Pasaron varios días y me decidí a escribir. Escribirles a los responsables, a los que hicieron oídos sordos, a los que cajonearon, a los que decidieron ignorar lo sucedido, a los que lo ataron de las muñecas, a los que le pusieron la mano encima.
Lunes 1ro de junio de 2015
Escribirles -también- a los que limpiaron la cocina del Destacamento donde lo encerraron como un animal durante horas eternas. A los que se aprovecharon de la desesperación de una madre. A los que hoy siguen tratándolo como “un negrito perejil de la yuta”.
¿Qué pensaban cuando les gritaba que paren? A mí me sigue haciendo llorar de impotencia saber que fueron capaces de tantas atrocidades. Vos, Lu, tan pibe y humano como yo, fuiste torturado por al menos ocho tipos. Ocho. Y sólo uno está cumpliendo una condena de diez años. No estoy conforme, ni feliz, ni tampoco satisfecha.
A Diego Torales no le deseo el sufrimiento, ni la incapacidad de hacer valer sus derechos humanos, como sí lo hizo con los de Luciano Arruga, aún luego de haber desaparecido aquel enero de 2009 en el barrio 12 de Octubre.
Justicia exigí desde el primer día que escuché su nombre. Justicia, la que esta casta de funcionarios públicos debería haber tenido para vos durante cinco años y ocho meses que no se pudo dar con tu paradero físico; pero, ¿qué es la justicia hoy si no vas a volver, si los medios de –como dijo tu hermana- incomunicación ensuciaron tu nombre, el de tu familia y amigos, el de los que defendimos esta causa a capa y espada, y no por fanatismo, no por rebeldía, sino porque ya sos parte de nosotros, un hermano más, un centinela de las malas rachas y mano izquierda de las victorias?.
Antes y después de que haya aparecido tu cuerpo enterrado como un NN en el Cementerio de la Chacharita, me preguntaba qué iba a sentir cuando llegase el momento de una posible sentencia. Hace dos semanas que me respondo lo mismo: “un poco más de paz y fuerzas, un día menos”.
El primer paso legal, la carátula más real: torturas. Se me vuelve a quebrar la voz releyendo estas líneas, tanto como en el abrazo que di al momento de escuchar esta pequeña recta final.
Nada me generará conformidad si sé que esta problemática social seguirá sucediendo por culpa y responsabilidad de un Estado que hace vista gorda, y opera sistemáticamente con nuestros pibes, con nuestras mujeres, con nuestras vidas. Afuera el pobre la pasa mal y adentro, peor. Es momento de abrir, verdaderamente, la cabeza y pensar si este mundo es el que queremos. El estereotipo impuesto por el sistema capitalista y su cuarto poder generan esta situación. Luciano no fue uno más, Luciano es y será la cara visible de nuestros pibes, de todos aquellos asesinados por el gatillo fácil.
Digo basta, digo nunca más. Justica y memoria por todas las víctimas de la policía bonaerense.