×
×
Red Internacional
lid bot

Luciano Arruga y ‘Nuotatori Proffesionisti

Voy a empezar esta nota hablando de lo que fue mi experiencia con la policía que, como la de muchos, sino la mayoría de los jóvenes, nunca ha sido- vox populi- por más gratificante.

Selva Rivas Estudiante de abogacía, Facultad de Derecho-UBA

Miércoles 29 de octubre de 2014

En relación a Luciano, mis pasos por la adolescencia estuvieron atravesados por realidades muy distintas. Comenzando por las relaciones materiales de existencia, a decir de Marx, que determinan a qué sector social ha de pertenecer uno, y de ahí que se deriven desde determinados intereses socio- culturales, hasta las posibilidades reales de acceso a una institución educativa que, como es sabido, es la base para encarar cualquier proyecto de mínimo alcance para una calidad de vida al menos “media”.

Los años de mi emergente juventud, 16 y subsiguientes, los pasé en el barrio de Flores. Puedo afirmar con certeza que la yuta capitalina nada tiene que envidiarle a la repudiada policía bonaerense a no ser por su fama inmaculada, con registro de los más altos índices de gatillo fácil, casos de corrupción, condenas por torturas, homicidios y ataques normalmente dirigidos a los llamados “pibes chorros” del Gran Buenos Aires.

Hay un hilo de continuidad con la tradición represiva de milicos setentistas quienes, además de muchos mantenerse todavía en cargos de mando, son los formadores profesionales de los Neomilicos. Tan viciados éstos como los funestos años noventa y tan caretas como el discurso progresista que nos venimos fumando la última década kirchnerista.
Sí, ésta. La de la (re) conciliación.

Nada que envidiar…

El accionar policial desmedido pasados los primeros años de democracia, tuvo un auge en los gloriosos años de la convertibilidad, esos en los que se vendió al país por un Mc Combo y una cajita feliz.
Trata de personas, narcotráfico y armado de causas truchas eran, y lo son hasta el día de hoy, moneda corriente.

De la mano de una juventud culturalmente empobrecida, la policía se regía también por la doctrina del laisser faire. Fumar un porro en la calle o ir a un recital corte punk podía costarte una noche de calabozo. Y las “smile” -pastillas de éxtasis- y las “boing” -modelo de zapatillas Nike- y las “lolas” y cuántas otras excentricidades más que nos parió el Neoliberalismo. Y que perduran.
¡Qué años! “Adidas digitales, Pepsi inyectable y dame más…”, cantaba el Indio Solari antes de abandonar las banderas rojas de Oktubre, para pasar a hacer publicidad oficialista en sus recitales, junto a Aníbal Fernández.

¿Qué cambió?
Los nuevos “gordos pizzeros”, linchadores uniformados del siglo XXI, apuntan ahora a un estereotipo determinado: Pobre, joven y villero. Como Luciano.
El delito: portación de rostro. ¡Y ni hablar si sos inmigrante! Pero eso es ahora tarea de la flamante Gendarmería Nacional, la preferida de Cristina.
El Gran Buenos Aires y la ciudad siguen custodiados por la Federal. Pero si con ellos no era suficiente, habilitaron desde 2010 más de 3500 “metropolitanos” - novedosos agentes de tránsito armados conocidos como los “picaneros” de Macri- un intento fallido de imitación de la Metropolitan Police Service de Londres. Su tarea: levantar a los “manteleros” -comerciantes de la vía pública-, o bien a encargo, levantar a los pibes que andan por la calle fantasmeados por el paco, deambuladores nocturnos sin hambre ni sed más que de alguna bolsita de residuo cocainero.

Violencia Institucional

Ayer nomás lo leíamos a Verbitsky denunciando los ataques de la Gendarmería a los trabajadores despedidos de Lear que cortaban la Panamericana exigiendo su reincorporación. “A este ritmo, 2014 será el año con mayor cantidad de víctimas de la violencia institucional desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia en 2003”, sentenciaba. Y no hay que ser adivino para dar cuenta del rumbo derechista del modelo anti-popular -pero bien Nacional- que ha tomado el gobierno de Cristina que, en su último discurso por cadena nacional y de la mano de Berni, no escatimó en echar sapos y culebras contra extranjeros residentes en el país que cometieran algún delito. (Ver notas reforma del código penal).

La violencia estatal asume una nueva visibilidad, que es hasta cuestionada por el arco progresista nacida del propio seno kirchnerista. Años atrás aparecía ésta representada en las instituciones represivas segmentadas y eran hasta reticentemente repudiadas por el propio aparato estatal, hoy aparece como campaña política.

Luciano

Luciano Arruga era un pibe de 16 años que residía en el pago de Lomas del Mirador, un barrio de cuño humilde, como lo eran él y su familia. Llevó casi 6 años desaparecido, enterrado como paria luego de haber sido secuestrado y torturado por la policía bonaerense.

Luciano era un pibe como muchos otros: joven, pobre y villero. Pero él se negó a robar para ellos y lo desaparecieron. Sí señora, lo desaparecieron. Como hacían en la Dictadura de Videla. Como ya pasó 30 -y tantas- miles de veces.
Luciano es una víctima más de la brutalidad policial, la desidia estatal y la complicidad mediática. Todos en igual o mayor parte son responsables. Son los garantes de sostener este régimen basado en la desigualdad social, la nula expectativa de alcance a un proyecto de vida de los pibes pobres encajonados en este sistema que se alimenta de ellos, de nosotros.

A Luciano lo mataron pero sigue vivo. No como esos muertos vivos que vemos debajo del puente o en la esquina… Luciano sigue vivo porque no nos olvidamos, porque sabemos que es producto de este régimen injusto, de la violencia diaria que sufre el pueblo pobre y trabajador, de esta democracia mentirosa que sólo sirve a unos pocos, la de la falacia de los DDHH, la del cuadro que bajaron. ¿Y cuántos cuadros siguen todavía impunes?
Sabemos que no hay Nunca Más sin Luciano Arruga, sin Julio López, sin Marita Verón, Walter Bulacio, Rubén Carballo, Melina y Candela.

Julio López, Luciano Arruga, Mariano Ferreyra y ¡la yuta que los parió, hijos de la represión!

No es un Accidente, es toda la Institución.