacional” el chavismo fracasó, tal como todos los demás nacionalismos burgueses que conoció América Latina el siglo pasado, pero también tal como todos los gobiernos y regímenes que ha tenido nuestro país desde la aparición del petróleo.
El rentismo petrolero parece entonces una “marca nacional”, los más importantes economistas del país le han dedicado tratados, los más destacados políticos burgueses, y también de la izquierda, han dedicado estudios, libros, programas, hasta la banda de ska más representativa del país –y alguna vez contestataria– le dedicó letra. “Hundiéndonos en el excremento del diablo”, dijo el fundador de la OPEP, una nación “mal amamantada con tetero de petróleo”, resonaba el ska.
La “culpabilidad del venezolano”
Sin embargo, esa especie de “tragedia nacional”, se expresa en un sentido común que insinúa, y a veces explicita, una suerte de culpabilidad del venezolano: “es que aquí no producimos nada”, “el problema es que los venezolanos no producimos”. Estas frases simples y concluyentes las escuchamos en cualquier conversación en el transporte público, en las colas, en la televisión dichas por un “experto” (puede ser tanto de la oposición como del gobierno), y en una asamblea del consejo comunal dichas por una activista del chavismo.
Parece pues que en Venezuela, no solo no ha habido históricamente capitales imperialistas ejerciendo sus intereses sobre el cuerpo económico de la nación, sino que tampoco hay diferencias de clase, es decir, pareciera que todos tenemos las mismas relaciones de propiedad y control sobre los medios de producción, sobre el capital y los recursos del país. Si así fuera, sería correcto afirmar que todos y todas somos más o menos igual de culpables por el rentismo y la atrofia de las capacidades productivas del país.
El solo hecho que casi el 100% de los dólares que ingresan al país vengan por vía da la renta petrolera pública, muestra que la burguesía nacional exporta poco y nada. ¿Quién es responsable de eso? ¿“Los venezolanos”?
Haciendo a un lado la coyuntura actual donde el estado de la producción es crítico, es obvio que es una exageración del sentido común la idea de que “aquí no se produce nada”, pues además de la producción de materia prima y energía (petróleo, gas, acero, hierro), en el país hay industrias manufactureras, de alimentación, etc., y hay decenas de miles de trabajadores y trabajadoras en esas áreas. Ahora bien, dejando claro los límites de la exageración del dicho popular, es evidente que históricamente, con altos y bajos, la producción nacional es completamente insuficiente para las necesidades del país.
Pero, ¿quiénes son responsables?, ¿los millones de seres que diariamente se levantan muy temprano a trabajar en las (pocas) fábricas y empresas, en los servicios (banca, transporte, agua, electricidad), en la administración pública, en escuelas y hospitales, o a hacer y vender comida en la calle, o a comprar y vender cualquier cosa? Todos esos somos la mayoría de “los venezolanos”. ¿Son el buhonero, el obrero, la empleada de un banco, la señora de la bodega de la esquina, la chama empleada de un call center, el chamo que reparte pizzas o lava carros, los culpables de que “no producimos nada”?
La responsabilidad de la clase dominante
Este sentido común, que atraviesa transversalmente a políticos del gobierno y la oposición, y también los diferentes estratos sociales, que asigna casi una tara cultural a la sociedad toda –“somos rentistas”–, es un velo ideológico tras el cual se oculta una verdad: que hay una clase específica de venezolanos, la burguesía nacional (comercial, banquera o industrial, importadora o “productiva”), la que en connivencia con todos los gobiernos de turno de la era petrolera, ha tenido en sus manos el control de la economía nacional y su relación con el sistema capitalista mundial. Lo ha hecho, por supuesto, en los límites que impone el sistema imperialista, pero de ninguna manera han sido las mayorías trabajadoras y empobrecidas del país quienes han tenido en sus manos el control de la economía, como para hablar de una responsabilidad “del venezolano”.
Sin embargo, en el sentido común, la burguesía nacional sale a menudo ilesa cuando se piensa en la “tragedia nacional” que es el “vivir de la teta de la renta petrolera”, bien porque se diluye su responsabilidad en la idea general de “los venezolanos”, o bien porque los cuestionamientos se dirigen preferentemente a la clase política, a los gobiernos del momento, a la corrupción… y la clase dominante le hace olé a la críticas, pues bien le viene que la crítica y el descontento nacional se enfile cada tanto hacia los regímenes de turno, sin cuestionar su posición como clase dominante.
En la debacle del puntofijismo, los estudiantes y jóvenes protestatarios coreaban masivamente el “yo quisiera que los políticos fueran paralíticos”, millones de venezolanos en sus casas eran interpelados y se identificaban con “Por estas calles”, aquella telenovela que reflejaba con crudeza aspectos de la decadencia nacional. Esas expresiones que nos sirven de ejemplo, tenían en común que disparaban su crítica, sobre todo, contra el sistema político, muy pocas veces aparecen en el centro de los dardos los empresarios y banqueros nacionales.
Esto tiene mucha importancia porque hoy, la fracción que aparece como alternativa de recambio para gobernar al país, es precisamente la que pretende reducir la crisis a la corrupción gubernamental y el “estatismo” en la economía, ocultando el papel perverso de la burguesía nacional, y proponiendo como vía para superar el rentismo el ser más condescendientes aún con las exigencias de los empresarios.
Ocurre que durante todo el siglo que va de la explotación petrolera en el país, los “vividores de la teta petrolera” no han sido “los venezolanos” en general, sino las clases propietarias. Cada vez que el país –en la figura del Estado– fue ganando espacio en el negocio, obteniendo mayores recursos del petróleo, a manos de empresarios y banqueros nacionales fueron a parar enormes cantidades de recursos en planes y programas de “estímulo”, créditos baratos, corruptelas, con cada régimen que administró la renta petrolera, surgieron nuevos grupos capitalistas poderosos, o se reforzaron los existentes. Con la dictadura pérezjimenista, con la era adeco-copeyana, y con el chavismo, la teta petrolera alimentó las arcas y negocios de los dueños de gran parte de los bancos, industrias y comercios nacionales.
¿Y qué ha hecho la clase capitalista nacional en todas estas décadas de estar succionando la renta petrolera? El cómo se organiza la producción en el país, qué se hace y qué no con las riquezas nacionales, en qué se emplea la renta petrolera, son cuestiones en las que no han tenido arte ni parte las mayoría de “los venezolanos”, sino la parasitaria burguesía nacional –y sus gobiernos de turno, incluyendo el chavismo.
En los 80’s, esa misma burguesía nacional que recibía subsidios petroleros, se deshizo de su deuda privada convirtiéndola en pública: el fracaso del populismo adeco, de las promesas de “desarrollo”, el facilismo y corruptelas de la clase capitalista nacional, nos lo trasladaron a todos los venezolanos. Es la misma clase que hoy aparece exigiendo “mejores condiciones para invertir”, pero en década y media de control de cambio bajo el chavismo, banqueros, empresarios y nuevos ricos de la burocracia estatal, han contribuido al desangramiento del país fugando cantidades descomunales de dólares de la renta petrolera (500 millones de dólares, según el propio ministro de Comercio Exterior). Son ejemplos contemporáneos del parasitismo de nuestra clase dominante.
¿Cómo se puede hablar entonces de una responsabilidad de “los venezolanos” por el estado raquítico de las capacidades productivas nacionales? De entre todas clases sociales del país, es sobre la burguesía nacional sobre quien recae la culpabilidad por el atraso nacional, tanto por ser quien tiene en sus manos el grueso del aparato productivo nacional y los recursos, por su parasitismo de la renta petrolera, como por su histórica subordinación a los intereses de los capitales imperialistas en el país. Por ser sus gobiernos, y no gobiernos de los trabajadores y el pueblo pobre, los que han administrado la renta durante décadas.

Ángel Arias
Sociólogo venezolano, nacido en 1983, ex dirigente estudiantil de la UCV, militante de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y columnista de La Izquierda Diario Venezuela.