Este jueves se cumplieron 29 días de huelga general en el transporte, y parcial en otras ramas de la producción y los servicios. La lucha contra la reforma jubilatoria de Macron ya es la más larga desde 1968.
Jueves 2 de enero de 2020 13:26
El presidente francés, Emmanuel Macron, habló por primera vez el 31 de diciembre, tras haber guardado semanas de silencio. En su alocución pidió "encontrar el camino a un compromiso rápido (...) con los sindicatos que lo quieran". Sin embargo esta expresión de deseo presidencial no parece tener correlato con la realidad social en general y del clima que se vive en la calle en particular.
Este jueves, los trabajadores ferroviarios (SNCF) y del sistema de transporte metropolitano de París (RATP), cumplieron 29 días de huelga general contra la reforma de pensiones anunciada por el Gobierno. A esta huelga indeterminada se sumaron en el último mes una serie de huelgas parciales que incluyeron a los docentes, abogados, bomberos, portuarios, de las empresas de electricidad, gas y refinerías, como así también la orquesta y el ballet de la Ópera de París, para nombrar solo a algunos.
La huelga y las protestas intersectoriales, que comenzaron el 5 de diciembre, ya superaron este jueves a la huelga ferroviaria que paralizó la compañía estatal SNCF en 1986-1987, durante 28 días, y se convirtió en la más importante desde 1968.
En este mes se realizaron al menos tres movilizaciones multitudinarias de las cuales dos llegaron a reunir a más de 1.500.000 personas en todo el país, y en donde los estudiantes y los chalecos amarillos se sumaron a los huelguistas en las calles.
El Gobierno, los empresarios y los sindicatos más conciliadores habían intentado establecer una "tregua de Navidad", que no solo no les resultó sino que generó una suerte de rebelión en las bases de los sindicatos como UNSA (con peso en ferroviarios y transporte metropolitano) por la que los trabajadores desoyeron a las direcciones y salieron a las calles, en una manifestación conjunta y mediante la organización de asambleas de coordinación entre los trabajadores de la SNCF y el RATP.
Esto obligó a los sindicatos menos conciliadores, como la CGT, que no había aceptado la tregua pero sigue apostando a llevar la lucha al callejón sin salida de las negociaciones con el Gobierno, a tener que dar cuenta de la situación en las bases llamando a una marcha para el 9 de enero (después de una ronda de negociaciones el 7).
Philippe Martínez, el dirigente de la CGT, se vio empujado por su base a llamar para manifestarse dos sábados seguidos: 28 de diciembre y 4 de enero. Asimismo, llamó a "todos los franceses a la huelga", y los sectores de las refinerías y depósitos de combustibles que responden a la CGT ya llamaron a la huelga entre el 7 y el 10 de enero.
El endurecimiento de la huelga en las refinerías, en su conjunto, como ya pasó en 2016, podría permitir romper con el aislamiento de los huelguistas del RATP y el SNCF, y darle al movimiento la posibilidad de un nuevo salto .
Este discurso más combativo de Martinez, no quita que se mantenga en la mesa negociaciones con el Gobierno. Sin embargo la experiencia de los 18 meses de negociaciones previas al movimiento de huelga, e incluso las reuniones que se mantuvieron desde que comenzaron las protestas el 5 de diciembre, muestran que la posibilidad de que el Gobierno retire (o incluso modifique sustancialmente) la reforma de jubilaciones mediante el diálogo, son nulas.
El intento del Gobierno de tratar de desactivar la huelga prometiendo a algunos de los sectores una "clausula del abuelo", por la que la reforma solo se aplicaría a los nuevos empleados pero no a los que están en actividad, fueron un fracaso. La solidaridad pudo más y desde los ferroviarios, trabajadores del transporte hasta las bailarinas del ballet, decidieron seguir en huelga no solo por la defensa de sus pensiones, sino también por las de las generaciones futuras.
Tampoco pudo el Gobierno quebrar la huelga por el hambre, teniendo en cuenta que los huelguistas están sin cobrar sus salarios. Por el contrario el fondo de huelga organizado por los huelguistas fue todo un éxito y en pocas semanas llegó a juntar un millón de euros, considerando solo lo recaudado por la CGT.
La próxima "batalla" será el inicio del año escolar, que ya se perfila como la segunda ronda de la lucha contra la reforma de las pensiones. Es la posibilidad de golpear finalmente a Macron, si a los huelguistas del RATP y el SNCF se suman los docentes de todo el país e impiden la vuelta a clases. A esto se suma la acción convocada para el martes 4, la nueva jornada de marcha nacional para el 9 de enero y la posibilidad de que otros sectores se plieguen a la convocatoria de huelga.