Le llaman “Fondo de emprendimiento”. Pero los primeros que aplaudieron fueron banqueros y empresarios, hablan del “respaldo a la actividad emprendedora del país y el relanzamiento de la economía privada”, además del otro gran espaldarazo que ya hace años les viene dando Maduro imponiendo salarios inexistentes y eliminación de las contrataciones colectivas, medidas esclavistas para que puedan aumentar sus ganancias.
La Izquierda Diario Venezuela @LaIzqDiario_VE
Jueves 3 de febrero de 2022
La Banca privada fue la primera en manifestarse respaldando las medidas anunciadas por Maduro supuestamente para “reactivar y democratizar el crédito”, a través de una reducción de 12 puntos del encaje legal, que pasará de 85 % a 73 %, y la habilitación para que el sistema financiero preste hasta 10 % del monto depositado en cuentas en divisas que, según el cálculo de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, representa un monto efectivo de 74 millones de dólares. Léase bien, “democratizar” las arcas nacionales o el erario público al sector empresarial privado, colocando directamente plata del Estado en ese fondo, y reduciendo las reservas de garantías que los bancos deben consignar ante el Banco Central.
Como siempre el discurso es que los anuncios son “para el pueblo”, que en palabras de Delcy Rodríguez, es “dar financiamiento a la población venezolana que hasta el día de hoy no había tenido acceso formal para la banca". Maduro afirmó que su Gobierno espera que "impacten positivamente en la democratización y el acceso del crédito a tiempo para todos los factores productivos del país". Pero creerse que esto será para emprendimientos tipo “microempresas” de pequeños negocios de barrio o para el campesino pobre para sembrar, no es más que una ilusión.
Es por eso que el presidente de la Asociación Bancaria de Venezuela (ABV), José María Nogueroles, hizo una breve intervención en la que destacó la existencia de “una conversación clara y precisa” (gobierno-empresarios) que permite “tomar decisiones para recuperar el apalancamiento de la producción interna”, enfatizando su respaldo “a la actividad emprendedora del país y el relanzamiento de la economía privada”.
Otros sectores no se hicieron esperar, como el representante de Bangente, Pedro Rojas, quien manifestó su “agradecimiento por la prioridad que se ha dado al fomento del emprendimiento”. “Nuestro país viene cambiando de forma positiva, aunque algunos no lo quieran ver” dijo el banquero, y es claro que ha cambiado para los empresarios con la exoneración casi total de impuestos, medidas draconianas de ajustes a los trabajadores, y todas las medidas gubernamentales que les vienen favoreciendo. Bangente que tiene por atrás, además de Banca Caribe a la Fundación Eugenio Mendoza de las empresas Polar del gran empresario Lorenzo Mendoza, entre otras “fundaciones”, dice apoyar al “microcrédito y los pequeños negocios”, pero a estos sectores no les llegará más que los sobrantes, si es que les llega,
“El pasado hay que dejarlo atrás y aprender de él. Es el momento de la igualdad de oportunidades, pero también de la igualdad de condiciones” dice este banquero de la Banca Caribe, pero “oportunidades” que los trabajadores ni por asomo verán, que continúan padeciendo las calamidades de un salario mínimo que llega a un par de dólares o bonos miserables que ni siquiera son incorporados a los salarios.
Sino que lo digan los trabajadores y las trabajadoras de todas las empresas y de las industrias del país, como los de las industrias básicas de Guayana que justo ayer 2 de febrero exigían salarios al nivel de la canasta básica y la reincorporación de más de 15 mil obreros desactivados y que ni siquiera los bonos reciben, soportando y viviendo en el umbral de la pobreza crítica. Como también lo pueden decir los jóvenes que tienen contratos precarios, donde su salario formal es en base al mínimo, y tienen bonos que no son parte del salario al no contar para prestaciones sociales, jubilaciones, etc.
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Maduro por supuesto, aplaudió el espaldarazo del sector privado. Y con el peor de los cinismos, el ministro de Petróleo Tareck El Aissami sentenció que 2022 es el “primer año de crecimiento real de la economía”, pero de la economía de los grandes empresarios.
Es una política para continuar estimulando uno de los aspectos que conforman la actual dinámica en que empieza a ver una cierta reactivación de la actividad económica y los ingresos de un reducido sector de la población, mientras el grueso sigue en la penosa pobreza y múltiples precariedades. Con base a la legalización del dólar y su flotación a “libre mercado”, la eliminación de los impuestos y requisitos para importar, la vía libre para traer al país dólares fugados en el período previo (bien fuera por vía legal o ilegal) sin tener que dar cuenta de nada, y cierto aumento de los ingresos petroleros, conforman un nuevo dinamismo ligado al comercio, a algunos servicios personales, y al consumo caro de algunos sectores minoritarios de la población.
El gobierno y los empresarios quieren vender esto como “recuperación” y hay los que se atreven a decir, “Venezuela se está arreglando”. Pero la realidad de esto es que se trata de una mejoría para un sector pequeño de la población, y no precisamente los trabajadores, donde algunos logran “resolverse” la sobrevivencia (no más que eso), al tiempo que las desigualdades sociales se hacen cada vez más brutales. En un contexto de los salarios, las pensiones y el bolívar totalmente destruidos, el gobierno resalta como una “virtud” la conversión de grandes contingentes de trabajadores asalariados en comerciantes, vendedores de lo que sea y prestadores de cualquier servicio posible. Llamando a eso “espíritu emprendedor” y elevándolo a ideología y política de Estado.
Esa onda oficial “emprendedora” esconde, entre otras cosas, que como siempre, mientras unos pocos peces gordos (grandes y medianos empresarios y comerciantes) se llevan la gran tajada, solo algunos de estos asalariados convertidos por necesidad en comerciantes que logran establecerse “en el negocio” con algún margen económico, mientras la gran mayoría solo sobrevive, trabajando el doble y el triple de lo que antes lo hacía, para conseguir apenas una pequeña fracción de lo que era antes su salario. Mientras grandes legiones de asalariados y jubilados siguen padeciendo hambre o incluso muriendo de mengua o de enfermedades perfectamente curables.
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Pero como si no bastara, Maduro aprovechó su encuentro con el sector bancario para afirmar que mantiene un diálogo con los tenedores de bonos a los que han hecho una propuesta, que no detalló, para "honrar" las oprobiosa deuda externa. Basta recordar que al inicio de la crisis el Gobierno decidió "pagar hasta el último centavo" de la deuda, en vez de honrar al deuda con el pueblo, y luego de entregar más de 74 mil millones de dólares por pago, sangrando al país, se entró en una espiral de catástrofe económica.
Frente a esta situación los trabajadores y las trabajadoras del país deben continuar luchando como ya lo vienen haciendo los más diversos sectores del país, se hace necesario más que nunca centralizar todas estas luchas y poder golpear con un solo puño. La confianza solamente en sus propias fuerzas, y no caer en los discursos ni del gobierno como tampoco de los partidos de la oposición patronal, es fundamental para, desde la independencia de clase, poder pararle la mano al Gobierno hambreador de Maduro y a los empresarios que se benefician de sus medidas esclavistas.