Mariano Bergero es redactor de la sección Política del diario La Voz del Interior.
Martes 18 de julio de 2017
¿Cómo ves la relación entre Macri y el gobernador Schiaretti?
Macri y Schiaretti tienen una muy buena relación, no sólo institucional sino que personal también de muchos años. Se conocen desde que los dos estaban vinculados al sector automotriz. Es decir que poseen una relación aceitada desde hace mucho tiempo. Pero además comparten una visión ideológica, a grandes trazos, sobre cómo debe administrarse el Estado y en ese marco, la participación de lo público y lo privado.
Existe también una diferencia de fondo ya que el gobierno de Schiaretti tiene un sesgo que reivindica, en un punto, lo que fueron los hechos de los años 70 y la lucha por los Derechos Humanos. Como sabemos, el macrismo está lejos de esta visión. Es más, no es uno de los pilares de la política de Macri.
Yo no creo que Macri haya actuado de manera premeditada en su último viaje. Allí tocó algunos puntos que son muy sensibles para el gobierno de Córdoba, como es la reducción de impuestos. El “costo Córdoba” se metió en la campaña. Y esto es algo que le vienen reclamando al gobernador, no sólo la oposición sino las diferente Cámaras empresarias y del establishment de la política cordobesa. Entonces, que Macri haya tocado ese tema justo “en su casa”, con el precandidato de Cambiemos sentado al lado, obliga a Schiaretti a salir a desmarcarse. Pero este hecho no rompe la relación ni mucho menos.
La estrategia de Unión por Córdoba es diferenciarse de algunas políticas nacionales sin romper ese delgado equilibrio actual, pero es bastante complicado que la gente pueda creerle. Hay que ver si después de octubre, en función de los resultados electorales, cómo continúa la relación: si con profundización de las diferencias o como un hecho anecdótico de campaña.
¿Y la relación de Macri con Córdoba?
Yo veo a Macri volviendo a Córdoba antes de las PASO. La estrategia de Cambiemos es nacionalizar la elección, mientras que la de Unión por Córdoba es provincializarla. Llaryora, por estos días no se cansa de preguntarse: “qué tenemos que estar discutiendo los cordobeses si Cristina sí, o si Cristina no. Los cordobeses no se van a encontrar con la boleta de Cristina”. Está claro que va por el lado de defender los intereses de Córdoba y desnacionalizar la campaña. A su vez, como el macrismo no tiene mucho para mostrar desde el punto de vista económico y los logros en el bolsillo de la gente, obviamente va a querer poner al Presidente al lado de todo lo que sea amarillo.
En un marco general donde todavía la economía no arranca y donde las noticias de los últimos días muestran despidos, son una contracara muy fuerte a cualquier discurso que tenga que ver con la reactivación económica cuando se ve que están echando laburantes. La receta de “enfrentar el pasado con el presente” que llevó a Cambiemos al triunfo en 2015, va a ser la que intenten repetir ahora.
¿A quién le hace más falta ganar?
Tanto Cambiemos como Unión por Córdoba necesitan ganar. Hoy por hoy es mucho de olfato, ya que las encuestas no son nada fiables, pero todos hablan de una elección muy pareja en torno de los 3 puntos más menos para un lado o para el otro.
Yo creo que Macri pierde más si finalmente sale derrotado en Córdoba. Aunque esto va a estar vinculado a cómo le vaya a Cristina en Buenos Aires. Es decir, si Cristina pierde en Buenos Aires y Macri pierde acá en Córdoba, el resultado, en cuanto a costos será inocuo. En cambio, si Macri pierde acá y en provincia de Buenos Aires, va a ser muy difícil.
En esta elección, Macri arriesga mucho más que Schiaretti. Si el PJ pierde en Córdoba y Cambiemos gana en Buenos Aires, se abrirá un proceso más complejo donde el desafío para el oficialismo cordobés será cómo mantener el poder en la Provincia de cara al 2019.
Macri va a venir por lo menos dos veces más a Córdoba. Sus visitas, como la de la semana pasada, no tienen que ver con grandes actos ni movilizaciones. A la de Cambiemos yo la denomino una campaña para el celular o campaña móvil, y consiste en generar un hecho que pueda ser replicado a través del impresionante aparato comunicacional que tiene Durán Barba en las redes sociales. Es un rubro que manejan muy bien. Ellos saben que Baldassi no tiene un discurso político fuerte y sólo se limita a repetir el parlamento de los valores y las banderas de Cambiemos. Hay que decir que, aunque estén alejadas de lo que conocemos como política tradicional, le han dado mucho rédito en 2015.
¿Por eso Llaryora propone un debate?
Saben que en lo discursivo, Llaryora tiene mucho más para ganar que para perder frente a Baldassi. Llaryora tiene mucha más experiencia, basada en su gestión, tanto como intendente de San Francisco como de vicegobernador, por esto, a priori, estaría en mejores condiciones. En el comando de campaña de Cambiemos dicen que, con ciertas reglas, ellos no tendrían inconvenientes en debatir. Hay que recordar que Cambiemos trabaja muy bien el coacheo.
¿El PJ va por la intendencia en el 2019?
Una forma que Unión por Córdoba encontró para mantenerse fue dividirse, por así decirlo, el poder con la UCR. Unos en la Provincia y los otros en la Ciudad. Por ejemplo, el PJ sabía que en 2015 no tenía una posibilidad real de ganar la Ciudad. Entonces lo que hizo fue sumar la mayor cantidad de listas para así ayudar a que Mestre gane. También comenzaba a crecer la figura de Méndez, un outsider de la política que pareció “amenazar” el statu quo generando miedo. Entonces prefirieron un rival conocido que alguien que no se sabe qué va a hacer. Ya tuvo Unión por Córdoba su gran dolor de cabeza que fue Luis Juez en 2007, con lo cual no están dispuestos a correr ese riesgo.
Para gobernar la Ciudad, en 2019 se plantea un escenario muy distinto ya que Mestre no puede presentarse, con lo cual se va a abrir una disputa dentro del radicalismo, pero también con algunos dirigentes de PRO que se están anotando. Si vemos cómo fueron las últimas elecciones de candidatura, todo terminó resolviéndose en Buenos Aires. Ya la UCR no tiene el peso para poder decidir cuál es el candidato. A esto hay que sumarle que el propio Mestre todavía no ha designado un sucesor, más que todo porque necesita primero mostrar logros de su propia gestión.
Para el PJ, la capital siempre ha sido un bastión complicado, porque su poder está en el interior, con más de 260 intendentes y jefes comunales. Me parece que también hay una estrategia del mismo peronismo de evitar que en capital crezca un dirigente con esa capacidad. El ejemplo es Olga Riutort, a quien nunca dejaron participar de la estructura partidaria porque, en caso de ganar, iba a querer seguir creciendo.
¿Cómo ves al kirchnerismo?
El proceso de selección del candidato del kirchnerismo en Córdoba no fue fácil. Antes que se definiera, las versiones más fuertes eran que el que encabezaba iba a ser Eduardo Accastello, aunque no tenía el apoyo de todos los sectores. Hubo un hecho que fue determinante para que Accastello no fuera candidato, y es que se conoció que en la semana previa al cierre de listas, el villamariense estuvo reunido en Casa Rosada. Esto cayó muy mal al interior del espacio K y terminó siendo Pablo Carro el candidato.
Carro es un dirigente muy desconocido para los electores cordobeses. La boleta K es una boleta de muy buenas intenciones pero sus integrantes son muy desconocidos. Hay mucha diferencia, en cuanto al nivel de conocimiento, con la lista que encabezo en 2013 la ex Rectora Carolina Scotto y que, como se sabe, fue la que conquistó la mejor elección del kirchnerismo en la provincia. Hay que aclarar que, en aquella oportunidad, Cristina venía de sacar el 54% de los votos. Estaban en pleno ascenso. De todas maneras, lo más seguro es que superen las PASO, pero habrá que ver cuántos de esos votos quedan para octubre.
Fresneda prefirió no participar por cuestiones más de tipo personal, más allá de que hay algunas encuestas que le daban un imagen favorable. Hasta último momento se lo mencionó como una posibilidad. El pensaba en un frente mucho más amplio que no terminó cerrando e incluso tenía la aspiración de sumar, no solo a las tribus K, sino a sectores de la centroizquierda. Eso no termino cuajando y él como presidente del bloque accastellista sabía que Accastello no era bien querido por todas tribus K. Córdoba es muy particular, hay un rechazo muy fuerte a la figura de Cristina y ningún dirigente, que no haya estado vinculado a Cristina en los buenos años, quiere quedar pegado ahora porque sabe que a Cristina no le va a ir bien en Córdoba, no va a ser una buena elección y quedaría pegado a un mal resultado o a la figura de Cristina y ha sacado la conclusión de que es mejor no presentarse.
¿Cómo creés que se van a repartir las nueve bancas?
Hasta el 13 de agosto no vamos a saber realmente si hay alguna fuerza, que no sea una de las dos mayoritarias, con posibilidad de acceso a una banca. Si uno habla con los jefes de campaña de Unión por Córdoba y de Cambiemos, ellos creen que hay posibilidades de que el FIT gane una banca. Igual, habrá que ver cuál es el proceso que se da desde ahora hasta las elecciones de octubre.
Macri va a querer nacionalizar absolutamente la campaña y ahí habrá que ver cómo responde el electorado para ver qué porciones de votos se mudan. No creo que la izquierda sea una fuente de donde vayan a sacar muchos votos los partidos mayoritarios. El electorado de izquierda es un electorado que prefiere otras alternativas. Lo que hay que ver es cómo funcionan las fuerzas progresistas y de centroizquierda, hay que ver como se distribuyen esos votos. Luego en octubre hay que ver que traslación de votos hay, teniendo en cuenta que va a haber una campaña muy fuerte de polarización.
¿Cómo ves al Frente de Izquierda?
La figura de Liliana en Córdoba es muy fuerte, sobre todo en la capital. No hay ninguna duda sobre eso, el antecedente del 2013 es muy importante. Me da la sensación de que uno de los problemas que tiene el FIT es el hecho de no poder garantizar la fiscalización en todo el territorio. Estamos hablando de muy pocos votos, de un cociente que a lo mejor por 200 votos te lo perdiste y si no fiscalizaste, en el interior profundo los dos partidos tradicionales, UCR y PJ, son implacables. En eso soy crítico, no he visto una preocupación contundente a lo importante que son esos pocos votos que se pueden perder en el interior. Es muy difícil llegar a fiscalizar todas las mesas, le pasó al FPV en el 2015 y hubo muchas dudas sobre votos. Esa es una deuda que tiene el FIT, trabajar más todo el aparato de la Córdoba profunda. Si ese día no pudiste controlarlo, esa diferencia muy pequeña como la que le faltó a Liliana en el 2013, difícilmente logres recuperarla en el escritorio.
Liliana es una figura indiscutida, sin embargo tengo el interrogante de cómo va a ser el impacto en la ciudadanía del rol que jugó la izquierda en el conflicto de la UTA. Hay que ver si tiene algún impacto, ya que también de algún modo dirigentes de las fuerzas mayoritarias trataron de instalar al FIT como uno de los que acicateó el conflicto que terminó con el despido de los trabajadores.
A grandes rasgos da la sensación de que la elección va a ser muy pareja y que podría estar la posibilidad de una tercer fuerza y no creo que haya otra opción que no sea la izquierda. En el 2013 se dividió distinto, eran tres UPC, dos radicales, uno del Pro y dos kirchneristas. Eso es muy improbable que sucede ahora, va a ser 4 UPC, 4 Cambiemos y 1 para alguien más. O 5, 4 pero para hacer 5 tenés que hacer una muy buena elección, sacar más de 40 puntos y eso es muy difícil. Tal vez en el hipotético escenario de que Macri gane en Córdoba, gane a nivel nacional y acelere fuerte para polarizar y le robe algunos puntos a UPC y al resto de las fuerzas.
El PTS en el FIT propone reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días, con un salario mínimo que cubra la canasta básica familiar: ¿Qué te parece la propuesta?
Todas las propuestas son viables, obviamente es una propuesta disruptiva que pega de lleno al corazón de la economía capitalista. Para los trabajadores es una propuesta muy sentida.
No sé hasta cuanto la gente percibe que son anhelos justos pero que son de difícil concreción y e da la sensación de que eso de un modo atenta a captar a votantes, que el votante vote por descarte. El voto de la izquierda muchas veces es el voto de gente que no comparte todo lo que dice la izquierda pero como está asqueada de la mayoría dice: no voto al oficialismo ni a la oposición oficial, entonces la izquierda es siempre un reducto para ese voto.
Vos cubrís mucho lo que pasa en la Legislatura: ¿Qué opinas de la intervención del FIT y del PTS?
La de Laura Vilches es una banca fuerte que siempre tiene algo para decir, ha crecido mucho. Es difícil tener una banca sola en la legislatura. Yo noto mucho esta cuestión de la falta de reconocimiento de las otras fuerzas, pasa mucho que cuando Laura habla empieza el murmullo. Me parece que también es una cuestión misógina, además de que Laura es antisistema. El hecho de que haya sido ella la que mostró el recibo de sueldo, es como decir “una de nosotros saco los pies del plato, nosotros no queremos que se sepa esto”, se armó un revuelo fuerte, porque para ellos es una filtración, no es lo mismo que una legisladora lo suba a twitter y diga “mirá, yo no quiero cobrar esto. Yo quiero cobrar lo que ganaba como docente o a lo mucho como gana una directora de escuela”. Eso no lo terminan de digerir y a la primera de cambio le hacen alguna.
¿Cómo es hacer periodismo en Córdoba?
Yo vengo de hacer política nacional en otro diario. Estoy hace tres años en La Voz con la política local, que es una sección fuerte del diario. Es un trabajo que es complejo porque tenemos relación con los poderes reales que manejan la provincia, y eso indefectiblemente te lleva a tener roces con todos los actores. Si nosotros hacemos bien nuestro trabajo, deberíamos tener muchos roces con políticos, funcionarios, integrantes de la justicia, del establishment económico. Porque nos nutrimos de todos ellos y de cómo es el sistema en el que se desenvuelven.
Es una tarea como cualquiera en donde uno trata de especializarse cada vez más. Yo siempre digo que la función nuestra no es hacer política, sino mostrar críticamente lo que hace la política. A veces lo logramos con mayor facilidad y a veces fracasamos en el intento.
Hay veces que los temas se imponen, y tenes que galopar sobre ellos durante semanas. Otras veces, y estas son los que más nos gustan, es cuando nosotros podemos imponer un tema porque descubrimos un tipo de acción que tiene implicancia en la sociedad y es bueno que la opinión pública lo sepa.
Es un trabajo que tiene muchas complicaciones todo el tiempo y que hay que estar preparado para lidiar con los actores de poder. Nuestro trabajo es mostrar las distintas voces que conforman la realidad.
¿Hay “grieta” en Córdoba?
Sí hay grieta, pero yo no creo que se haya inventado en estos últimos años. La grieta siempre estuvo. Siempre hubo sectores enfrentados con respecto a la forma de ver el país y la provincia. Lo que sí creo es que se exacerbó durante el último período es la división entre kirchneristas y antikirchneristas. Me parece que esto tiene que ver con una manera que encontró la política, en este caso Cambiemos, de apuntalar un discurso polarizado: o una cosa o la otra. Y yo pienso que hay muchos más matices. Considero que hay algunas políticas que se llevaron adelante durante los años del kirchnerismo que fueron importantes, y hay otras políticas que fueron desastrosas, ruinosas para el país, incluido el capítulo de la corrupción.
Yo creo personalmente que hay que separar las cosas. Ver lo que sucedió en el pasado, investigar para que lo que estuvo mal termine en la justicia rápidamente con condenados. Porque el que robó, el que defraudó al Estado tiene que estar preso. Pero por esta cuestión, no hay que dejar de ver los que sucede hoy en la realidad con algunas políticas, y sus implicancias, que lleva adelante el gobierno de Macri.
Creo que en tener la capacidad de ver las dos cosas, radica el rol que tenemos los periodistas. Yo estoy en contra del periodismo militante porque considero que el periodista no debe militar políticamente. Los periodistas no deben expresar y defender su ideología en lo que están trabajando. Si alguien quiere defender su ideología debe ir a un partido político. En mi trabajo yo soy crítico de todos, de macrismo y del kirchnerismo. De Unión por Córdoba, del radicalismo y de la izquierda también. Mi rol es ser crítico, y esto no implica estar en el medio, sino de darle al lector la mayor cantidad de herramientas para que pueda abordar un tema, desde las distintas ópticas, y que pueda sacar sus propias conclusiones. Salvo cuando es opinión, pero eso se establece al inicio de la nota.