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OPINIÓN. Los violentos son ellos, nosotros somos los que nos morimos de hambre

Docente reflexiona luego de la represión de Alicia Kirchner: ¿cuánto se sabe de lo que verdaderamente ocurre en Santa Cruz?

Paula Aznar Docente | Corriente Nacional 9 de Abril

Domingo 23 de abril de 2017 14:59

Ante lo sucedido el viernes por la madrugada fuera de la casa de la gobernadora Kirchner y el conocido accionar represivo de la infantería, me pregunto: ¿Cuánto se sabe de lo que verdaderamente ocurre en Santa Cruz?

No hablo sólo de los sueldos adeudados, la falta de paritarias, el vaciamiento de la educación y de la salud pública, el olvido de los jubilados. ¿Cuánto sabemos de lo que cada una de las personas que padecen estas injusticias viven?

Santa Cruz tiene una historia de lucha contra los diversos atropellos llevados a cabo por los diferentes gobiernos nacionales y el de la provincia, que desde hace 26 años responde al Frente para la Victoria. Pero particularmente hablando, me toca vivirlo desde el año pasado, cuando vine a vivir a Río Gallegos. Los docentes aquí, en un gran número, tienen doble cargo porque es la única forma posible que tienen para llegar a fin de mes, el costo de vida en el sur es muy elevado, un promedio de 26 mil pesos. Por eso indignó tanto cuando Cristina Fernández renegaba de los reclamos docentes, cuando según ella sólo trabajábamos 4 horas, obviando las horas extraescolares que diariamente dedicamos para adelantar o terminar trabajos.

Es un pensamiento lógico de quien es patrón. Sin ir más lejos, semanas atrás, el presidente Mauricio Macri consideró un castigo el “caer en la educación pública”. ¡Oh santo cielo, que castigo! Convengamos que solo pisó una escuela pública para hacer demagogia de su presidencia y le interesa tanto la escuela pública como a mi la ropa que usa la primera dama (carísima, por cierto).

En esta historia los docentes somos considerados los malos de la película, los desestabilizadores, los golpistas. Eso al menos es lo que Alicia Kirchner, Vidal y Macri sostienen (si hacemos silencio podemos escuchar como la famosa grieta se achica más y más). Además del discurso está la acción, las fuerzas represivas yendo contra los trabajadores, ya sea en la panamericana o fuera de la casa de gobierno de Santa Cruz (¿y la grieta, dónde está la grieta?). Ellos estafan, nos golpean, nos explotan, pero nosotros somos los malos.

Los docentes, lejos de victimizarnos vamos aprendiendo a organizarnos, ampliando las discusiones. Despojándonos de los tapujos impuestos de ser meros espectadores de lo que ocurre. No aceptamos eso. No aceptamos no cobrar. No aceptamos cobrar fuera de término, no aceptamos cobrar en cuotas. No aceptamos una burla de oferta paritaria del 3%. Somos los trabajadores los que tenemos que adaptarnos a una realidad desigual, pero estamos cansados. Cansados de ver nuestro futuro en los jubilados que están acampando hace dos meses porque no cobran. Estamos cansados de no tener médicos, especialistas y hospitales en condiciones para curarnos. Estamos cansados de que haya escuelas cayéndose a pedazos.

Reitero, ¿cuánto sabemos de lo que cada una de las personas que padecen estas injusticias viven? Sabemos muy poco, pero en las Asambleas se pueden oír intervenciones que te parten en dos: “Estamos desesperados”, “me rematan la casa” “no puedo pagar el alquiler”, “mi heladera está vacía.” Y Alicia Kirchner nos pide paciencia y comprensión mientras ella se aumenta a 138 mil pesos, en una sola cuota.

Los sectores patronales disputan poderío, nosotros luchamos por no morirnos de hambre. Lo que ocurrió en Buenos Aires con la instalación de la escuela itinerante y los palos que se comieron los docentes, como así también lo que ocurrió en Río Gallegos, con 4 heridos de bala de goma y cientos de ojos ardidos por tanto gas lacrimógeno, debe ser prioridad para que la CTERA llame a un paro nacional posicionándose contra la represión sufrida por los docentes y el pueblo de Santa Cruz a manos de la infantería.

Los docentes seguimos luchando, no confiamos más que en nosotros y en nuestra propia fuerza.