El 12 de agosto de 2014 se hicieron cargo de la gráfica que la patronal Donnelley quiso cerrar. Marco Pollo, referente de esta lucha, cuenta la historia y cómo van a festejar estos dos años.
Sábado 13 de agosto de 2016
Foto Santiago Cichero
Aquella mañana pensaron que todo terminaba, pero en menos de veinticuatro horas tomaron ese destino y lo dieron vuelta. En el portón de ingreso de la planta que la imprenta R.R. Donnelley tenía en Garín apareció un cartelito que anunciaba la quiebra de la empresa, luego de 22 años de actividad.
En lugar de marcar el 0800 que les daban como única salida, ese lunes 11 de agosto hicieron una asamblea en la que decidieron esperar un día y entrar. El martes 12 la patronal seguía ausente, así que pidieron las llaves a los guardias y a las pocas horas reactivaron las rotativas, con el aporte de estudiantes universitarios que desbloquearon las máquinas. No pararon hasta que el primer camión de revistas salió en medio de aplausos.
En estos dos años afrontaron todas las dificultades de producir solos, aunque también muchas satisfacciones. Aún pelean por la expropiación y para que el juez comercial no se siga quedando con el 10 % de sus ganancias, pero se organizaron con una activa comisión de mujeres, juegoteca para los pibes y pibas, donaron cuadernos a las escuelas de la zona y tejieron sólidos vínculos con el resto de las empresas de zona norte, en solidaridad con sus conflictos.
Los clientes les confesaron que las publicaciones de ahora, desde que se autogestionan, son de mejor calidad que antes. En un país en plena recesión mantienen 200 puestos de trabajo, con un salario que no llega a la canasta familiar pero que les da estabilidad. Y se dieron el lujo de recibir en sus galpones a los Artistas por el FIT, que en marzo dieron un concierto allí.
La fórmula presidencial Del Caño-Bregman, apoyada durante la campaña por ese conjunto lírico, venía aportando parte de sus dietas para apuntalar a la cooperativa que bautizaron Madygraf, en homenaje a la hija de uno de los trabajadores. Ahora preparan un festival, Rock sin yuta, para el sábado 20, porque “tal como hacen en Zanon” cuando hay recitales en el playón “nos cuidamos solos”.
Marco Pollo es una de las primeras caras que ve el visitante. Es de Mar del Plata, aunque ahora vive en Bella Vista con su compañera y trabaja en la mesa de entradas de la ex Donnelley.
¿Qué sienten al mirar atrás y recordar aquella mañana y la decisión de entrar?
No teníamos más que un puñado de revistas para hacer con un solo cliente. No cobrábamos porque el juez de la quiebra Gerardo Santicchia retenía los cheques. Nuestras compañeras, esposas, familiares y muchos amigos sostenían con mucho esfuerzo un fondo de lucha para bancarnos. Era indignante que dejaran un cartel con un 0800 para comunicarnos que cerraban las puertas y dejaban 400 familias en la calle.
La decisión de entrar a la planta se tomó en una asamblea en la puerta, también con los miedos, sobre lo que iba a pasar. Pero con la firmeza de haber aprendido que sin miedo no hay coraje, como dijo un trabajador desde el puente grúa en el conflicto de la autopartista Gestamp.
¿Cómo es la situación hoy a nivel productivo y también humano en la planta?
De todas formas fuimos creciendo en los títulos y folleterías que imprimimos. Si bien nuestro salario dista mucho de llegar a la canasta familiar, nos ha permitido lograr una relativa estabilidad. Nuestra capacidad en maquinaria es muy buena pero nuestro mayor capital es humano ya que aquí hay trabajadores comprometidos con la producción con muchos años en el oficio. Aquí las decisiones se toman en asamblea, tanto las políticas como las productivas.
Estamos aprendiendo a confrontar las ideas y diferencias que surgen evitando dañar la necesaria unidad para mantener nuestra lucha.
Si bien tienen diferencias con el movimiento de fábricas recuperadas hicieron un frente común para luchar contra el tarifazo, ¿es así?
De todas formas nosotros nos movilizamos rápidamente junto a trabajadores de otras recuperadas y finalmente el fallo judicial suspendió los aumentos.
En cuanto a las fábricas recuperadas creo que la mayoría surgieron con la crisis del 2001 y demostraron que se puede producir sin patrones, pero también es verdad que el mercado es despiadado y te impone un mecanismo perverso de autoexplotación. El debate con los movimientos de recuperadas es que nosotros sostenemos que el Estado debe hacerse cargo expropiando sin pago las empresas recuperadas para estatizarlas dejando el control de la producción en manos de los propios trabajadores.
Este debate sin embargo no impide que podamos trabajar en común como fue el caso de la lucha contra los tarifazos. En ese sentido creemos importante poner en la agenda nacional la necesidad de que el Estado otorgue trabajo en forma privilegiada a estas empresas.
Nosotros, por ejemplo, tenemos la capacidad de producir libros, manuales, cuadernos y todo lo necesario para la educación de la población. El Estado consume mas del 70 % del papel impreso en el país. Es una decisión política distribuir esa producción entre las más de 30 cooperativas gráficas.
¿Cómo piensan reflotar el proyecto de expropiación?
Nuevamente, tiene que ver con una decisión política ya que el proyecto anterior fue votado por unanimidad en la Cámara de Diputados provincial pero el Senado se negó a tratarlo durante más de un año y terminó perdiendo el estado parlamentario obligándonos a empezar de nuevo.
Pero aún si lográramos una votación favorable es probable que después (la gobernadora María Eugenia) Vidal termine vetándola, como viene sucediendo con varias expropiaciones en la provincia. Esto es muy antidemocrático ya que una persona decide por sobre cientos de diputados y senadores con la excusa de que el Estado provincial no tiene dinero para realizar las expropiaciones.
Nos parece injusto que se pretenda indemnizar a gente que vació las empresas y las llevó a la quiebra, o como en nuestro caso inventó quiebras que son un verdadero fraude. El "sinceramiento" del que habla el gobierno se trata de sacarle a los que menos tienen para acrecentar las ganancias de los poderosos, desde que asumieron les entregaron las retenciones al campo y la industria con decretos y de la misma forma impusieron el aumento de tarifas.
¿Lograron establecer lazos con la sociedad y con otras agrupaciones?
Creo que todo eso de alguna manera vuelve en el apoyo que nos dan las distintas organizaciones y la comunidad en general.
¿Su referencia es la experiencia de Zanon en Neuquén?
Los compañeros de Zanon, que se acercaron a traernos su apoyo y toda su experiencia, cuando tuvieron necesidades productivas incorporaron a decenas de desocupados que habían rodeado la fábrica ante los intentos de desalojo. En nuestro caso incorporamos a nuestras esposas y familiares que lucharon codo a codo con nosotros, que no solo trabajan sino que robandole horas al sueño pusieron en pie una juegoteca para que nuestros hijos puedan tener un lugar agradable mientras trabajamos. Ellas son una gran orgullo en esta lucha.
Volviendo a la ex Zanon, hoy FaSinPat, ellos donaron cerámicos a hospitales y escuelas, nosotros donamos cuadernos pero en ambos casos mostramos que las fábricas deben ser del pueblo.
¿Qué preparan para este segundo aniversario?
Vamos a mostrar el gran apoyo que tiene nuestra justa causa con miles de jóvenes en un recital en el que, al igual que en los que realizan los trabajadores de Zanon, nos cuidaremos nosotros mismos y por eso lo denominamos Rock sin yuta.
Entrevista publicada originalmente en Ojos Vendados, página web de la autora