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Red Internacional
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FALLECIÓ MARCOS ANA. Marcos Ana, poeta de trinchera

Ha fallecido el incansable luchador Marcos Ana, poeta. Un merecido recuerdo.

 Juan Romero

Juan Romero Madrid | @jromelasco

Viernes 25 de noviembre de 2016

“Ni un muerto, ni mil muertos, ni todos los muertos del mundo me pueden devolver a mí estos trozos de mi vida que yo he dejado en los patios y en las celdas de las cárceles. Lo único que me podría recompensar un poco la vida es ver triunfantes los ideales por los cuales yo he luchado, por los cuales ha luchado toda una generación.”

Se nos va un militante, Marcos Ana, que pasó 23 años en las cárceles franquistas, pero nos ha dejado su heroica lucha que no fue sino un poema andante que hablaba de la soledad, de la vida en prisión, del aislamiento, de la represión.

Su nombre real era Fernando Macarro. Nacido en enero de 1920 en Alconada (provincia de Salamanca), en el seno de una familia de origen humilde, con 15 años se había afiliado, como las 13 rosas, a las Juventudes Socialistas Unificadas. Quiso ir al frente, pero le mandaron de vuelta a casa por no tener la edad suficiente. Y por fin se alistó en el bando republicano cuando estalló la Guerra Civil, después de tener que recoger el cadáver de su padre de entre los escombros de una casa destruida por la contienda.

Durante la batalla se afilió al Partido Comunista. En 1939 fue detenido en Alicante por el bando franquista y condenado a muerte Le acusaban de tres asesinatos en Alcalá de Henares por los que ya habían sido fusilados otros presos. En prisión se acostó muchas noches pensando que no llegaría a ver el día siguiente porque el Régimen había cometido la ridiculez de condenarle no a una, sino a dos penas de muerte. Finalmente, él le conmutaron la pena.

“Mi vida
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio.
Y un trocito de cielo por donde a veces pasan
una nube perdida y algún pájaro
huyendo de sus alas…”

De esos 23 años encarcelado, pasó los últimos 16 en la prisión de Burgos, de la que salió en 1962. Entró con 19 años y salió 23 años después y como él decía: ¿cómo empezar a vivir con 42 años? Solía descontarse esos 23 años que sufrió las prisiones. Cada cumpleaños hacía esa diferencia: “Tengo 96 años de edad y 73 de vida”. Habría dicho ayer:

"Yo no pido clemencia. Yo no pido
con un hilo de voz descolorida
perdón para la vida que me deben…."

Sin embargo, lejos de darse por vencido, en la prisión inició su formación autodidacta, y en la cárcel se aficionó a los clásicos como Lope, Quevedo, para pasar después a los versos de Federico, asesinado en la guerra por el fascismo y de Miguel Hernández preso como él, que acabaría muriendo tras las rejas.
Empezó a escribir sus primeros poemas bajo el pseudónimo formado con los nombres de sus padres: Marcos Ana. En ellos, este militante comunista animaba a combatir la dictadura a través de la palabra y le sirvieron para labrarse una fama como símbolo de la cultura y de compromiso.

“Si salgo un día a la vida, mi casa no tendrá llaves…”

En el año 1962 una campaña por su libertad consiguió un decreto para liberar a aquellos presos que llevaran más de 20 años ininterrumpidos en prisión. Él era el único que cumplía los requisitos.

Tras su liberación, huyó a Francia y no regresó a España hasta la aprobación de la amnistía de 1976. Al salir de prisión sus ojos, tan hechos ya a las distancias cortas, no enfocaban bien, tuvo que acostumbrarse a los nuevos horizontes que se abrían desde sus 42 años. Le costó un poco adaptarse, pues como él decía todo le daba mareos y vómitos. Una especie de catarsis de cambio y transformaciones que se plasmaron en sus nuevos poemas. Fue combatiente activo en defensa de la República, comisario político de la 44 Brigada Mixta y muy conocido por su papel en la solidaridad internacional con los presos durante el franquismo, dirigió desde París el Centro de Información y Solidaridad (CISE) con Pablo Picasso de Presidente de Honor.

Más allá de las profundas diferencias políticas que tenemos con el Partido Comunista del que fue parte, por su papel y estrategia en la Guerra Civil y posteriormente en la Transición, este poeta y militante merece nuestro recuerdo.

Recordadmos también unas palabras que dijo en una entrevista en La Tuerka, en 2014, sobre la Transición:

"La memoria que tenemos es una menomoria incompleta y sesgada. Pasa aca mismo con la Transición... la transición no cambió nada en España. Y se llama transición, pero no se transitó nada, ¿no? No hubo Revolución de los claveles ni ninguna otra cosa. Seguimos igual, ¿no? Y no cambió nada, fue un poco la legalización de la impunidad. De la impunidad de ellos."

Recorrió medio mundo contando su historia, la historia de las represiones dictatoriales, la historia de la crueldad y con sus poemas, que son a la vez cantos de denuncia y de libertad, intentó que despertáramos, que lucháramos, como él siempre hizo, hasta el último día, contra las desigualdades y la opresión, pero sin perder la capacidad de transformarnos, de ser felices y descubrir la poesía aún en las trincheras. ¡Al final saliste victorioso, Marcos Ana!